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Ramón Guillermo Aveledo: Capriles

Al celebrarse las elecciones del 15 de octubre, el pueblo de Miranda elegirá un sucesor para Henrique Capriles Radonski. Culminará así una etapa muy importante en la vida de este líder político para comenzar otra con desafíos diferentes. Su carrera no termina, continúa. Es joven y puede mostrar un desempeño que lo avala. Digo, claro, en el supuesto de que esos comicios tengan lugar. Cualquiera teme que este Gobierno que tanto los ha estorbado e intentado desanimar a la ciudadanía, tenga en mente alguna otra trastada para diferirlos, por comprensible temor a sus predecibles resultados.

Capriles ha sido por decisión popular alcalde de Baruta, el primero reelecto en ese exigente municipio, y luego dos veces gobernador de su región, a la cual me consta que ama con todas sus fuerzas y por eso le ha servido con lealtad y entrega. Al gobernar, a nivel local y estadal, ha pasado la dura prueba que más de una promesa no ha podido superar. Gobernar es hacer, lograr. Para eso hay que conocer y comprender, pensar, planificar, administrar. También convencer a aliados y neutralizar adversarios, sortear obstáculos. Nunca es fácil y menos en lugares como Miranda, complejo, diverso y muy poblado. De Barlovento al Tuy, de los Altos Mirandinos a Guarenas y Guatire. Ni siquiera el Este metropolitano puede considerarse homogéneo, realidades distintas de Sucre a Chacao y de Baruta a El Hatillo, cada uno con su especificidad. Un país en pequeño.

Capriles ha superado la prueba con solvencia. Se le reconocen su dedicación de trabajador incansable, su visión de Estado y su liderazgo que reconoce las prioridades para producir cambios críticos hacia el progreso y la vida mejor. La magnitud y la calidad de su esfuerzo en educación es la mejor evidencia de su compromiso con un desarrollo de signo humanista porque quiere ser para todos por igual.

Ya no ejercerá Capriles cargo público, hasta que el pueblo y el destino le deparen otro, pero esperamos de él un liderazgo cada vez más nacional, que sepa hacer la política que Venezuela necesita. Se me ocurre que la idea clave de su nuevo capítulo vital es capacidad de entendimiento. Entender esta Venezuela angustiada y con ganas de esperanza. Entender su papel. Hacerse entender. Y ayudar al entendimiento en la pluralidad unitaria, nuestro gran activo.

Lo he visto madurar y aprender, crecerse ante las dificultades. Va con las manos y el corazón limpios. Por eso no me despido de él. Le doy la bienvenida a nuevos retos.

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