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Néstor Francia / Análisis de Entorno: Escenario electoral (IV) (05-10-2017)

Hoy nos corresponde abordar el aspecto cualitativo de lo comunicacional-mediático en el escenario y su probable incidencia en el cuadro resultante del evento electoral del 15 de octubre próximo, a escasos 10 días de  esa fecha. Digamos, en primer lugar, que cuando hablamos de lo “comunicacional-mediático” es porque los medios no son sino una instancia apenas parcial del todo que es la comunicación, en el que confluyen muchos otros factores. Casi todo, en el mundo contemporáneo, es comunicacional: medidas políticas y económicas, desplazamientos de los liderazgos, actitudes de los mismos, tono y mensajes de voceros, sucesos noticiosos per se, decisiones, acciones y reacciones políticas, etc.

Ayer abordamos sobre todo el aspecto cuantitativo de lo mediático y decíamos que “la contrarrevolución ha mostrado una buena capacidad para establecer y difundir matrices que le son favorables, lo cual va a jugar algún papel en las elecciones regionales, aunque no podemos saber hasta qué punto, porque la realidad no es solo mediática, aunque a veces así lo parezca”. A decir verdad,  a menudo las matrices mediáticas suelen aprovecharse de debilidades de comunicación del factor afectado por tales matrices. El poder comunicacional-mediático del imperialismo es tan avasallante, que resulta difícil esquivar sus maniobras y manipulaciones. Solo pueden detenerlo estrategias y acciones comunicacionales de alto calibre, y el apoyo masivo y activo del pueblo. Los medios que están en nuestras manos pueden ayudar, pero solo si se cumplen las dos condiciones señaladas. Sin ellas, nuestros medios están al descampado en medio de un terreno minado y dominado por el enemigo, y no tendríamos ninguna posibilidad de victoria. Recordemos que la batalla comunicacional contemporánea tiene un componente internacional determinante y que el mismo es uno de los principales apoyos y referencias del enemigo interno.

Dicho esto, tratemos de discernir nuestra situación en cuanto a políticas  comunicacionales y a respaldo popular.           Las políticas comunicacionales de la Revolución han sido desde un principio un dolor de cabeza para el chavismo. Chávez vivía quejándose de las fallas y Maduro no deja de hacerlo. Aunque no podemos hablar solo de fallas porque ha habido también grandes aciertos que nos han ayudado a superar enormes escollos. No obstante, esto último no puede condonar nuestras falencias y es nuestro deber abordarlas.

Sería muy injusto responsabilizar de las fallas solo a los ministros del área o a los comunicadores, pero estos tienen también sus responsabilidades. Una de las principales es la excesiva complacencia o acriticismo frente al poder. Los comunicadores hemos debido ser más consecuentes con nosotros mismos y plantarnos frente a tantos sabihondos en el alto Gobierno que se creen expertos en un área tan difícil como la nuestra, y pretenden dictar cátedra, y dar órdenes, como si fueran profesionales o conocedores de la Comunicación. Hay algo que nos gusta decir: si operamos quirúrgicamente a alguien probablemente se muera, porque no somos médicos. Si construimos una casa lo más probable es que se el techo les venga encima a sus habitantes, porque no somos ingenieros ¿por qué entonces todo el mundo se cree ducho en Comunicación? ¿Cuántos de los errores que hemos cometido en nuestra comunicación no son consecuencia de la prepotencia del poder político? No solo por querer ponerse a menudo por encima de sus reales capacidades, sino además por su incapacidad para escucharnos o tan siquiera consultarnos. Pero si los comunicadores les dejamos hacer, tenemos poco derecho a quejarnos.

La inacción, el conformismo y en algunos casos la obsecuencia de los comunicadores han ayudado a llevarnos a la situación actual, en la que la comunicación revolucionaria se muestra en muchos casos incapaz de urdir estrategias coherentes para enfrentar las manipulaciones del enemigo.

En la etapa preelectoral actual acaso ha cambiado poco el escenario en ese sentido. Tal como en las semanas previas a las parlamentarias de 2015, el enemigo está dividido aunque aparente unidad, carece de propuestas, no concita la confianza ni de sus seguidores. Pero igualmente, tal como entonces, abreva en las dificultades que ellos mismos crean, promueven y profundizan, y se alimenta de los estragos del descontento popular. En esa intención y una vez más, blanden un blanco único y cercano para concentrar su ataque: el presidente Maduro, y llaman a derrotar a los “candidatos de Maduro”. Así animan a su base social a votar utilizando el chantaje y asustando con el coco: si no votas, seguirá Maduro y todo lo que él significa. Lo hacen con intensidad y concentración, concitando a lo que se ha hecho ya una tradición de la derecha, que es la de fomentar el voto reactivo, no propositivo, negativo: no es que votes por mí, es que votes contra ellos ¿Les dará resultado esta vez, cuando vienen de dolorosas derrotas de su gente? ¿Responderá una vez más el muy duro voto antichavista? Y, más importante aun, ¿seremos capaces nosotros de derrotar esa estrategia con nuestra propia comunicación? Eso está por verse.

En cuanto al chavismo, está tratando de afirmar sus campañas en la esperanza y la garantía de la paz. Eso se corresponde con los deseos de la mayoría ¿Será suficiente con esto o sucumbiremos de nuevo al malestar social que provocan la brutal inflación y la especulación desbordada? ¿Nos hundiremos en el mar de los apagones y de las fallas en otros servicios esenciales, en mucho provocado por saboteadores e infiltrados? ¿Está la Constituyente respondiendo a la confianza y a las expectativas que en ella cifró el pueblo, o no? ¿Cuál será el efecto de nuestro discurso machacón y aleatorio, no basado en el estudio de la realidad sino en la intuición y la elucubración? ¿Acaso nos estamos explicando de manera que el pueblo aprenda, comprenda y atienda a nuestro llamado justo pero no necesariamente potable para las mayorías? Son interrogantes que, tal como están las cosas, pareciera que solo obtendrán respuesta en horas del 16 de octubre. Ojalá que tales respuestas nos sean propicias. Además faltan diez días y todavía puede haber sorpresas, tanto del otro lado como del nuestro.

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