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Jesús Alberto Castillo: ¿El primo Héctor o el señor Héctor en Marigüitar?

Algunas personas en Marigüitar se me han acercado para decirme que con Héctor Frontado, candidato del PSUV a la alcaldía del municipio Bolívar, ahora sí “me voy a poner en la buena”. Su razonamiento obedece a que el flamante aspirante es primo de mi esposa y forma parte del círculo familiar íntimo. Pero se han llevado una sorpresa cuando respondo que, más allá de la cercanía familiar, no voy a votar por él. Por supuesto, en un país como el de hoy, donde la política se ha convertido en una rebatiña y compra de votos, es comprensible que algunos piensen así. Pero la política nada tiene que ver con eso. Es un compromiso serio, nutrido de verdaderos ciudadanos que deben apostar a los intereses del país,  más que a prebendas personales.

Al primo Héctor lo conozco bastante. Es un joven nacido en Cumaná y desde muy joven aprendió el oficio de cantar galerón de la mano de su padre, Julián Frontado, el famoso “Turpial de Cumaná, un hombre polifacético y de buen humor. Su inquietud juvenil lo llevó a incursionar en la política. Se lanzó candidato a alcalde en el municipio Mejía, por un movimiento disidente del chavismo, en las elecciones pasadas, pero no pudo con la victoria de Martha Laura Patiño. Su olfato político lo llevó al lado de Edwin Rojas, donde ocupó el cargo de Secretario Privado, es decir, su mano derecha. Como parte del ajedrez político del mencionado gobernador, fue propuesto candidato recientemente a la Alcaldía del municipio Montes y, sorpresivamente, traído para Marigüitar.

El primo Héctor cae bien. Es joven, carismático y bonachón. A pesar de tener poco tiempo en la praxis política, le ha ido bien. Su mayor reto es formarse política y gerencialmente. No es cualquier cosa a la que aspira. No basta con ofrecer o vender a los electores que resolverá los problemas del municipio Bolívar. Sin embargo, los dantescos recursos que pueda manejar por intermedio del aparato oficial le pueden servir para cautivar a muchos, quienes aprovechan las circunstancias electorales, aunque tengan que lamentarse más tarde. En lo personal le tengo un alta estima al primo Héctor y le deseo éxito, pero no votaré por él, porque políticamente representa a Maduro, Edwin Rojas y Tareck El Aissami. Él debió luchar en Mejía, donde realmente vota. Es mi modesto consejo para alguien que aprecio  personalmente, pero que difiero en lo político. Cuestión de principios, pues.

En la otra acera de la contienda está su tocayo Héctor García, exalcalde y conocido por todos como “El señor Héctor”. Todo el mundo sabe que con él he tenido encuentros y desencuentros en el plano político. Pero debo reconocer su perseverancia y la existencia de muchos seguidores que recuerdan su gestión con nostalgia. Vuelve con un aprendizaje a cuesta. En esta oportunidad mantiene su condición de independiente, aunque lo apoyan las tarjetas del MAS, Avanzada Progresista,      Nuevo Tiempo y ASIS. Su campaña se ha centrado en el toque puerta a puerta para recordar las cosas buenas de su gestión. Su ventaja radica en la experiencia acumulada y capacidad de lobby para gestionar asuntos gubernamentales. Personalmente, me ha tocado observar a muchísimas personas que recuerdan y agradecen su gestión. Incluso, no lo vinculan con el actual burgomaestre, lo cual pudiera ser un punto a su favor. Su mayor reto será convencer a las bases de los partidos opositores que han llamado a la abstención y a aglutinar a los jóvenes electores.

En fin, es una contienda interesante entre dos Héctor. Uno, lleno de juventud y representante de Maduro. Otro, con experiencia acumulada y arraigo en Marigüitar. Son dos proyectos políticos distintos que se pondrán a prueba. El problema aquí no es un asunto de familia sino de política, el cual marcará el futuro de este municipio y Venezuela. Pero como dice el dicho, la última palabra la tiene el pueblo. Después, no habrá tiempo para arrepentimiento. Para terminar, mi mayor respeto para la bella familia Frontado ante cualquier interpretación de lo expuesto en esta tribuna opinática, la cual me ha costado mantenerla por casi dos décadas en este prestigioso diario.

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