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Alberto Mansueti: Más rápido de lo que crees

“Las reformas liberales que Uds. proponen, ¿se aplicaron en algún país? ¿Cuál?” Típica pregunta que nos hacen siempre cuando exponemos.

Sí, se han comenzado a aplicar en varios países africanos, con muy buenos resultados. Esto a algunos les desconcierta, porque estamos mal informados sobre África; los medios ponen siempre a Angelina Jolie y otras estrellas de Hollywood, a decir que allá “los niños se mueren de hambre”, etc. Pero en tiendas y mercados de Ruanda y otros países africanos “reformados” en su economía, hay más huevos, pollo, tomates, carne y cebolla que en Venezuela, Cuba y los países socialistas. Y a precios accesibles.¡

Otra pregunta frecuente: “Si hacemos las reformas, ¿cuánto demorarían los buenos frutos?” Aquí suele haber un grave error: se cree que “primero debe cambiar la cultura y eso tarda mucho tiempo… bla bla bla”. Pero no es así: primero se derogan leyes malas, así se cambian las instituciones, viene el capitalismo, crece la riqueza, y los cambios en la cultura llegan luego. El proceso no demora tanto.

“La pobreza en África cae más rápido de lo que se piensa”, título de “Libertad Digital”, febrero 19 de 2010. Las cifras son algo viejas, pero las más recientes son hasta mejores, porque la tendencia liberal no ha cambiado últimamente. La gente que vive con menos de 1 dólar diario es mucho menos numerosa, según los economistas Maxim Pinkovskiy y Xavier Sala i Martín. La bonanza de esas naciones africanas “reformadas”, contrasta fuertemente con las deprimidas economías de países “desarrollados” que no hacen reformas, incluyendo Canadá y EE.UU. Aunque Alemania sí se ha reformado, bastante; por eso Merkel ha ganado cuatro elecciones consecutivas.

Sala i Martin titula un artículo de 2005: The world distribution of income: falling poverty and… convergence, Period (“Distribución mundial de los ingresos: la pobreza cae y la desigualdad se reduce, hay convergencia. Punto”), muestra cómo entre 1970 y 2000, la pobreza y la desigualdad económica se han reducido mucho, en los países “en desarrollo”, en contra de la falsa idea de que “los países ricos cada vez son más ricos, y los pobres más pobres.” En La Vanguardia (2008) titula “Soplan vientos de esperanza” en África. Las tasas de crecimiento han sido positivas por 12 años seguidos, de 1995 a 2007: “La pobreza extrema ha caído del 46 % en 1995 al 37 % en 2007”. La pobreza en África cayó 10 puntos porcentuales después de 1995.

Pero el informe 2008 del Programa de los “Objetivos de Desarrollo para el Milenio”, de la ONU, dice otra cosa. Sala i Martín explica que nuestra idea de África suele provenir de las imágenes sensibleras en la tele y reportajes esporádicos, celebridades y astros de música rock, y el actual Papa comunista, que repiten la cantaleta de las burocracias de la ONU y las ONG’s. Defienden su muy ineficaz “modelo de desarrollo”, el de “ayuda externa”, transferencias de gobierno a gobierno, o por medio de agencias muy condicionantes y burocratizadas. No quieren ver los avances, porque proceden de los mercados libres y el capitalismo incipiente.

El espíritu emprendedor y la empresarialidad no faltan en África. Pero sobran leyes malas. (1) Si los obstáculos no se quitan de en medio, las pequeñas empresas no crecen, o son abortadas incluso antes de nacer. En cambio, (2) si las reformas se hacen, los africanos salen adelante, sin necesidad de ayuda externa; con su propio esfuerzo, dedicación y creatividad. Y así ayudan a generar riqueza, primero en su entorno inmediato. Ahorran, invierten, crean empleos, y se hace un ambiente social más favorable a la cooperación. Sin socialismo se vive bien.

Ruanda es un país de 12 millones de habitantes, uno más que Bolivia; y su territorio mide como el departamento boliviano de Pando. Ruanda es montañoso y mediterráneo, y con una larga historia de guerras inter-tribales. El genocidio de 1994 resultó en 1 millón de muertos, en su mayoría tutsis. Pero ya con un gobierno limitado a sus tres funciones propias (seguridad, justicia e infraestructura), es el país más seguro en África, y el quinto en el mundo, según informe Gallup Global Law and Order, 2015.

En Ruanda, no sólo se achicó el Gobierno y se agrandó la economía: también se privatizó la educación.  Es decir: la enseñanza se les quitó al Gobierno y a los sindicatos docentes, y se entregó a los padres, maestros y profesores, o sea que se les “devolvió”. Se hizo una Gran Devolución educativa, siguiendo las guías del especialista británico James Tooley. Puede ver en Internet su libro del año 2013: The Beautiful Tree: A Personal Journey Into How the World’s Poorest People are Educating Themselves (“El árbol precioso: un viaje personal sobre cómo los más pobres del mundo se educan a sí mismos”).

En todo el Tercer Mundo, la clase media está ideologizada por la propaganda marxista, y en su mayor parte también idiotizada por demasiados periodistas ignorantes en los medios masivos. Por esa razón, a menudo rechaza el mensaje liberal, que re-dirigimos entonces, a “los de abajo”: los más pobres, los que sufren a diario los males de la inseguridad, pobreza, educación pública y medicina socialista. Por eso no le temen a la palabra “privatización”. Y en Ruanda ahora disfrutan los beneficios. Disculpen pero sigo recomendando mis lecturas: Rwanda’s economic success, how free-markets are good for poor africans (“El éxito económico de Ruanda, cómo los mercados libres son buenos para los africanos pobres”), por Ángel Martín. Busque en Google. Su tema es: si el gobierno sigue así, el sector privado va a seguir prosperando, y los pobres seguirán siendo los más beneficiados.

Antes, las dos principales etnias de Ruanda, la minoría tutsi y la mayoría hutu, se mataban entre sí, y desde mucho antes de que los belgas tomasen el control del país, tras la I Guerra Mundial. En el año 1962 Ruanda se independizó de Bélgica, y luego las guerras llevaron a un genocidio, y a una crisis humanitaria.

Al igual que en nuestro Centro de Liberalismo Clásico, el actual Presidente Paul Kagame, hizo un Plan: “Visión Ruanda 2020”, en los primeros años de este nuevo siglo, para la Ruanda Nueva, en el merco de un proceso de consulta nacional. Se centró en reformas a plazo medio, que con paciencia se explicaron a la gente: (1) la solución para la inseguridad, es Gobierno limitado; (2) para la pobreza, los mercados libres; (3) para la ignorancia, la educación privada; (4) para las enfermedades, la medicina a cargo de los médicos, en sus consultorios y clínicas privadas; y (5) para las jubilaciones miserables, las cajas de previsión manejadas por empresas particulares y con criterios de eficiencia.

Y desde que la lucha terminó, a mediados de los ’90, el amplio y espeso entretejido de lazos comerciales y emprendimientos productivas, generado por las reformas de libre mercado, disipó los prejuicios tribales, que antes se canalizaban a través de la violencia, o en todo caso de una enconada competencia política y de partidos, por los puestos públicos y ventajas anexas exclusivas, para los parientes y “amigos”. Desde 1995 a 2010, la economía creció a 6.6 % al año, promedio más alto de toda África subsahariana. Ganó relevancia la producción y mercadeo de bienes y servicios, a cargo de la gente y no de los políticos y “expertos” socialistas. Perdió importancia el conflicto, y la cooperación ganó terreno. Y con la educación mayormente privada, la gente se dedica a estudiar y no a pelear.

¡Ah, me olvidaba! Aún quedan muchos gobiernos de izquierda en África, sometidos sus pueblos a toda clase de miserias. ¡Ven en Ruanda un “régimen derechista, autoritario y represivo”! Bueno, el modelo es de derechas, sí; y sabemos que el Gobierno limitado no debe ser débil, sino “fuerte pero limitado” (Mises). De resto, los socialistas siempre mienten. Pero ya menos gente les cree.

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