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Bruno Renaud: En La Bombilla

El padre José Goor

Estoy convencido de que la inmensa mayoría de los habitantes de La Bombilla, Petare, no lo conoció ni supo su muerte. Habría podido ser distinto, porque fue uno de los primerísimos fundadores de esta urbanización popular. El padre José Goor -pues de él se trata- se desveló con enorme carácter, fidelidad y sentido del liderazgo durante cinco años junto con un comité de gente desalojada de los barrios “Ajuro” y siguientes, condenados a desaparecer para dar pasó a la autopista de Oriente.

El Banco Obrero, de aquella época, le daba a cada familia desalojada sus cuatro lochas y ¡chao!, váyanse. Se presentía el drama humano: gente que iba a perder de un solo golpe su humilde casa y su empleo, botando en alcohol y desesperanza sus haberes de un día. José, Francisco Acosta, María Jesús, y otros tantos, unieron sus lealtades y esfuerzos a contracorriente para hacer respetar las vidas y la esperanza de un porvenir común. ¡Me consta que les costó enorme lucha! Hace de aquello cuarenta y cinco años. Así salieron de tierra las Tres Terrazas actuales de La Bombilla.

Una vez logrado el objetivo, el Banco Obrero quiso amablemente regalar al cura José una de estas viviendas. José no aceptó. ¡Todos iban a pensar que el curita se había metido en la punta del combate para conseguir gratis su propia casa! Fue al revés: día tras día, un fin de semana tras otro, durante años, José hizo su banqueo, y levantó en puras tablas el ranchito modelo de su auténtica propiedad. Su rancho fue la primerita casa del sector Los Pozos…

Habitante de La Bombilla: estoy convencido de que ignorabas este dato fundador, y la personalidad fuera de lo común del sacerdote José, fiel y humilde servidor de la comunidad. Santificó, por sus velas y enorme desinterés, desde los inicios, uno de los barrios más conocidos de Petare.

En el año 1977, José se trasladó al páramo andino de Mérida para trabajar en la montaña. Fue, hasta ayer, la vida de este sacerdote poco común. Un hombre de una inusitada rectitud. De un total desinterés. De una gran inteligencia, puesta al servicio de los más pobres, inicialmente de la ciudad, y después del campo. Padre José: ¡pídele a Dios, especialmente por los habitantes de La Bombilla!

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