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Toby Valderrama y Antonio Aponte: Ante tanta ñoñez es inevitable otro 4 de febrero

Si la imaginación nos llevara a los tiempos que antecedieron al Samán de Güere, al 4 de febrero, no podríamos tener otra reacción que el asombro frente a sus similitudes con los tiempos que hoy vivimos. La historia se repite, y como apuntaba Marx, ahora como una farsa. Punto fijo volvió ya agotado. Veamos.

El esfuerzo del madurismo por construir una especie de sistema que mezclara lo peor de la democracia burguesa con una fuerte dosis de populismo y una caricatura de socialismo, ha fracasado estrepitosamente. La crisis económica es única en el mundo, sólo se explica por el saqueo de las riquezas y la ineficacia de los aprendices. La crisis espiritual es tan grave que amenaza la nacionalidad. La Patria se pierde en manos de esta clase política sin imaginación, sin inteligencia para inventar, sólo atinan a repetir a la Venezuela de hace un siglo.

Frente al desastre, gobierno y oposición nos proponen un nuevo pacto de punto fijo. Hoy están contentos y declaran la infamia con descaro: ya entramos por el camino democrático, de la democracia burguesa. Es una verdad aparente; ahora la élite política, gobierno y oposición, sólo habla de elecciones; reclaman, prometen, forcejean, todo dentro del circo electoral. Están contentos, se ven el ombligo, piensan, parafraseando a Martí, que el mundo todo son las elecciones.

Pero el agua corre por debajo de las hojas, presagiando desastre. La clase política se ha distanciado de la masa, va por un lado, vive en una burbuja que no le permite sentir a la masa. La oposición en la mañana gurimbea a muerte y en la tarde parla en República Dominicana, duermen junto al gobierno en la casa de cisneros; su masa está confusa, molesta, allí no hay liderazgo claro, no hay camino, no ven la salida. El gobierno, ya lo hemos dicho varias veces, es signado por la ambigüedad, se comporta como dirigiendo un pequeño sindicato donde cualquier barbaridad es asimilada por la falta de necesidad estratégica.

La mezcla es explosiva: una masa despolitizada, fragmentada, egoísta, acostumbrada a la viveza, sin organización más allá de la logística de la dádiva individual. Y arriba, una élite política sin rumbo, desprestigiada, farfullera. El porvenir se puede vaticinar sin necesidad de una bola de cristal: la crisis de gobernabilidad se profundizará en días, después del sopor de las regionales y antes de que activen el narcótico de las presidenciales, la masa, sin dirección, desencantada de las promesas de las regionales, tal como hoy lo está de las promesas de la constituyente, es terreno propicio para otro 27 de febrero.

El ejército que tiene sus órganos de análisis, conoce y siente esta situación, sabe que el cuento de una invasión es eso, un cuento desgastado, sabe que el peligro está adentro, y seguramente allí hierve el fermento que dejó Chávez, que dejaron el Samán y el 4.

Se asoma un 27 de febrero, y se huele ya otro 4 de febrero.

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