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César Malavé: La educación proscrita

La educación, como la disidencia política, ha sido proscrita en Venezuela por el régimen totalitario del chavocastromadurismo. El hecho antropogógico plural y ecléctico es otra víctima de la improvisación de un sistema sin brújula ni timón. La autodenominada revolución bonita se ha ocupado de la educación con dos fines igual de perversos: adoctrinar a los muchachos y adulterar la historia, en los primeros niveles del sistema. Y como si esto fuera poco, las casas donde se refugiaron como enemigos de la democracia y desde donde muchas veces atentaron contra ella, sobre la base de su autonomía, se han reducido a aulas acríticas y espacios sin capacidad de auto regentarse. Duele en el alma una deserción de escolares que se estima en un alarmante 50%, y de profesores, en otro escabroso 30%, pareciera importarles algo menos que casabe a los capitanes de una “revolución” que ha cumplido a cabalidad, eso sí, el encargo de retrotraernos a los más primitivos espacios de la historia: aquellos en que la necesidad de sobrevivencia nos empuja hacia la ausencia del orden, de la ley, del respeto al otro. No es prudente esperar, por tanto, a que el país salga de la crisis actual para comenzar a reconstruirla. Pensar así es invertir las prioridades, porque si no se recupera la cordura, desde ya, si no obra entre los venezolanos un profundo cambio de actitud, ninguna rectificación será posible en el futuro. La educación  es la única forma que hay de liberar. Educarse y educar es   la anti fatalidad por excelencia, lo que se opone a que el hijo del pobre tenga que seguir siendo pobre, a que el hijo del ignorante tenga que ser siempre ignorante. La Educación es el arma más efectiva contra la fatalidad.

Este régimen, como todos los totalitarios y fascistas es Sofofobico. Basta ver esta realidad que nos mortifica para observar el trato deshonroso que se da al educador venezolano, enfrentado a un alumno que lo desafía y a quien no puede reprender, ni aplazar. Y el salario de miseria que perciben, la estima tan baja en que socialmente se les tiene, a pesar de que a ellos y no a otros se deben las puertas que se les abren en el exterior a nuestros profesionales, en esta dolorosa hora de diáspora. De manera que su esfuerzo es indirectamente valorado afuera, pero menospreciado por el régimen del “presidente obrero” y su predecesor. Es urgente la misión de reconstruir los cimientos morales del país, y restaurar la meritocracia, el culto al trabajo, al estudio, al esfuerzo sostenido, y por supuesto a la honestidad. Es hora de repatriar la educación a través de nuestra voluntaria y desinteresada participación en el hecho educativo. Por la educación pudiéramos alcanzar el cambio significativo que tanto anhelamos. En Nueva Esparta, junto al gobernador Alfredo Díaz y con el nuevo equipo de la Dirección Sectorial de Educación, encabezado por Celis Rodríguez,  un educador formado en la escuela de Luis Beltrán Prieto Figueroa, lo estamos intentando. La tarea no es fácil por la situación desastrosa en la que encontramos la Dirección de Educación de la ínsula, arrasada por la improvisación y el malevaje de quienes fungían como directores del despacho.

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