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Jesús Alexis González: Gastando suela por culpa de los fariseos

La teoría sobre el desgaste de la suela de los zapatos, es una metáfora del campo económico que hace referencia a la “tarea” que le impone la inflación a una gran mayoría poblacional en cuanto a acudir continuamente a los cajeros automáticos en función de intentar retirar billetes, que ante su falta de disponibilidad los obliga a recorrer muchos de ellos con el consecuente gasto de las suelas, habida cuenta que a pesar del  desprecio que se siente por ese dinero desvalorizado no existe otra alternativa que utilizarlo luego de largas caminatas como consecuencia de una profunda escasez.

La palabra fariseo, proviene del hebreo y significa “separado, separatista” y su doctrina se fundamenta en la inmortalidad del alma al tiempo de creer en la recompensa y en el castigo eterno incluyendo que el alma de los malos es enviada al infierno. A tenor del presente artículo, hemos inferido para el caso venezolano una diversidad de agregados fariseos a la luz que solo les interesa el poder, el dinero y una conducta delictual provista de impunidad como un reflejo de la “inmortalidad de sus fechorías”, al igual que la inhabilitación política, la prisión y el desconocimiento de la inmunidad parlamentaria como estrategia para “enviar al infierno a los oposicionistas”. En tal agregado, encontramos al chavismo-madurismo como “fariseos de la democracia”, a los corruptos y testaferros como “fariseos cómplices necesarios”, a los integrantes del narco-Estado como “fariseos de la droga”, a los ejecutores del Estado-fallido como “fariseos cooperantes”, a la cúpula militar como “fariseos uniformados”, a los paramilitares urbanos como “fariseos colectivos”, y a ciertas organizaciones sociales con fines partidistas como “partidos fariseos”. Dicho agregado, conformó  una “superestructura de pensamiento” que les ha facilitado despilfarrar (gran parte con fines personales) más de 2 mil quinientos billones de US$ durante el lapso 1998-2016  provenientes del sector petrolero, así como unos 140.000 millones de US$ por concepto de endeudamiento público donde un 45% aproximadamente son bonos en dólares; con la salvedad que gran parte de esa cantidad se encuentra depositada en el sistema financiero internacional a la sombra de “fariseos burgueses nacionales” en armónica conducta con “fariseos imperialistas” tanto comunistas y capitalistas quienes contribuyeron a malversar unos US$ 300.000 millones (según J. Giordani); y que en la actualidad están tímidamente repatriando  en la búsqueda de inmuebles que les permita experimentar la vanidad de la “riqueza” en la única geografía del mundo donde podrán hacerlo: Venezuela, lo cual explica en mucho la desesperación del chavismo-madurismo por mantenerse en el poder mediante una “democracia-dictatorial” bajo la complicidad de un tramposo CNE.

Sea propicio recordar, que el precio promedio del crudo venezolano se ubicó para el año 1999 en US$ 16/barril, en 32/b para 2004, en 84/b para 2010, en 103/b para el lapso 2011-2013, en 90/b para 2014, en 25/b para 2015, y de US$ 40/b para los años 2016-2017. Es de manifiesta obviedad, que durante el trienio 2015-2017 se suscitó una precipitada caída de los ingresos petroleros que ha debido ser enfrentada por el gobierno con la instrumentación de  un racional plan de ajuste fiscal con énfasis en una reducción del gasto público; que en contrario ha venido siendo “enfrentado” mediante una perniciosa emisión de dinero inorgánico con sus terribles y nefastas consecuencias inflacionarias para el pueblo, al tiempo de abonar en favor de la corrupción y la dictadura por intermedio de un control de cambio que causa tanto daño a la democracia como el inducido por el dueto tsj y cne (ambas minúsculas son intencionales).

La inflación, es un parámetro macroeconómico que hace referencia al crecimiento generalizado de los bienes, servicios y factores productivos lo cual propicia que el bolívar valga menos cada día; o lo que es lo mismo la inflación refleja la disminución del poder adquisitivo de nuestra moneda impulsada por el aumento del dinero en circulación sin la correspondiente generación de productos, hecho que facilita afirmar que el alza de los precios es una consecuencia de la inflación y no la inflación en sí misma. Suelen distinguirse distintos tipos de inflación interactuantes, tales como (1) monetaria cuyo comportamiento responde a la política monetaria del gobierno cuando ordena emitir billetes sin un respaldo económico real (bienes, reservas de divisas, oro) induciendo que el dinero pierda su valor habida cuenta que los precios aumentan para ajustarse al nuevo valor real de la moneda ya que entra en circulación más dinero para comprar productos que no están a la disposición de los consumidores; (2) de producción (en mucha provocada por la anterior) donde los precios suben cuando los consumidores aspiran demandar una cantidad de bienes superior a los existentes en el mercado provocando un claro desequilibrio entre la  oferta y la demanda; (3) estructural o circulo vicioso de la inflación: los salarios suben porque suben los precios, los precios suben porque suben los salarios hasta perfilar una hiperinflación que disminuye el nivel de vida en particular y el bienestar social en general en el marco de un aumento de la pobreza al tomar la figura de un impuesto regresivo (se capta un porcentaje menor en la medida que el ingreso aumenta).

Reflexión final: Venezuela ha venido reflejando en los últimos diez años la inflación más alta del mundo, que de hecho ha sido controlada en la casi totalidad de los países, lo cual demuestra la intención de la dictadura de no enfrentarla al punto que según el Fondo Monetario Internacional su tasa estará cercana al 1.000% en 2017 y se situará en 2.349% para 2018  a la luz de un narco-Estado y de un Estado-fallido que utiliza la inflación como estrategia para intentar doblegar el valor moral y la dignidad de los ciudadanos con el fin ulterior de alcanzar su sumisión. Ante ello, la población debe proponerse instrumentar una “inflación social” contra la perversa dictadura centrada en dos frentes: (A) Soslayar la incitación al apoliticismo, y (B) Abandonar la “misantropía política” entendida como huir del trato o sentir aversión hacia otras personas oposicionistas por el simple hecho de tomar caminos distintos que en todo caso conducen a la misma meta: ¡¡derrotar la dictadura!!

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