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Francisco Rodríguez: Qué hacer en política económica

Venezuela atraviesa hoy lo que es no solo la contracción económica más grande de su historia, sino de toda la historia documentada de América Latina.  La caída en el producto interno bruto real por habitante de los últimos cinco años – 36,0% – supera lo que hasta este año había sido la mayor caída en la posguerra latinoamericana (Nicaragua al final de la dictadura de Somoza, 35,7%), así como también la contracción sufrida por nuestro país durante su Guerra Federal (31,8%).  No es sorprendente que esta crisis económica se haya visto reflejada en un deterioro acentuado de indicadores sociales.  El número de venezolanos que come menos de tres veces al día, por ejemplo, ha aumentado de 5% en 2013 a 33% en el año 2016.

Si bien esta situación inicia con la caída en los términos de intercambio que ocurre a partir del desplome de los precios del petróleo en 2014, la contracción económica ha sido mucho más profunda que la experimentada por ningún otro exportador de petróleo a partir de ese momento.  En ese sentido, los errores de política económica cometidos tanto con anterioridad como en respuesta al shock externo tienen una responsabilidad fundamental en la explicación de la crisis.

Entre estos errores, tal vez los dos más importantes son el no haber ahorrado una porción mayor de los ingresos petroleros causados por el boom de precios, y el haber sistemáticamente sub-invertido en la industria petrolera. Por ejemplo, de haberse mantenido el Fondo de Inversión para la Estabilización Macroeconómica, creado en 1998, la nación habría depositado entre 1999 y 2013 un total de $208 millardos en él.  Estos recursos habrían servido para enfrentar la caída de los precios del crudo e impedido que el país perdiese acceso a los mercados internacionales tan rápido como lo hizo

Asimismo, Venezuela es el país de la OPEP con la mayor caída en producción petrolera en los últimos 18 años; de hecho, es uno de los únicos cuatro países en los que la producción disminuyó durante este período.  Mientras otros países usaron la temporada de altos precios del petróleo para dirigir recursos hacia el aumento de su capacidad de producción, Venezuela impuso una carga fiscal excesiva a su industria petrolera – no solo a través de impuestos y regalías sino a través de la sobrevaluación del tipo de cambio oficial –, impidiéndole mantener un nivel operativo adecuado.  El país puede tener las reservas petroleras más grandes del mundo, pero produce menos de una quinta parte lo que extrae Arabia Saudita.

Sin embargo, el diagnóstico de cómo llegamos aquí es distinto de la pregunta de qué debemos hacer.  Salir de la crisis requiere abordar una serie de elementos macroeconómicos y microeconómicos, con una visión clara de la secuencia de estas políticas y de las prioridades en los objetivos.  Una solución efectiva requiere estar consciente de que no es viable tratar de resolver todos los problemas económicos al mismo tiempo.   Lo lógico es buscar destrabar aquellos obstáculos que en este momento son medulares para recuperar el crecimiento y estabilizar la economía del país.

En primer lugar, Venezuela requiere un programa de estabilización macroeconómica.  Tal vez la estabilización no es lo más importante, pero cuando se está en medio de una hiperinflación en desarrollo, es definitivamente lo más urgente.  Un programa de estabilización debe buscar reducir la inflación a niveles razonables y detener la caída en la actividad económica.  Estabilizar la economía requiere la implementación de una serie de políticas macroeconómicas dirigidas a cerrar la brecha fiscal de forma que el gobierno no se vea obligado a recurrir a la impresión para cubrir sus gastos.

La obtención de recursos externos puede ser un componente importante para suavizar el ajuste macroeconómico, aunque algunas de las distorsiones de la economía son tan altas que es altamente probable que ciertos componentes de este ajuste sean expansivos y, por lo tanto, no tan costosos socialmente como los ajustes convencionales.  El trato que se le dé al servicio de la deuda – y su posible reestructuración o refinanciamiento – es clave para determinar la cantidad de recursos externos de los que se dispondrá en esta transición.

Es importante distinguir el problema de la estabilización del problema del crecimiento de largo plazo.  Venezuela tiene uno de los peores récords de crecimiento en América Latina – un fenómeno que antecede al chavismo – y para revertir esta tendencia requiere de reformas profundas en su estructura productiva.  Estas reformas deben abordar temas tan complejos como la regulación laboral, los incentivos para la inversión extranjera, y el diseño de una política industrial que permita reducir nuestra dependencia de los hidrocarburos sin dejar de aprovechar las obvias ventajas comparativas en ese sector.

Es comprensible que sea más fácil generar consenso en torno a un programa de estabilización macroeconómica que en torno a la dirección de reformas económicas de largo plazo.  Cuando tocamos temas como el rol de los derechos de propiedad en el crecimiento, comenzamos a lidiar con preguntas en torno a las cuales se enfrentan distintas visiones de la sociedad.   La diversidad de modelos económicos exitosos hoy en día en el mundo – que van desde el dirigismo chino hasta el liberalismo lituano – muestra que existe una variedad de capitalismos y un rico debate sobre cuál es la mejor forma de aprovechar las fuerzas del mercado y hacerlas compatibles con la equidad y sostenibilidad.

Si bien tiene sentido buscar identificar las coincidencias entre especialistas en torno a los temas de política económica, sería un error pensar que el objetivo de la discusión debe ser reducir las diferencias al mínimo.  La riqueza de los debates académicos está en que muestran cómo personas con un alto nivel de formación e información pueden ofrecer distintas perspectivas, a veces sobre a la misma pregunta.  Estas diferencias a menudo son reflejo de diferentes visiones, valores y actitudes frente al riesgo. El rol de los especialistas no debe ser el de suplantar al debate democrático; debe ser asegurar que éste se base sobre la mejor información y comprensión posible de los costos y beneficios de las opciones a las que se enfrenta el país.

*Economista Jefe de Torino Capital. Entre  2008 y 2011 fue el  Jefe de Investigaciones  de la Oficina del Informe de Desarrollo Humano del PNUD 

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