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José Rafael Revenga: China: “Una nueva era”

“La República Popular China  alcanzará a los Estados Unido en Inteligencia Artificial en el 2020 y para el 2030 dominará  dicho sector” afirmó hace días el presidente de la junta directiva de Google, Eric Schmidt.

El XIX Congreso del Partido Comunista Chino, clausurado hace dos semanas ha decidido, bajo la conducción de su Secretario General, el Presidente Xi Jiping,  entrar en “una nueva era” al responder con innovadoras “características chinas” a los siguientes desafíos:

¿Cómo conducir una nación con unos 1.300 millones de habitantes en una amplia y accidentada geografía?

¿Cómo integrar una población hasta hace unos 20 años conformada por gigantescas masas rurales con un mínimo contacto directo o representación en los centros de bienestar y poder?

¿Cómo establecer un sentido de pertenencia nacional mas allá de una ideología ritualizada?

¿Cómo transformar una economía de baja demanda interna y atraso tecnológico en un centro de poder a escala mundial?

Esos interrogantes, en breves palabras, son los desafíos enfrentados por la República Popular China a partir de 1978 al asumir el liderazgo de “la segunda generación” de los dirigentes del PCC Deng Xiaoping quien fue responsable de aplicar una formula bien lejana de la dogmática “revolución del proletariado” y de la alocada “revolución cultural” a igual que del monopolio económico del Estado.

De la noche a la mañana se procedió a atraer las inversiones extranjeras y a implementar las bases de una economía de mercado en la búsqueda de una industrialización acelerada con mas de un siglo de retraso a partir de su surgimiento en Europa.

Este proceso, etiquetado como “Socialismo con Características Chinas”, impulsó un desarrollo económico de dos dígitos por más de 20 años y su éxito socio-político elevó las condiciones de vida de centenares de millones de personas convirtiendo al mercado de consumidores chinos en ávidos clientes de bienes provenientes de Occidente.

No obstante, los aciertos han estado acompañados por una deuda pública creciente, una contaminación ambiental casi fuera de control en las grandes ciudades, el peligro de expectativas crecientes de una abultada clase media que no pueden ser satisfechas, la inevitable burocracia incubadora de parálisis, la disminución del ritmo de crecimiento económico para incrementar la prioridad asignada a exigencias sociales y una fuerte tendencia hacia el aislacionismo internacional.

El indicador mas referido es el de la tasa de crecimiento económico que desaceleró a un 6,7% en el 2016, para mantener el mismo registro en el 2017 y un 6,4% el año próximo. La gerencia de esta desaceleración, si bien evita el peligro de una burbuja  implosiva, acarrea múltiples problemas conexos como el frenar la actividad empresarial lo cual revertería el énfasis deseado en torno a la reducción de las desigualdades.

¿Cómo diseñar un aparato organizativo para la representación de los diferentes sectores y para la formulación de políticas públicas?

La respuesta se encuentra en la estructura absolutamente piramidal y multinivel de un ambivalente “centralismo democrático” en el cual el consenso supuestamente parte de las bases pero en realidad requiere de un “líder” para formularlo e imponerlo y de un obediente partido único.

Una vez designado el Secretario General del Comité Central del PCC pasa a ser Presidente de la República por la duración de su cargo inicial. Hasta ahora, ninguno de los dos cargos puede ser ejercido por la misma persona por mas de 10 años.

El Congreso Nacional del Partido se reúne cada cinco años y en teoría cuenta con 2.300 miembros, casi exclusivamente dirigentes municipales y regionales que cuentan con el visto bueno del máximo organismo del Partido y  quienes formal y mecánicamente eligen al Comité Central integrado por 205 miembros y una cantidad similar de suplentes. El Comité Central es el máximo órgano que rige al PCC, y por consiguiente a la nación durante los intervalos de cinco años para la celebración del próximo Congreso Nacional.

Expuesto de tal manera, la interpretación convencional es la de un proceso capilar en el cual la base  elige a un nivel superior con una membresía  mas reducida para eventualmente llegar, después de varias votaciones a niveles organizativos integrados por un número menor de dirigentes para eventualmente llegar a la designación y proclamación del líder supremo.

Nada mas apartado de la realidad. La trayectoria dominante  del proceso real es a la inversa. El todo poderoso Secretario General del PCC y/ o un grupo muy reducido denominado el Politburo Ejecutvo o Chángwù Wěiyuánhuì  (7 integrantes) proceden a escoger al Politburo Cental integrado por 25 miembros los cuales a su vez ratifican a la cúpula máxima y al líder supremo.

En otras palabras, el proceso es bidireccional pero controlado inicialmente desde el ápice de la pirámide. De 2300 representantes a 205 a 24 a 7 al Secretario General del PCC y, a la vez, Presidente de la República Popular China.

Se me ocurre, sin estirar demasiado la analogía, que es un proceso en algo parecido a la elección del Sumo Pontífice de la Iglesia.

El XIX Congreso que finalizó el 24.10.2017 ratificó la designación por un segundo período de cinco años de Xi Jiping quien, junto con el Primer Ministro Li Kegiang que lo había acompañado durante su primer quinquenio, nombró a los cinco miembros restantes del Politburo Ejecutivo. Este arreglo perdurará hasta el 2022.

La visión transformadora expuesta de manera extremadamente pausada durante más de tres horas en la sesión de clausura del XIX Congreso del PCC por  Xi Jiping, demuestra la magnitud y la direccionalidad de las tareas que él propone China acometa durante los próximos 30 años hasta el 2050.

El horizonte de la “Visión 2050” de Xi para  China incluye ser la primera potencia del globo, mejorar la calidad de vida de su pueblo, apuntalar el surgimiento de la clase media, desarrollar complejos industriales de categoría mundial, proceder a megainversiones en la infraestructura asiática y de conexión con Europa y el rescate del medio ambiente.

Para el logro de dichas lejanas metas Xi propone tres factores propulsores:

– la expansión del control del único Partido (PCC) sobre todos los aspectos de la formulación de las políticas públicas

– dejar plena libertad al papel decisivo de las fuerzas del mercado en la asignación de los recursos

– garantizar que el Gobierno mejore en el cumplimiento de su rol

Xi Jiping:  “Es mi convicción que el gran rejuvenecimiento de la nación China llegará a ser una realidad”.

Queda pendiente una interrogante: cinco años no son suficientes para que Xi pueda realizar su Visión 2050.

Por consiguiente, el principal desafío que enfrenta es el arreglo sucesoral para el cual se le presentan dos opciones las cuales seguramente desarrollará en simultaneidad durante los próximos años a fin de poder escoger a alguna de ellas a mas tardar en el 2021:

-La prolongación de su mandato por al menos otros cinco años, lo cual requeriría una reforma del estatuto del PCC

-La tutoría de un nuevo líder y de un selecto grupo para integrar un Politburo afín.

Veremos cómo se desenvuelven  las “características chinas”.

Ver:

https://youtu.be/6yrGWEY74zg

https://youtu.be/OtdDPEUaWrs

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