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Nelson Totesaut Rangel: El Buscaminas

Resulta, al menos, curioso el comportamiento de la oposición cada vez que encara un proceso electoral. Dubitativa es, sin duda, su reacción ante el anuncio de una competencia de esta naturaleza. A veces participa, a veces no. Algunas veces gana y otras pierde. Unas veces asume el resultado, otras lo desconoce. Es decir, un bipolarismo cuasi inentendible, que ha de ser estudiado con mayor profundidad.

Todo pareciera indicar que vivimos bajo un autoritarismo con elecciones. De hecho, varios autores señalan que las autocracias con ciclos electorales son más propensas a durar en el tiempo. ¿Los motivos? Muchos. Sirven desde un mecanismo de “purga” interna del partido hegemónico, hasta para dar una pincelada democrática al país. Unas elecciones bajo esta realidad política resultan, entre otras cosas, capciosas. Es por ello que un tipo de gobierno autoritario que busque perdurar, logrará su objetivo más eficientemente si se somete a elecciones; las cuales, por supuesto, se darán y estarán condicionadas a los intereses del partido de gobierno.

Espejismo electoral
Un rasgo esencial dentro de este aspecto es la celebración electoral fuera de los parámetros constitucionales preestablecidos. Las fechas se volverán relativas siempre y cuando no convenga la realización de la mismas. De esta forma, se buscará el momento más apropiado, moviendo y controlando el calendario, bajo pretextos legales, mas no legítimos. Es decir, el gobierno estará dispuesto a celebrar elecciones solo cuando le convenga, ni antes ni después.

Esto genera un espejismo electoral. Fechas estipuladas y regulaciones legales que parecen sustentar el actuar. Empero, las mismas podrán siempre relajarse a conveniencia del partido. En cualquier democracia sana existe la posibilidad de modificar la norma, pero los mismos siempre estarán exentos de interpretación alguna; es decir, los encontramos tipificados en la ley, donde cualquier ciudadano será capaz de comprender el motivo por el cual se lleva a cabo dicho cambio. En contraste con las autocracias, en las cuales las justificaciones siempre serán más rebuscadas, posibles y empapadas de una ratio ideológica. En fin, como dice la politóloga Jennifer Gandhi: “la manipulación de las reglas va más allá de lo estándar”.

Oposición arrinconada
Aquí es donde se juzgará la capacidad de la oposición. La misma tendrá dos vías: la primera será apegarse a la legalidad extrema, conociendo como “nulos” cualquier actuación que se deslinde del pleno derecho. Es decir, evaluará la situación desde un punto de vista kantiano, en donde a los medios hay que darles una valoración moral acertada. Entonces, caerá en la trampa esperada, ya que al quedarse en la interminable discusión dialéctica sobre la “justicia”, el espejismo electoral actúa y deja como ganador a aquellos que aceptan someterse ante aquel proceso; sea desventajoso o no.

La otra vía opositora será reconocer, precisamente, esta realidad. Aceptarla, abrazarla y no negarla. Los sistemas autoritarios pueden ser cambiados bajo sus mismas reglas -la historia está llena de ejemplos-, para ello deben de tomar una concepción más maquiavélica del asunto y ver el “fin” como el único justificador de los medios empleados. Esta vía no es fácil, y no solo nos referimos a las minas que se encuentren en el camino. El profesor Andreas Schedler, dice que estos procesos sirven, por un lado, para “legitimar” al sistema y mostrar la popularidad del partido de gobierno; y, por el otro, para desmoralizar y desmovilizar a las fuerzas opositoras.

Buscaminas
Venezuela resulta el perfecto caso de estudio. La oposición sigue entrampada en la discusión dialéctica que no la deja avanzar. Y, cuando se pone de acuerdo sobre el camino a tomar, pisa una mina que la frustra y la desintegra. Lo mismo le ocurrió en las elecciones de gobernadores. No supieron entender que están jugando contra el árbitro, por lo que han de adaptarse a todas las exigencias que el mismo les haga, evitando así caer en las trampas. Pensando, quizás, en aquel famoso juego “Buscaminas”, detectándolas a tiempo, para poder seguir jugando.

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