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Jaime García: “El bocado grande es el que ataruga”

Con esta frase veguera, que ha sobrevivido a través de varios siglos en el sociolecto de los venezolanos queremos alertar a todos mis paisanos como será nuestro modo de vida dentro muy breve tiempo.

En efecto, una de tantas promesas en su campaña electoral el fallecido ex presidente Chávez era el combate a la corrupción en el más amplio sentido. En ningún momento prometió en su campaña algún modelo socialista, mucho menos comunista. Y para muestra un botón. En la Constituyente de 1999 paternalizada por Chávez, no hay nada escrito sobre el tema, porque obviamente si en su pensamiento hubiera existido algo parecido, indubitablemente que fuera quedado plasmado en nuestra carta magna vigente.

Desde hace aproximadamente 10 años, se ha venido gestando cada vez con más intensidad, una serie de fenómenos antropológicos, sociológicos y sicológicos a través de los canales del estado e inclusive en las largas cadenas presidenciales alienando al ingenuo venezolano no acostumbrado a este tipo de manipulación opiosa.

En efecto, los valores y cultura del país  poco a poco han sido moldeados con un fin siniestro típico de países comunistas. El respeto, el amor al prójimo, la urbanidad, las buenas costumbres están siendo ninguneadas para darle paso a la veneración de personas fallecidas, premiar a los chismosos o patriotas cooperantes como también se les denomina. Metódicamente se nos inculca que el imperio norteamericano es malo, pero en cambio el imperio Chino y el Imperio Ruso son amigos que cándidamente solo quieren ayudarnos contra las grandes transnacionales. A los empleados públicos se les prohíbe hablar mal de Chávez, La revolución y la patria debe estar por encima de nuestras familias, etc.

Podríamos hacer una letanía pública y notoria de la transculturación y alienación manifiesta que ha venido logrando está mal llamada revolución, los pilares democráticos son genuflexos al presidente de la república, jamás un presidente venezolano había tenido tanto poder político. Tiene una central de trabajadores, leyes habilitantes, medidas de excepción aprobadas por la anterior asamblea nacional, un tribunal de justicia que lo respalda, un ministerio publico obediente, una defensoría del pueblo que solo defiende al Sr. Presidente, en fin como en todo país comunista el presidente de la república es dueño y señor del presente y futuro de los venezolanos. Este gran poder hegemónico y absoluto jamás ha sido usado ni será usado para desarrollar al país, solo está haciendo usado con mucho vigor para instaurar un comunismo anacrónico e inhóspito.

Este monstruo llamado revolución, nos ha venido masticando y tragando lentamente, igualito como hacen las Boas constrictoras cuando atrapan a una incauta presa. Pero falta el “bocao grande”. La rebelión pacifica bien sea a través del voto o a través de la toma de las calles. Nadie puede obligarnos a ser comunista. Nadie tiene derecho a matarnos de hambre.

Con esta frase veguera, que ha sobrevivido a través de varios siglos en el sociolecto de los venezolanos queremos alertar a todos mis paisanos como será nuestro modo de vida dentro muy breve tiempo.

En efecto, una de tantas promesas en su campaña electoral el fallecido ex presidente Chávez era el combate a la corrupción en el más amplio sentido. En ningún momento prometió en su campaña algún modelo socialista, mucho menos comunista. Y para muestra un botón. En la Constituyente de 1999 paternalizada por Chávez, no hay nada escrito sobre el tema, porque obviamente si en su pensamiento hubiera existido algo parecido, indubitablemente que fuera quedado plasmado en nuestra carta magna vigente.

Desde hace aproximadamente 10 años, se ha venido gestando cada vez con más intensidad, una serie de fenómenos antropológicos, sociológicos y sicológicos a través de los canales del estado e inclusive en las largas cadenas presidenciales alienando al ingenuo venezolano no acostumbrado a este tipo de manipulación opiosa.

En efecto, los valores y cultura del país  poco a poco han sido moldeados con un fin siniestro típico de países comunistas. El respeto, el amor al prójimo, la urbanidad, las buenas costumbres están siendo ninguneadas para darle paso a la veneración de personas fallecidas, premiar a los chismosos o patriotas cooperantes como también se les denomina. Metódicamente se nos inculca que el imperio norteamericano es malo, pero en cambio el imperio Chino y el Imperio Ruso son amigos que cándidamente solo quieren ayudarnos contra las grandes transnacionales. A los empleados públicos se les prohíbe hablar mal de Chávez, La revolución y la patria debe estar por encima de nuestras familias, etc.

Podríamos hacer una letanía pública y notoria de la transculturación y alienación manifiesta que ha venido logrando está mal llamada revolución, los pilares democráticos son genuflexos al presidente de la república, jamás un presidente venezolano había tenido tanto poder político. Tiene una central de trabajadores, leyes habilitantes, medidas de excepción aprobadas por la anterior asamblea nacional, un tribunal de justicia que lo respalda, un ministerio publico obediente, una defensoría del pueblo que solo defiende al Sr. Presidente, en fin como en todo país comunista el presidente de la república es dueño y señor del presente y futuro de los venezolanos. Este gran poder hegemónico y absoluto jamás ha sido usado ni será usado para desarrollar al país, solo está haciendo usado con mucho vigor para instaurar un comunismo anacrónico e inhóspito.

Este monstruo llamado revolución, nos ha venido masticando y tragando lentamente, igualito como hacen las Boas constrictoras cuando atrapan a una incauta presa. Pero falta el “bocao grande”. La rebelión pacifica bien sea a través del voto o a través de la toma de las calles. Nadie puede obligarnos a ser comunista. Nadie tiene derecho a matarnos de hambre.

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