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Eduardo Fernández: Elecciones municipales

Hasta la reforma política de 1989, en Venezuela no existía la figura del alcalde. Había elecciones cada cinco años y existía una tarjeta mágica: blanca, verde, amarilla o roja, que al depositarla en una urna electoral servía para elegir al Presidente de la República, a los senadores -dos por cada estado-, a los diputados al Congreso Nacional, a los diputados a las asambleas legislativas regionales y a los concejales. Todo eso con una sola tarjeta. Los gobernadores de estado eran designados por el Presidente de la República, y en lugar de alcaldes tuvimos presidentes de los concejos municipales que duraban un año en sus funciones y que no contaban ni con recursos económicos ni con atribuciones suficientes como para atender las necesidades del municipio. Así ocurrió durante los primeros treinta años de la república civil, desde 1958 hasta 1989.

En 1988 le presenté a los venezolanos una propuesta que se llamó “Hacia una Democracia Nueva”. Esa plataforma fue el fruto de un Congreso Ideológico, bautizado con el nombre ilustre de Arístides Calvani, que celebró la Democracia Cristiana Venezolana en 1987.

La propuesta incluía la elección popular de los gobernadores y la creación de la figura del alcalde. Los primeros, para ocuparse de los problemas de cada estado, y los segundos para ocuparse de los problemas de cada municipio.

En esa plataforma propusimos, además, separar las elecciones nacionales de Presidente de la República y Congreso Nacional de las elecciones regionales de gobernador de estado y su correspondiente Asamblea Legislativa y de la elección de los alcaldes con su correspondiente Concejo Municipal. Propusimos también la personalización del voto. Es decir, en lugar de votar por el color de un partido, invitábamos a una elección en la que los electores se pronunciaran por líderes regionales o municipales con su nombre y apellido.

Todas esas reformas fueron aprobadas por el Congreso Nacional elegido en diciembre de 1988. En ese Congreso, los partidos Acción Democrática y Copei tenían una mayoría determinante, a la cual se sumaron otros partidos para hacer efectiva la reforma.

Ahora los venezolanos hemos sido convocados a una nueva elección de gobiernos municipales. Por una extraña razón se están eligiendo solamente los alcaldes y no los concejales. Así como el 15 de octubre elegimos solamente a los gobernadores y no a los consejos legislativos regionales.

La extremada polarización política que existe en el país hace que estas elecciones municipales estén absolutamente intoxicadas con los temas nacionales. Es lamentable. En próximos artículos comentaré lo que debería ser una elección municipal, con sus características específicas.

Seguiremos conversando.

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