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Gloria Cuenca: Dilemas éticos y políticos

Pocas veces en la historia política del país han sido tan evidentes las tensiones entre ética y política. Se requiere de lo que llaman la Realpolitik. Análisis frío, racional, inteligente, que combine táctica y estrategia para el logro del objetivo: léase, el cambio. Leí en estos días un estupendo artículo del ex alumno y colega Mario Villegas. Señaló: “Hay argumentos suficientes para apoyar la postura de quienes se juramentaron, y la de Guanipa, que no lo hizo”. Lo malo está, según yo creo, en la manera como los seguidores de una u otra postura se refieren a lo que piensan y hacen los demás.

¿Por qué se empeñan en declarar que los miembros de AD, partido que ha luchado junto al resto de la disidencia estos últimos 18 años, están vendidos al gobierno? ¿Cómo es posible que nuestros compatriotas no entiendan nada de la verdadera política? Lo peor: se creen éticos y con derecho a juzgar a todo el mundo, especialmente, a quien no concuerda con sus ideas. No me canso de repetir la definición de política del Karl Deuch: “Es la ciencia de lo posible”. ¿Existe una definición más pragmática que esa? Ciencia de lo posible, implica que es inmanente a la misma, la consecución de alguna posibilidad que sea real y concreta. Lo demás son fantasías y elucubraciones, política no. También está la ética. Usaré una de las definiciones más comunes: “Disciplina que señala los principios del bien y del mal, de lo honesto y lo deshonesto, de lo falso y lo verdadero, mediante normas establecidas y aceptadas por ciudadanos, usuarios, profesionales y estudiantes, entre otras categorías posibles”.

¿Hay principios? Por supuesto, sí los hay. La ética no es de goma. Rigen la vida política. Hablar de compras, corrupción, demás acciones antiéticas, sin pruebas, es más de lo mismo. Lo contrario es comportarse como la gente del gobierno: difaman, anuncian magnicidios, inventan toda clase de mentiras, cada una más falsa que la otra. Jamás una prueba. De lo que sí hay pruebas es que inventaron un testigo estrella en el caso de Danilo Anderson. Falso de toda falsedad. Y ¿en el de Leopoldo López? Renunció el Fiscal, avergonzado por lo hecho, bajo presión, para inculpar al dirigente. Mientras, la ex jueza desde Canadá confesó que, amenazada, hizo lo que hizo por miedo. Sin pruebas, nadie cree. ¡No debemos jamás parecernos a ellos! Sería “quítate tú, para ponerme yo”. ¡De terror!

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