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Carlos Guillermo Cárdenas: El sentido del diálogo

El diálogo es tema inagotable. El diálogo supera las diferencias y los desencuentros. El diálogo es  más racional y lógico.  En el diálogo se fortalecen los principios que conforman la concepción vital del ser humano. El diálogo es respeto en la diversidad, escucharse en las diferencias y entenderse para la convivencia.

El diálogo conlleva esencialmente valorar la opinión ajena con la atención y el interés necesario; para alcanzarlo  requiere comprensión y tolerancia, además, disposición y actitud benévola.  El diálogo es renovable y se fortalece con la disposición sincera y sana de las partes.

En democracia las diferencias se dialogan, las decisiones se toman por  mayoría y se cumplen por unanimidad.  En la democracia el fusil y el sable  se mantienen en los cuarteles y su uso se limita a la defensa de la soberanía nacional.

El debate es más productivo que una confrontación.  La cámara parlamentaria (Asamblea Nacional), representante de la diversidad nacional, es el escenario por antonomasia para el debate de las ideas y las opiniones, es el fundamento del parlamento. Sin debate no hay parlamento y sin parlamento no hay democracia. La universidad es el otro escenario por excelencia para el diálogo respetuoso y tolerante, de las ideas y las concepciones filosóficas.

Cuando el diálogo degenera en confrontación irracional, conlleva violencia y pierde la esencia.

Rescatar el diálogo como fórmula para afrontar los grandes problemas nacionales y regionales que agobian y/o producen sufrimiento, debe ser compartido por las partes en disposición y voluntad. La cultura de paz, imprescindible en la sociedad moderna es alcanzable sólo por el camino del diálogo y el entendimiento. Nelson Mandela, líder mundial de la reconciliación fue un ícono que sembró una cultura de paz cuando “todo parecía perdido”. Tuvo la voluntad y la perseverancia en su ciclo vital para alcanzarlo y trasmitirlo a todo los pueblos de la humanidad. ¡En hora buena!

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