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Víctor Álvarez: No suban más el sueldo, paren la inflación

El presidente Nicolás Maduro decretó otro aumento de 30% del salario mínimo, el cual queda en Bs 177.507. También aumentó el bono de alimentación, que pasa a Bs 279.000. Sumando sueldo más cestaticket, el ingreso mínimo integral queda en 456.507. De este total, solo 40% es en rigor salario, mientras que 60% corresponde a un bono que no aplica para el cálculo de prestaciones sociales, vacaciones, aguinaldos, utilidades, etc.

En cuanto a las pensiones, con el aumento del salario mínimo más Bs 53.252 del “bono de guerra económica”, estas quedan en Bs 230.759. Las asignaciones a los Hogares de la Patria y beneficiarios del Plan Chamba Juvenil pasan de Bs 140.000 a Bs 190.000. Y a los portadores del carnet de la patria se les dará un bono navideño de Bs 500.000, monto que habrá que multiplicar por los 4.000.000 de hogares que recibirán este regalo.

¿De dónde sacará el Gobierno todo este dinero si el Fisco está sufriendo una nueva merma debido a la rebaja entre 3% y 5% del IVA recientemente aprobada para estimular las transacciones electrónicas? Seguramente solicitará a la ANC un crédito adicional para pagar el aumento de todas las nóminas públicas -que, además de los ministerios, incluye los institutos autónomos, empresas del Estado, gobernaciones, alcaldías, consejos legislativos regionales y concejos municipales. Imaginemos entonces el impacto que tendrá semejante torrente de dinero una vez que se le inyecte a una economía castigada por persistentes índices de escasez.

Aunque los aumentos de la nómina pública se financien con créditos adicionales que obligan a la emisión de dinero inflacionario, a la larga el desquicie de los precios también perjudica al Gobierno. Con la caída de la demanda y la contracción del PIB, las empresas cierran con pérdidas, pagan menos impuestos y no contribuyen de igual manera al ingreso fiscal. Además de la rebaja del IVA para incentivar las transacciones electrónicas, el Gobierno recibe menos impuestos ante el rebusque de las familias que, para su ingreso, realizan un creciente número de operaciones de compra-venta sin pedir factura para no tener que pagar el IVA. Y vuelve a perder ingresos reales el Fisco cuando el ajuste nominal de la unidad tributaria es menor a la inflación.

Por lo tanto, cuando un gobierno gasta más de lo que le ingresa, lo que hace es inyectar más poder de compra del que sustrae por la vía del cobro de impuestos. Para cubrir esa brecha, el Gobierno y las empresas del Estado se endeudan con el BCV, el cual emite dinero sin respaldo en la producción. Y al inyectar ese caudal de dinero a la circulación doméstica, muchos bolívares salen a comprar unos bienes cada vez más escasos, y eso atiza aún más la inflación.

En la desenfrenada carrera de salarios vs inflación, siempre salen perdiendo los salarios. Cuando el aumento de la canasta alimentaria es mayor al incremento salarial, esto no solo anula el aumento más reciente, sino que también devora parte del salario anterior. Así, los aumentos del salario mínimo se convierten en pura ilusión monetaria, ya que nominalmente se gana una mayor cantidad de bolívares, pero en la realidad se puede comprar menos bienes.

Una inflación mayor que el incremento salarial desemboca en un empobrecimiento generalizado de todos los hogares que dependen de un ingreso fijo. En lugar de seguir decretando compensaciones con un efecto cada vez menor, lo que se impone es atacar la raíz del problema a través de una eficaz estrategia para erradicar las causas que generan y propagan la inflación. Ante la persistencia de una voraz inflación que vuelve sal y agua cualquier aumento salarial, es preferible que no suban más el sueldo pero que paren la inflación. Solo así se podrá preservar el poder adquisitivo de las familias venezolanas.

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