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Néstor Francia / Análisis de Entorno: Escenario electoral (y V) (06-10-2017)

Hoy hacemos la quinta y última entrega de esta serie de Análisis que iniciamos el lunes sobre unas elecciones que hemos definido como muy difíciles para los pronósticos de resultados. Una de las dificultades que se nos antoja como insalvable para nosotros es la de las especificidades regionales.  No hay duda de que la situación nacional jugará un importante papel el 15 de octubre, así como la internacional. En este último sentido, la incrementada agresión del imperialismo y sus aliados puede influir en el voto de chavistas y opositores. En el caso del primero, lo moraliza, cohesiona y moviliza, por la alta conciencia patriótica de este sector, mientras que algunos opositores, no necesariamente todos, se sentirán estimulados tragándose el cuento de que Maduro está aislado y que una victoria de la derecha ayudará a tal aislamiento y hasta facilitará una intervención, en cualquier modalidad, que les ayude en la tarea. Pero siempre siguen siendo elecciones por estado y esas especificidades se harán sentir con fuerza.

¿Cuáles son esas especificidades? De eso se trata: no lo sabemos. Las habrá de índole cultural que se mezclarán con las realidades políticas, sociales, económicas  históricas. Hay estados en los que el chavismo ha sido tradicionalmente fuerte, lo que no quiere decir que esa fortaleza permanezca incólume, los llaneros por ejemplo: Apure, Barinas, Cojedes, Guárico y Portuguesa. En otros ha gobernado alternándose con una derecha siempre musculosa, como Lara, Mérida, Miranda, Táchira y Zulia, suerte parecida a la de los estados orientales. Pero esto es pasado, hoy habría que ver que variaciones se han producido.

Se hará sentir la obra social de los gobiernos chavistas, tanto el nacional como los locales, incluidos los alcaldes, que aunque no se eligen esta vez, sí influirán en los resultados de sus municipios. Así mismo, la gente juzgará a sus gobernantes en los estados en los que rige la oposición a ese nivel, Amazonas, Lara y Miranda. También la incidencia de las dificultades económicas. Por ejemplo, en estados llaneros de tradición agropecuaria acaso es más llevadera la adquisición de proteínas, hortalizas y frutas (tampoco lo sabemos).

Por supuesto, influirá la popularidad (o impopularidad) de gobernadores que aspiran a la gobernación (hay algunos que no repiten como candidatos, por distintas razones). Y también la calidad y acierto de las campañas locales, así como la organización y la capacidad movilizadora de las maquinarias, las cualidades personales de los candidatos, el nivel de empatía de los mismos con el pueblo, su vinculación específica con el conglomerado popular.

En fin, se trata de un escenario general signado por relevantes condiciones que escapan a nuestro conocimiento. De todas formas tenemos el deber de avizorar las distintas posibilidades y sus probables consecuencias. Con esto cerraremos la serie.

En este momento, el chavismo gobierna en 20 estados y la oposición en 3. Es muy difícil que esta proporción se mantenga, aunque nada es imposible ¿Podrá el chavismo ganar todas las gobernaciones? ¿Por qué no? ¡También lo podría hacer la oposición, todo es posible en este extraño mundo en el que vivimos! Pero seamos francos, una victoria total de uno de las dos grandes fuerzas en la liza sería una sorpresa para todo el mundo en cualquier lugar del universo, así que mejor es tratar de apuntar a la división de triunfos.

Medir la victoria o derrota nacional del chavismo o de la MUD no será fácil, porque habrá varios factores que condicionarán el análisis. Inclusive, podría darse una situación bizarra en la que cada fuerza sería capaz de adjudicarse la victoria con argumentos de algún peso. Verbigracia, uno de los sectores puede perder por poco la mayoría de las gobernaciones, pero incluir en estas las de un grupo de estados de importancia capital, como Aragua, Carabobo, Lara, Miranda y Zulia, o la mayoría de ellas ¿A qué fuerza política habría que adjudicarle la victoria?

Ahora bien, más importante que definir victoria o derrota es calcular las consecuencias políticas del escenario resultante. Si la oposición gana, por ejemplo, en los estados fronterizos con Colombia, como Apure, Táchira y Zulia (y también, más aislado, Amazonas), aunque perdiera todo lo demás se constituiría en una amenaza aun peor de lo que es ahora, y el papel de Colombia como aliado del Imperio contra Venezuela cobraría nueva dimensión.

No es fácil imaginar que una de las dos fuerzas políticas principales arrase con la otra en las regionales, pero puede ser. Si eso ocurre y los vencedores somos nosotros, se habrá garantizado la paz por más tiempo, mejorarían nuestras posibilidades de alcanzar la estabilidad y la gobernabilidad del país, y las perspectivas para un triunfo en las próximas elecciones presidenciales. Igualmente se darían cambios importantes en la correlación internacional de fuerzas y, no menos relevante, se daría un gran impulso a los factores antiimperialistas del mundo y, sobre todo, del continente.

Pero si es al revés, a prepararse toda la tripulación de la nave, porque se vendría con toda seguridad un temporal parecido a la tormenta perfecta.

Finalmente, hay otros escenarios que no se pueden descartar. Uno es que haya violencia antes de las elecciones, como algunos han adelantado. Nosotros creemos que esa no es la línea táctica de la mayoría de la MUD para la semana venidera. Ellos van a tratar de que su base social vote e intentarán obtener una victoria que puede ser trascendente. Así que si hay violencia, no será generalizada ni impedirá que haya elecciones.

Lo otro es la posibilidad de violencia poselectoral, lo cual es más probable si el chavismo se apunta una victoria contundente. La derecha cantaría fraude y trataría de generar un conflicto con repercusión internacional, aunque no la tendrían fácil. En fin, no falta mucho para que emerjamos de este mar de dudas.

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