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Mario Valdez: Joseph Stalin “Liquídenlo como sea, si o si”

El 20 de agosto de 1940 en México, sucede uno de los crímenes políticos más curiosos en la historia, el asesinato de León Trotski, donde su homicida usó como arma mortal un poilet (es una piqueta de la que usan los alpinistas para escalar, es una pequeña hacha con un pico). Probablemente sino hubiese sido por el arma utilizada, ese crimen que se convirtió en un hecho histórico y político, no tendría la importancia y transcendencia que ha tenido a lo largo de todos estos años. El pico del poilet que es utilizado para sostenerse al borde de los precipicios y salvar vidas en las montañas de hielo,  fue el utilizado para partirle el cráneo y acabar con la vida de uno de los escritores más afamados de su época. El arma homicida se encuentra en el Museo Internacional de espionaje de Washington, será expuesta al público el 2018, junto con otras reliquias y secretos. Fue donado al museo por el coleccionista Keith Melton, quien se lo compró a Ana Alicia Salas, y ella  lo mantuvo en secreto  por más de 40 años.

Para Joseph Stalin, el enemigo más importante y peligroso era León Trostki, que le estorbaba, que se le convirtió en un problema y era el único que podía hacerle sombra en el primer estado socialista del mundo. Stalin le tenía miedo a Trotski, quien fue su antiguo amigo, camarada y compañero de lucha, estratega y fundador del gran ejército rojo, a quien desterró, lo expulsó de Rusia y lo persiguió con sus espías en todos los países donde fue asilado. Hasta su llegada a México desde Noruega, momento en el que Stalin decide asesinarlo “Liquídenlo como sea, o si o si”.

El “Oso ruso” da la orden a Beria

El gran “Oso ruso” Stalin, le encomendó ese trabajo ultra secreto a su mano derecha, Laurenci Beria, quien debía hacer el trabajo de manera limpia y sin dejar evidencias que pudieran vincular al gobierno ruso con ese crimen. Beria contacta y le encomienda el trabajo a Leónidas Eitingon conocido como “Kotov”, quien era jefe de los espías rusos y se desplazaba por los países europeos con sede en Paris, contacta a la catalana Caridad Mercader conocida como “La Pasionaria”,  jefa del partido comunista español, quien era de su absoluta confianza. La orden estaba dada, había que cumplirla, se encuentran en Paris, la Pasionaria recluta para realizar la operación a su propio hijo, el joven comunista Ramón Mercader, ambos habían participado en la guerra civil española.

Ramón Mercader es Jacques Mornard

Ramón Mercader viaja a Moscú para recibir el entrenamiento y el cambio de identidad, ahora se llamaba Jacques Mornard, nativo de Bélgica, periodista deportivo, con los modales y los gestos de cortesía de los monarcas, hijo de un diplomático belga. Pasó meses entrenando para asumir la conducta y el comportamiento de su nueva identidad,  se aprendió todo sobre su nueva vida y el árbol genealógico.

En 1938, el periodista Jacques Mornard (Mercader) se encontraba en Paris, como parte del plan trazado, era un hombre enamoradizo y seductor, su objetivo era conquistar a Sylvia Ageloff, quien era la secretaria y colaboradora de Trostki, (psicóloga y socióloga norteamericana de padres rusos, que se encontraba en Paris como enlace del Partido de los trabajadores Americanos para asistir a la que tenía que haberse convertido en la asamblea fundacional de la Cuarta Internacional, de lealtad trotskista, opuesta a la tercera, controlada por Moscú). El galán haciendo uso de atenciones, invitaciones a espectáculos, museos  y restaurant, consiguió conquistar a Sylvia y vivir con ella varios meses en Paris a cuerpo de rey.

El pez muerde el anzuelo

Durante dos años mantuvieron una relación de pareja,  él nunca se inmiscuyó en el trabajo de ella con su jefe (Trostski), jamás mostró interés por lo que ella hacía, él era un empresario de comercio exterior y como tal actuaba, de Paris se fueron a Estados Unidos y luego a México. A comienzos de 1940, llega a ciudad de México, y durante meses lleva a su mujer a la casa de Trotski, luego la pasaba buscando, urdiendo bien su plan, nunca preguntaba por él ni entraba a su casa, así no levantaba sospechas porque el escritor era muy suspicaz y desconfiado, no creía en nadie ni en su sombra. Un día le mandó un artículo y otros escritos para que Trostki se lo revisará y de esa manera buscar un acercamiento, el intelectual tomando en cuenta que era el prometido de su secretaria, le pidió que se lo llevará, quería conocerlo, ella le hablaba mucho de su novio, eso era lo que tanto esperaba Mercader, la invitación, el pez había mordido el anzuelo.

En la fecha acordada Jacques (Mercader) visita a Trotski y conversa sobre el escrito, el momento ansiado había llegado, le hizo un estudio visual a la casa, su distribución y el despacho donde su víctima pasaba la mayor parte del tiempo, leyendo y escribiendo. Compartieron y a pesar de que el invitado era una persona agradable y de buenos modales a León le quedaron sus dudas, que luego la enamorada Sylvia disipó.

El alarido de Trotski

El 20 de agosto de 1940, Mercader va a la segunda cita con el revolucionario asilado, esta a solas con él en su despacho, lleva el poilet puntiagudo debajo de la gabardina, en el momento que Trostki está leyendo los escritos, Mercader camina y se coloca detrás, saca el arma asesina y se la asesta en la cabeza abriéndole el cráneo (años después el asesino comentó que fue tan grande el grito y alarido de Trostki cuando le clavó el poilet que a veces no lo dejaba dormir). Estuvo 20 años preso en las cárceles mexicanas, en 1960 al salir en libertad se fue a Cuba, luego a Checoslovaquia y finalmente a Moscú. En 1977, 37 años después  la Unión Soviética lo declaró héroe nacional por los servicios prestados y lo condecoró con la orden “Estrella de Oro”.

Ramón Mercader fue amante de Sarita Montiel

 Es que Mercader no solo fue un sicario al servicio del gobierno soviético, sino que también fue un galán de artistas. Según el testimonio de De La Rosa, quien era peluquero de Sarita Montiel (cantante, actora y protagonista de las mejores películas mexicanas de la época), tiempo después ella le confesó al peluquero  que en su juventud ella había conocido a Ramón Mercader, en bares y sitios donde se reunían exiliados políticos españoles  e intelectuales y que se habían enamorado “Aunque fue un asesino, no fue un hombre malo”, le contó. Comentan los curiosos mexicanos que una hija de la artista que nació ese mismo año, es hija de Ramón Mercader.

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