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Enrique Meléndez: Un secuestro asfixiante

 

Locura más locura y más locura. No es que Nicolás Maduro no entienda que un aumento compulsivo de salarios, no es sino ponerle leña a la candela; como le dicen los economistas, está comprobado en su caso que comunista es dogmático por su visión de mundo totalitaria; de modo que se hace oído sordo de estas recomendaciones; partiendo de la idea de que si se congelan los precios de algunos productos, y se suben los salarios, entonces se produce una nivelación en el ingreso de la gente: lo que se conoce como la lógica más elemental.

Desde Maquiavelo se ha dicho que no es tan grave que un mandatario se ría de sus gobernados; que lo grave es que éstos se rían de sus gobernantes; que es lo que sucede cada vez que Nicolás Maduro hace un anuncio de aumento salarial; que la gente lo toma por broma, comparando su porcentaje con la magnitud de la inflación; que padecemos los venezolanos; un porcentaje mínimo, cuya consecuencia va en proporción geométrica al daño que causa en la economía.

Porque todo se desata, a nivel de precios; de nuevo van a la calle miles de trabajadores; en efecto, las grandes empresas, asesoradas por firmas de análisis macroeconómico, ya sabían que para antes de finales de año venían dos aumentos salariales; pero algunas pequeñas empresas no; de modo que ante la circunstancia han tenido que proceder a reducir personal, cuando no a cerrar la santamaría; lo que significa más gente para el mercado informal y los más vulnerables, para poder subsistir, para la delincuencia: todos los días se roba algo: la batería de un carro, un celular; lo que encuentre mal parado, y que lo vende al mejor postor.

Uno diría que aquí quien arrebata tiene una reducida ganancia; en relación a la que obtiene el aguantador; una vez que aquél se le ha aparecido con pieza de repuesto o con un celular. Habría que hacer un cálculo de las ganancias que obtiene este mercado del latrocinio; libre de impuestos, por lo demás, y del que medra la malandrería. Estamos en el país de los vivos; como se acaba de demostrar en las pasadas elecciones en un país, cuya población presenta ya graves casos de desnutrición, y producto, precisamente, de esta política de Maduro a base de palos de ciegos; no obstante, el gobierno arrasó en las mismas.

Todo el mundo se ha vuelto famélico en este país; mientras que se dan casos de gente; que uno la veía que iba camino a una vejez muy feliz, que de pronto muere, sobre todo, por falta de medicamentos. Por eso hay luto en todos los hogares de Venezuela, con familias atomizadas, porque los hijos se han tenido que ir al exterior; con prohibición absoluta, en muchos casos, venir ahora en Navidad; so pena de que le pase lo mismo que Mónica Spear; cuya familia se había ido del país, por temor al hampa, y en una venida decembrina, por pocos días, cae víctima de la misma. Un país que hasta las seis de la tarde funciona. A partir de este momento el hampa lanza su toque de queda, y así el transporte, que llaman troncal, se paraliza; grave, sobre todo, para los trabajadores de los restaurantes de la llamada comida chatarra, por ejemplo, de los Altos Mirandinos; que viven en los barrios de Los Teques, y quienes para poder llegar a sus casas o tienen que pagar una carrera de carros, con motivo de la hora de la noche, en la cual salen de sus trabajos, cuyo costo le sale por encima de lo que pueden sus ingresos; cuando no a dormir en las casas de amigos.

De modo que Maduro decreta aquí un aumento salarial de setenta por ciento, y a la vuelta de la esquina se ha producido un aumento de cien por ciento en las tarifas del transporte público; como acaba de ocurrir en el transporte, precisamente, de los Altos Mirandinos; que ha montado de un mil cien bolívares a dos mil doscientos, y como le ha respondido uno de los choferes de una de las busetas a un pasajero, que le ha dicho que él no compra todos los días cauchos para su vehículo; que eso es verdad, sólo que para reunir cuatro millones de bolívares; que vale un caucho hoy en día de una buseta, no es cuestión de todos los días; aparte de que, así como tiene que cambiar de cauchos, también tiene que cambiar de batería, y tiene que cambiar el aceite del motor, y así sucesivamente, cuyos costos hoy en día son tan elevados como el precio de los cauchos.

He allí el sentimiento de secuestro que uno padece; un sentimiento de claustrofobia, sobre todo, por la impotencia que causa el no poder tener capacidad de transformar esta penosa realidad; primero, porque estamos ante una clase gobernante, que le saca partido a la miseria de la gente; en el entendido de que en estas condiciones más se favorece desde el punto de vista económico; pues estamos ante un gobierno donde los ricos se hacen cada vez más ricos, y los pobres cada vez más pobres. ¿A quién benefician las fluctuaciones, que se dan en el mercado paralelo de las divisas? ¿A quien beneficia un dólar a cincuenta mil bolívares? A todos aquellos privilegiados que reciben dólares oficiales a diez bolívares. ¿No estamos frente a una de las más grandes aberraciones de cualquier economía?

Segundo, porque la única vía posible que había, para salir de esta clase gobernante, era la electoral, y ahora resulta que han terminado por viciar todo el sistema electoral, con todo el ventajismo del caso a favor de ellos; donde se dan todas las violaciones a la Constitución, incluida, el derecho a elegir; partiendo de las reubicaciones de los electores de algunos centros de votación, y cuyo destino obliga a muchos de ellos a desertar; visto el carácter desconocido y hasta peligroso de algunos de esos nuevos destinos, y notificándose dicha reubicación dos días antes del proceso comicial. ¿Qué nos queda ante semejante locura?

Ha dicho que piensa llamar a los tenedores de bonos, que deben ser cancelados a finales de año. ¿Será la ocasión en que reflexione?

Melendezo.enrique@yahoo.com

 

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