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Enrique Contreras Ramírez: Cuando el estado asesina, no hay culpables

Y es, en éste escenario de vivir la vida con angustia, con tormento, inquietud y gran preocupación a la que estamos condenados la inmensa mayoría de venezolanos al tener una estructura jurídica- política colonial que llaman ESTADO, que condena a la muerte a todo aquel, que por múltiples razones cae en la desgracia de padecer alguna enfermedad.

La muerte para el filósofo español Lucio Anneo Séneca, nos muestra en sus reflexiones un acercamiento a la vida y una manera de confrontarla desde ella misma, no desde espectros que causan temor a la muerte. Así que, conforme a la tendencia del filósofo español, no hay que tener cuidado a lo que no existe. “Cada día morimos: cada día se nos quita alguna parte de la vida, e incluso cuando crecemos nuestra vida decrece”.

Para cualquier médico la muerte es el término de la vida a causa del impedimento psico-somático de mantener el proceso homeostático, el equilibrio de nuestra estructura humana. Se trata del final del organismo vivo que se había fundado a partir de un nacimiento.

Si hay un común denominador en el ser humano, independientemente de su condición social, es el miedo a la muerte y más cuando se tienen   planes, querencias, para hacer más agradable la vida y siempre se busca prolongarla lo más que se pueda cuando hay calidad de la de la misma.

Si tenemos conciencia, de que la muerte, siempre ha cortejado y acompañado la vida, eso nos permite entender que ambas son necesarias, ineludibles en la realidad de nuestra propia existencia. No podemos entender la muerte como un problema, como una tragedia, siempre y cuando se llegue a la misma de manera natural y si es así, no es un asunto que nos deba alarmar en demasía, porque es lo más seguro e incluso lo más democrático porque nos llega a todos sin distingos ideológicos, políticos o sociales. Lo que si nos debe preocupar es que mientras tengamos vida, buscar la posibilidad de que la misma este llena de satisfacciones que nos permitan realizarnos como seres humanos, para que nuestra existencia sea placentera mientras la vivimos.

Tener temor a la muerte, es tener miedo a la vida y este temor complica psicológicamente nuestra existencia y esto no ayuda a vivir, al contrario, mortifica, angustia, atormenta y perjudica la calidad de vida.

Con lo que estoy señalando no trato de filosofar acerca de la vida o de la muerte, eso se lo dejo a la epistemología, a los filósofos que como Seneca, sintieron y sienten la necesidad de abordarla en medio de la cotidianidad de sus entornos, cotidianidad que a veces esconde realidades.

Detrás de eso que llaman Estado

Pero lo cierto de todo esto es, que en una sociedad como la nuestra, hay una cosa que llaman ESTADO y quienes lo administran son responsables directos de vigilar y ejecutar, esa cosa que llaman CONSTITUCIÖN, que contempla el derecho a la vida y el derecho a la salud. Y es, en éste escenario de vivir la vida con angustia, con tormento, inquietud y gran preocupación a la que estamos condenados la inmensa mayoría de venezolanos al tener una cosa que llaman ESTADO, que condena a la muerte a todo aquel, que por múltiples razones cae en la desgracia de padecer alguna enfermedad.

No es un secreto, que uno de los principales problemas –y grave- es la ausencia de medicamentos, los mismos no se consiguen y si se consiguen no es comprable por las condiciones que tiene el salario de los venezolanos, donde su bajo poder adquisitivo es muy notable y la inflación es indetenible propio de los países que han puesto el neoliberalismo como paradigma de un mundo globalizado.

El llamado Instituto Venezolano del Seguros Social (I.V.S.S.), de seguro social no tiene nada, allí se les niegan los medicamentos a los pacientes terminales de cáncer, a los trasplantados o a cualquier paciente con alguna enfermedad terminal, mientras esto pasa el presidente de esa institución Carlos Rotandaro se hace su tratamiento en Francia producto de esas relaciones de poder que son tan retorcidas y donde el poder en un modelo de sociedad como la nuestra, el tráfico de influencia se encuentra a la orden del día.

Siempre que se va a la Farmacia de esa institución la respuesta es no hay, no llega, esté viniendo y como si fuera poco semejante frustración, el paciente –muchos de ellos- duermen y amanecen en la entrada, para ver si alcanzan un buen número y ligar el medicamento, pues es la vida la que está en juego.

Esto sucede en el país más rico del continente y donde el propio gobierno afirma: “ya no solo somos la primera reserva de petróleo del mundo con más de 490 mil millones de barriles de crudo superior a la mitad de todos los países del medio oriente unidos, la segunda reserva de Gas del planeta, la primera reserva de Oro del mundo con más de 11 mil toneladas bajo su superficie, el segundo caudal de agua dulce más grande de la tierra, la segunda reserva de Coltán (oro azul o mineral de la muerte), la segunda reserva de Uranio del mundo, y para mayor sorpresa se ha detectado la reserva de Thorium más grande sobre la faz de la tierra cuyo tamaño es 2 veces superior a la reserva de petróleo que cruza la mitad del país, este sorprendente mineral es 90% más poderoso que toda la energía que produce el Uranio en una explosión nuclear, se estaría hablando del mineral que permite la evolución del poder de las armas nucleares más poderosas ya existentes”.Entonces vale preguntarse, a quién beneficia toda esta riqueza, que no es del gobierno ni de sus macollas, sino de cada uno de los venezolanos. Se justifica con todo esto que muchos compatriotas estén muriendo en hospitales, en sus casas o en cualquier parte, porque no se consigue el medicamento que le pueda prolongar la vida.

Quiénes son los responsables de todos estos asesinatos, si de asesinatos, si no son los que administran los recursos y riquezas del llamado ESTADO, que son de todos, pero por las relaciones de poder que poseen se adueñan de los recursos condenando a muerte a muchos venezolanos.

Es por eso que cuando el Estado asesina no hay culpables culpables.

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