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“En 2045 los haré a todos inmortales”: El asombroso plan de un millonario para conseguir la vida eterna

 

Año 2045, esa es la fecha que se ha puesto un tipo, ruso, con mucho dinero para lograr lo más parecido a la inmortalidad, en este caso fundidos cuerpo humano y tecnología en una sola unidad. Si el empresario ruso Dmitry Itskov está en lo cierto, en 28 años podremos soñar con una vida eterna en forma de avatares.

Woody Allen decía hace unos años que no quería alcanzar la inmortalidad a través de su obra, sino simplemente no muriendo y Dostoievski decía que sólo hay una idea superior en la tierra, y esa es la inmortalidad del alma humana. Desde hace mucho tiempo, el hombre ha soñado siempre con esquivar a la muerte.

Hay quienes dudan que vaya a traer algo bueno. En primer lugar, si la inmortalidad sólo alcanza a unos pocos, a unos privilegiados, incluso ellos la van a disfrutar en “soledad”. Schopenhauer, por seguir con las citas, sentenciaba que sería una catástrofe, ya que sería la manera de querer perpetuar un error hasta el infinito, nuestra propia existencia.

Sea como fuere, hace ya seis años que Dmitry Itskov (entonces con 32 años), decidió que con el dinero que tenía en ese momento (había hecho una fortuna en Internet) iba a invertir en alargar sus días sobre la Tierra. No lo haría pensando en alguna cifra en especial, solamente en que las constantes de su cuerpo jamás se detuvieran. Pensó en la inmortalidad.

Itskov construyó un pequeño imperio en Rusia, y al igual que muchas personas que se vuelven extremadamente ricas de forma rápida, pensó que la mejor manera de invertir parte de lo que tenía era en esfuerzos innovadores orientados hacia el futuro. Sin embargo, su idea siempre fue más ambiciosa que la mayoría: la extensión radical de la vida en la Tierra.

El proyecto

Todo comenzó en el 2011 cuando fundó la Iniciativa 2045, fecha elegida porque para ese año se ha propuesto completar el objetivo final del proyecto: superar a la propia mortalidad. Su “avatar” está dividido en un proceso de cuatro etapas, comenzando con el desarrollo de androides dirigidos por una interfaz cerebro-computadora-robots controlados por la mente. Esto culminaría en un modelo informático del cerebro y la conciencia de una persona, que a su vez podría cargarse (o subirse) en una máquina para la posteridad. ¿Fácil, no? Problema de la eternidad resuelto.

Obviamente, a 28 años de la meta, sigue sonando a ciencia ficción, quizás un poco menos que en el 2011, pero cuesta pensar que para entonces habrá logrado el objetivo de transferir las personalidades individuales de las personas, nuestra “conciencia” interior, a unos avatares para lograr la inmortalidad cibernética.

El registro de la vida y el registro de la muerte, como experiencia simulada, plantean el problema teórico de los límites de la simulación. Este problema es crucial en el desarrollo actual de la IA y la automatización de los organismos vivos. Básicamente, hablamos de lo que los humanos conocemos como la experiencia.

¿Podemos simular la experiencia? ¿Podemos replicarla? La propia pregunta nos obliga a determinar qué significa “experiencia”. La etimología del término es útil: ex-perire tiene un origen latino, que implica morir, como vemos en el uso eufemístico de “expiración” para significar la muerte. Per-ire en latín significa “ir más allá”, “morir”. La palabra “experiencia”, entonces, se refiere al proceso que conduce a los organismos vivos a la muerte. El tiempo, la decadencia, el agotamiento y finalmente la extinción, están indisolublemente ligados al concepto de experiencia.

El registro de la vida y el registro de la muerte, como experiencia simulada, plantean el problema teórico de los límites de la simulación. Este problema es crucial en el desarrollo actual de la IA y la automatización de los organismos vivos
Por eso, desde un punto de vista filosófico, la inteligencia artificial, al simular la actividad humana y reemplazar al organismo vivo en muchos dominios sociales, es posible que no pueda acceder a la dimensión de la experiencia existencial.

La conciencia individual de la duración, del tiempo y la extinción no puede ser simulada ni reemplazada por ninguna máquina inteligente, al menos por ahora. La conciencia sólo existe en la dimensión del tiempo, y el tiempo sólo es perceptible en el contexto de estar destinado a la muerte.

Por eso la idea de Itskov resulta rompedora: el hombre trata de hacer accesible la eternidad almacenando y descargando datos, tan simple como complicado.

Fases del proyecto Avatar

El cuerpo humanoide que trata de levantar el proyecto (el avatar) es la base de la extensión de vida final. En el lado biológico, se desarrollará un sistema de soporte vital para alojar un cerebro humano dentro del avatar y mantenerlo vivo y funcional.

Una fase posterior del proyecto investigará la creación de un cerebro artificial en el cual la conciencia individual original puede ser transferida. El avatar constará de cuatro fases:

Avatar A: Una copia robótica de un cuerpo humano capaz de interpretar comandos directamente de la mente y de enviar la información de vuelta de forma que pueda ser interpretada a través de la interfaz cerebro-computadora. Se estima que se podrá conseguir en el 2020.

Avatar B: Un avatar en el que se trasplanta un cerebro humano al final de la vida. El Avatar B tendría un sistema autónomo que proporciona soporte de vida para el cerebro y le permite interactuar con el entorno, posiblemente montado en un Avatar A existente. La fecha límite de esta fase es el año 2025.

Avatar C: Un avatar con un cerebro artificial al que se le transfiere una personalidad humana para su emulación al final de la vida. El primer intento exitoso de subir la personalidad a una IA se estima que ocurra alrededor del año 2035.

Avatar D: Un avatar de tipo holograma. Este es el objetivo final del proyecto, pero es opcional, ya que, suponiendo que la subida de datos sea involuntaria o que todos los seres humanos decidan hacerlo, las enfermedades biológicas deberán prevenirse en la fase anterior, y eso ahora mismo está muy lejos del logro tecnológico y de nuestra comprensión física a corto-medio plazo.

Desde luego, sólo con esta parte ya tenemos para una buena película de ciencia ficción. Sin embargo, hasta ahora no hemos hablado de cómo demonios lo van a conseguir. Esto es todo lo que se sabe dentro del secretismo del proyecto.

Posibilidades reales de una vida cibernética

Para alcanzar lo que el ruso llama como “inmortalidad cibernética” y transformar el “mega-proyecto científico” en una realidad, la Iniciativa 2045 se está financiando en varios laboratorios alrededor del mundo; Itskov por su parte está invirtiendo su propio dinero y obteniendo capital externo. También está creando apoyo entre entidades que van desde grandes universidades hasta muchas de las corporaciones más poderosas (incluso el apoyo popular de figuras “relevantes” como el Dalai Lama).

Incluso si Itskov no alcanza su objetivo final de la extensión radical de la vida a través de sus avatares, la cantidad de atención que ha estado atrayendo estos años y el dinero que se está invirtiendo en la investigación neurotech probablemente den algún fruto en forma de descubrimiento o avance científico.

Itskov no es el único involucrado. Uno de los grandes cerebros de la Iniciativa 2045 es el propio Ray Kurzweil, el famoso científico e inventor que popularizó el concepto de la singularidad. Además, Kurzweil, junto con el profesor de ciencias de la computación de la Universidad de Stanford, Andrew Ng, trabaja con Google para desarrollar un sistema de inteligencia artificial, Google Brain.

El proyecto se basa en el campo de investigación de Ng, conocido como deep-learning, que combina la informática y la ingeniería para construir máquinas que procesan datos de manera similar al funcionamiento del cerebro humano.

Lo que hace Google no es muy distinto de otros proyectos donde están inmersos Microsoft, Apple o IBM, todas investigando y apostando de una manera u otra en el deep-learning.

Incluso Stanford comunicó hace unos años que muchos de sus bioingenieros están dando grandes pasos hacia la ingeniería inversa del cerebro a través de tecnologías neuromórficas (sistemas de chips que imitan el cerebro humano, como si fueran neuronas reales).

De hecho, el profesor Kwabena Boahen, bioingenieron en la universidad de Stanford, asegura que la predicción que maneja dicha universidad es la de tener listos en unos años robots completamente autónomos que interactúen con sus entornos de manera significativa y operen en tiempo real mientras sus cerebros consumen tanta electricidad como un teléfono móvil.

Así, y aunque de momento entra en el terreno de la ciencia ficción (probablemente en 2045 también) el sueño de Dmitry Itskov sigue siendo técnicamente posible. En cualquier caso, hagan números y piensen donde podrían estar entonces, es posible que en 28 años a alguno no le interese lo más mínimo la inmortalidad.

Fuente: gizmodo

 

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