Inicio > El pizarrón de Fran > El pizarrón Opinión > Guillermo Ortega: La trampa de la deuda

Guillermo Ortega: La trampa de la deuda

La combinación de una moratoria, un proceso de suyo traumático, y una tragedia macroeconómica que combina una brutal caída del producto con una tasa de inflación ya en los niveles de 40% mensual, trae a la memoria acontecimientos similares que se han presentados otros momentos y lugares. En nuestro caso, es una puesta en escena que se ha venido anunciando, algunos incluso invocando con toda clase de ritos y que finalmente pareciera estar consumándose. De una combinación como esa es muy difícil escapar, por cuanto la respuesta más sencilla, la que surge de achacar a una causa exógena el origen del problema, al final termina en una especie de trampa. Es totalmente equivocado pensar que ahorrar el servicio de la deuda es la solución, es apenas una parte del problema y, ciertamente, un círculo vicioso donde fácilmente se puede estar atrapado.

En 1919, Keynes publicó un texto, Las consecuencias económicas de la paz, el cual lo catapultó a la fama mucho antes que publicara la Teoría General, en el que advertía que la imposición contra Alemania de los pagos por compensación de la Primera Guerra Mundial llevarían a la economía alemana a una situación desastrosa. El desastre vendría pocos años después en la forma de hiperinflación, en 1922, con una tasa de inflación mensual que llegó a alcanzar cerca de 30.000% mensual y un total descalabro del sistema financiero. Eran por las consecuencias fiscales de imponer a una economía, realizar trasferencias neta al exterior que para la fecha alcanzaban a casi cerca 20% del producto interno.

Hoy se sabe que la hiperinflación además agrava el problema fiscal en la medida que las finanzas públicas colapsan al punto que ni siquiera el impuesto inflacionario puede seguir recaudándose. Algunos podrían estar tentados a hacer una analogía con la situación venezolana. Es cierto que las transferencias al exterior juegan un rol fundamental, el servicio de la deuda externa consume cerca de 12% del producto, y con relación al colapso en las cuentas fiscales, el financiamiento monetario cubre casi 40% de los gastos de los gastos del sector público. Ahorrarse el servicio, sobre todo en una economía que ha hecho una drástica reducción del gasto, está muy lejos de ser la solución.

El desbalance fiscal en Venezuela, tiene su origen en una enorme distorsión en la estructura tributaria y un mecanismo de subsidios que por sí solos implican magnitudes mucho más importantes que la deuda. El gobierno recauda muy pocos impuestos y por otra parte gasta en subsidios que son muy ineficientes. El cobro de impuestos a personas naturales, sobre los ingresos que producen, es de los más bajos en toda Latinoamérica. Solo por el lado del ingreso hay dos temas que en representan magnitudes similares a la deuda. El tema de ajuste de la gasolina es conocido. El asunto de los capitales privado poco se discute. En una economía donde sus nacionales mantienen sus ingresos en forma de activos externos, en dos veces el producto interno, que esos capitales paguen los impuestos que deberían tributar, de acuerdo a la residencia de sus inversionistas, al final en valor actual es casi el monto de los pasivos de la República y Pdvsa. Venezuela tiene casi 15 años de espaldas a los mercados voluntarios.

Todo el que se aproxime al tema de la deuda, con diferencias respecto a cómo hacerlo, tiene opciones en el manejo de activos y pasivos. El problema es que, aun reduciendo el servicio, las otras distorsiones son tan agudas que reducir la inflación de forma significativa requiere reformas que deben ser asumidas.

Te puede interesar

Compartir