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Loterías: Opio y colchón financiero ante la crisis venezolana

Juegos de azar como los “animalitos” proliferan en Venezuela, sumida en una grave crisis económica y social. ¿Qué factores hay detrás de este fenómeno?

A veces el futuro de una familia, y quizás de un país, depende de un animal, o al menos de un pequeño dibujo de este. Algo así pasa en Venezuela, donde la lotería de los “animalitos” se ha convertido en toda una fiebre popular en un país en el que la incertidumbre es la rutina cotidiana y las finanzas personales quedan a merced de los vaivenes políticos. Hasta 38 especies, entre ellos la ballena, el perro o la cebra, prometen (sin certeza alguna) al pueblo unos ingresos que aparentemente el mercado laboral es incapaz de garantizar.

Este juego de azar, sin embargo, no es el único con el que se han volcado los venezolanos. La percepción generalizada es que cada vez son más los que recurren al azar para tratar de garantizarse unos ingresos que de otro modo ven peligrar.

Nelson Fréitez, sociólogo de la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado, apunta que las sociedades organizadas en torno a actividades extractivas, como la minería o el petróleo, son proclives a acoger una mayor presencia de los juegos de azar. “El petróleo es una actividad que genera muchos recursos”, explica el analista social, “ese excedente circula en la sociedad y da lugar a prácticas especulativas y no productivas”.

A su juicio, estas actividades proliferan en Venezuela desde la década de los cuarenta del siglo pasado, pero se disparan en épocas de crisis. Y ello es porque ofrecen una vía alternativa de ingresos en una sociedad poco productiva, con bajos niveles de empleo bien remunerado y escasa actividad económica estable. “La población, excluida de la economía formal, busca en los juegos una forma de sobrevivencia económica”, apostilla el experto venezolano.

Apostar para llegar a fin de mes

El contexto socioeconómico de la gran mayoría de la población venezolana es el de un empobrecimiento acelerado en los últimos años. La desmesurada inflación, que según las estimaciones del FMI superará el 2000% en 2018, ha vaciado los bolsillos de quienes más dificultades tienen para llegar a fin de mes.

La encuesta de Condiciones de Vida de la Población (Encovi) refleja tan dramática situación. Elaborado por tres universidades, este estudio pone de relevo las dificultades de los venezolanos para ejercer soberanamente su ciudadanía. Entre estos desafíos se encuentran la informalidad del mercado laboral, especialmente en los sectores menos productivos, la baja educación del capital humano y la elevada vulnerabilidad de las capas sociales más desfavorecidas.

No hay cifras ni registros que permitan establecer comparaciones, pero las imágenes recogidas por los medios de comunicación locales e internacionales son las de largas colas ante los centros de lotería. Y lo que cuentan muchos de ellos es que las apuestas son una fuente de ingresos que complementa a unos salarios insuficientes para subsistir.

Pero psicólogos y sociólogos llaman la atención sobre el carácter placebo de estas costumbres adquiridas, que pese a poder ofrecer soluciones (azarosas y arriesgadas) a corto plazo, no dejan de ser un mecanismo de evasión. La lotería puede ser un reconfortante consuelo de gran inmediatez.

En busca de una cultura del trabajo

No se trata, sin embargo, de una cuestión de organización social o económica. También hay componente cultural. Para Fréitez, la venezolana “es una sociedad poco planificada, que vive al día y que depende de la suerte”. Por ejemplo, de las oscilaciones del precio del petróleo.

El sociólogo ahonda en esta idea: “Hemos sido muy dependientes de un solo recurso. Es una sociedad que se acostumbró a una riqueza fácil. Las apuestas y la lotería son una vía para alcanzar una riqueza fácil sin mucho esfuerzo y trabajo”.

De cara al futuro, incide en que lo importante es desarrollar una cultura del trabajo productivo y sistemático, así como del ahorro y de la planificación familiar a medio y largo plazo. No es ninguna empresa imposible: los venezolanos que viven en el exterior son prueba de que este pueblo es tan capaz como cualquier otro de sacar el máximo provecho a su esfuerzo. Ellos,  subraya Fréitez, “demuestran que cuando estamos bajo un contexto social, económico y cultural diferente, podemos cambiar”.

La clave para generar este cambio, agrega, es la educación: “La lotería es una consecuencia de no tener una cultura del trabajo, de dejar que el futuro de uno dependa de su suerte”. Y apunta hacia arriba: “Todo depende de las élites que dirigen la sociedad y, sobre todo, el sistema educativo”.

Mientras tanto, parece que muchos venezolanos seguirán jugando su futuro a una ballena o una cebra.

DW

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