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Toby Valderrama y Antonio Aponte: ¿El golpe es inevitable?

Las Revoluciones se inician con un acto que asombra. La Independencia estalla en la Plaza Mayor de Caracas aquel 19 de abril cuando un audaz Francisco Salías toma del brazo a Emparan y lo hace volver al cabildo, allá se hace una consulta popular (sin mediación del cne) y Emparan renuncia. El 23 de Enero la Revolución se hace posible con aquel estallido popular, la fuerza cívico-militar forjó la salida de Pérez Jiménez aunque no pudo concretar el camino del cambio profundo. Fidel y el asalto al Cuartel Moncada fundaron la Revolución Cubana y con ella la Humanidad se elevó a cotas inéditas que todavía resuenan en el continente alentando las luchas libertarias. Chávez y su 4 de febrero es historia reciente; aquella madrugada, aquel amanecer, duró quince años.

El estallido no es necesariamente un golpe de Estado, puede ser un gesto como el de Salías el 19 de abril, una insurrección cívico-militar como el 23 de Enero, un asalto audaz como el Moncada, un acto; no necesariamente un hecho violento, aunque siempre es un relámpago que rompe la calma, la paz burguesa. Tiene unos rasgos que le confieren el carácter de ruptura revolucionaria. Es una acción que, dirigida al poder, sintetiza el pensamiento revolucionario, motoriza nuevas acciones, abre una posibilidad revolucionaria.

Hoy vivimos la parsimonia de la dominación capitalista, el opio de las elecciones funciona como la misma psicología de un juego de azar; el premio es una gobernación, una alcaldía, y el mayor, la presidencia, anestesia la lucha revolucionaria. Se instaló un neo pacto de punto fijo, no obstante éste vino ya desgastado, obsoleto, no funciona, no consigue resolver ni los problemas económicos ni los políticos, no controla a la sociedad, vivimos un desequilibrio, el cielo encapotado anuncia tiempos de cambio.

El gobierno, en el desespero por permanecer, cometió el pecado capital de anular los canales de la alternabilidad, violó las leyes del juego burgués, su filosofía, “que todo cambie para que no cambie nada”: las elecciones son un fraude burdo, la legalidad está violentada al servicio descarado de la costra gobernante; se sentencia a conveniencia del grupo, se inhabilita, se habilita, se dictan leyes como un sastre hace un traje a la medida. La misma situación lleva en su seno la necesidad de un golpe, un estallido, un gesto. Es inevitable.

La sociedad buscará su respiradero político, no se puede dirigir como quien dirige un pequeño sindicato, el Estado burgués tiene otra lógica, otro estilo de las mafias. La pregunta que surge es ¿cómo será esa manifestación?

No sabemos, sólo caben conjeturas, recordemos que el trópico es sorprendente, maravilloso. Lo que sí se puede adelantar es la posible reacción de los diferentes grupos sociales: los obreros, castrados por sus dirigentes, no pasarán de la reivindicación económica; los marginales buscarán salidas individuales y grupales, lo más lejos que llegarán será a saqueos y motines; la clase media se irá del país, los otros callarán y fumarán el opio de las elecciones; ¿y los militares?, ese grupo organizado nacionalmente, disciplinado, ¿cómo actuará en esta situación?, ¿renacerá allí el espíritu de Chávez, serán ejemplo para el mundo, o quizá reaccionen como todos los militares del continente?; ¿y los líderes Chavistas, asistirán impertérritos al olvido?

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