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Néstor Francia / Análisis de Entorno: Como se pagan las deudas del amor (25-10-2017)

El tumulto en la derecha provocado por el estallido de la granada fragmentaria que fue su derrota electoral no solo continúa, sino que además se agrava cada día más. Esto dará mucho de qué hablar en los próximos días, pero lo prometido es deuda, así que hoy abordaremos un tema que está candente en las calles, el de la situación económica, sobre todo lo referido a los precios de bienes de consumo, y señaladamente en lo que se refiere a la relación de ese descontento con la ejecutoria de la Asamblea Nacional Constituyente. En nuestro Análisis de ayer presentábamos el asunto de esta manera: “… el creciente descontento popular por la situación económica, sobre todo en lo que atañe al aumento desproporcionado y constante de los precios, y los efectos que está teniendo en el seno mismo del chavismo, salpicando inclusive a la propia Constituyente”.               Algunos constituyentes han asumido la crítica en actitud defensiva, como nuestro querido amigo y camarada constituyente Luis José Marcano, cosa que no dejó de extrañarnos, pues lo conocemos como un hombre comedido que no suele ser pasto del apresuramiento. Pero al mejor cazador se le va la liebre.

El camarada Marcano envió algunos tuits que se nos antojan fuera de lugar. Véase: “Pretender increpar a los Constituyentes como si no paráramos la guerra económica por gusto, me disculpan pero es un infantilismo”. Y también: “Constituyentes estamos amarrados a las comunidades que nos eligieron y damos la cara permanentemente, descalificarnos es irresponsable”. Otra constituyente pretendió atribuir el descontento contra la ANC a una campaña de la derecha.

Digamos de entrada que el tema más importante aquí no es si las críticas que se hacen a los constituyentes son justas o no, sino que quienes nos eligieron tienen pleno derecho a criticarnos, nos guste o no, sean las críticas correctas o no, lo cual es harina de otro costal. Creemos que sería menor error pretender descalificarnos a nosotros, que nosotros pretender descalificar a quienes nos critican.

Ayer, mientras constituyentes de Caracas esperábamos el inicio de una reunión en la Casa Amarilla, algunos de nosotros comunicaron experiencias recientes. Uno, que vive en la avenida San Martín, nos contó que en el edificio donde habita, la gente le comunica el descontento a grito pelado, reclamándole haber votado por él y ahora la Constituyente no hace “nada” por resolver los problemas. Otro nos refirió una situación parecida que ha vivido en el barrio en el que reside. Un jodedor, en uno de los grupos que esperaban por la reunión, sugirió, ante la hilaridad de los congregados, que el objetivo de la misma era designar a cuatro constituyentes a fin de lanzarlos a la Plaza Bolívar para que la gente les entrara a coñazos y así bajar las tensiones. En fin, no son lo escuálidos ni la derecha, es el pueblo chavista, el que votó por nosotros, quien nos está criticando.

Ahora bien, pensamos que el tema de la situación económica atañe al Estado en su conjunto y no particularmente a la ANC, aunque esta tiene sin duda una gran responsabilidad en ese sentido ¿Pero qué es lo que ocurre en realidad? Porque cuando se dice que la Constituyente no ha hecho “nada” se está desconociendo la realidad. Sí ha hecho muchas cosas y muy importantes, y ha cumplido un papel invalorable en esta etapa ¿Entonces por qué ha decaído en su popularidad? Tratemos de apuntar a una respuesta.

El presidente Maduro ha dado en el clavo cuando ha dicho que “La Constituyente es el gran anillo de protección de la paz para los años  2017, 2018 y  2019, para proteger la democracia, la constitución, la paz de la sociedad”. Esa tarea invalorable, sin la que no será posible superar las dificultades económicas, la ha venido cumpliendo de manera impecable. Su sola elección acabó con las guarimbas de golpe y porrazo. Su convocatoria al adelanto  de las elecciones regionales fue un factor fundamental para la victoria revolucionaria, que es otro hito hacia la garantía de paz y estabilidad, lo cual se va coronando con el efecto de la granada fragmentaria en la oposición. Su firmeza y arropadora presencia en el escenario nacional hace que avance su legitimación paulatina en el país y en el mundo, con hechos como la juramentación y subordinación de cuatro gobernadores electos por el pueblo opositor.

Por otra parte, la ANC está contribuyendo de manera admirable a una aun mayor visualización de sectores tradicionalmente excluidos y oprimidos que la Revolución ha venido ya reivindicando: las mujeres, los jóvenes, los adultos mayores, los discapacitados, los pueblos originarios, los afro descendientes, los trabajadores, y a la ampliación de sus derechos constitucionales, lo cual es un camino hacia la paz estratégica.

¿Qué ocurre, entonces? Aquí debemos volver al axioma de que en política lo que decide no es la realidad como tal, sino la percepción que se tiene de ella. Uno de los problemas de la ANC es lo comunicacional. Hasta ahora, la comunicación de lo que hacemos en la Constituyente ha sido dispersa, fragmentada, carente de estrategia, sectaria, “oficialista”. Se necesita con urgencia una revisión de este tema para un refrescamiento integral de la imagen de la Constituyente y una comunicación asertiva de sus principales logros.

Por supuesto, la sola comunicación no lo puede todo. Hay que mejorar el producto, y no nos referimos específicamente a la ANC, sino a la Revolución toda. Hay que avanzar sin más dilaciones en las decisiones económicas. Nuestro Gobierno ha hecho, sin duda ¿qué habría sido de nosotros sin los Clap y sin las permanentes políticas sociales revolucionarias? Pero el pueblo se siente desamparado con el criminal abuso de los precios. Es necesario tomar ya ese toro por los cachos. Sabemos que no es fácil, no estamos pontificando, y también que el liderazgo está trabajando sin descanso. Más urgen algunas respuestas inmediatas. La presidenta de la ANC, Delcy Rodríguez dijo hace un par de días: “Se activará la Constituyente Económica y como una sola fuerza saldremos a defender la paz económica”. Bien, manos a la obra.

El pueblo revolucionario ha respondido con grandeza en medio de la tormenta. Ha respaldado a su vanguardia con paciencia, resistencia, lealtad y conciencia. Es una deuda que tenemos que pagar como se pagan las deudas del amor.

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