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Pedro Morales: Insensatez, incoherencia e irresponsabilidad

El tipo de cambio referente que establece la pauta cambiaria es la relación bolívar-peso colombiano. La tendencia es hacia cero pesos por bolívar, y bajo esta condición la relación bolívar-dólar se dispara al “infinito”, a menos que se rompa con el sistema “insensato” de precios diferenciados. Bajo estas condiciones, ¿a quién favorece principalmente un tipo de cambio paralelo creciente?, ¿quién es el agente principal que requiere negociar con los dólares escasos para financiar gasto?, ¿cómo se “financian” los incrementos salariales? Es decir, estamos en presencia de una crisis deliberada e inducida, que se manifiesta por un grave problema de insensatez, incoherencia y sobre todo de irresponsabilidad por parte de quienes asesoran y conducen la economía nacional, pero además con complicidades de factores internos y externos, que sin duda obedecen a criterios y lineamientos “imperiales”, llámese Rusia, China, Estados Unidos, etc.

Indiscutiblemente, la gran “incertidumbre” que nos arropa se basa en que existe una extraordinaria “certidumbre” que todo agravará debido a que no cambia nada. En tal sentido, es muy probable que para finales del año todos los precios se duplicarán y la relación entre las divisas colombo-venezolanas se ubicarán en menos de 0,05 pesos por bolívar (pronóstico del 16-09-2017). Además, la dolarización de los productos está en función de las expectativas inflación-devaluación que superará con creces el 4.000 % y tipo de “cambio creciente esperado” cercano a los cero bolívares por peso, en contraste con la rigidez del salario o renta fija que reciben en bolívares sin poder adquisitivo los trabajadores honestos de Venezuela.

Es decir, los precios de los bienes y servicios que se ajustan “minuto a minuto” en términos del tipo de cambio “bolívar-peso” (que es el que realmente influye sobre la economía nacional) seguirán en pleno contrate con la remuneración salarial que ni siquiera se indexa o compensa en términos de los verdaderos niveles de inflación o mejor descrito como “híper-estanflación”: que en la práctica se traduce en una paralización o decadencia estructural o “inframundo”, caracterizado entre otros aspectos por un salario que se desvanece como la sal en el agua. Por consiguiente, los trabajadores necesitan que se les transfiera poder adquisitivo, por lo que es injusto y errado “satanizar” los incrementos salariales como la génesis de los problemas de inflación, desempleo, devaluación, etc., debido a que estos obedecen a causas estructurales más que coyunturales.

En conclusión, estamos inmersos en una realidad ilusoria construida bajo una concepción contradictoria: «socialismo que depende del capitalismo». Y no es cuestión de «alguien» que se tenga que cambiar sino de «algo» que debe desarraigarse, que en definitiva es el modelo rentista que se hace prevalecer con el fin de fijar el poder político basándose en la demagogia, el populismo y el clientelismo.

Por otra parte, desde una perspectiva económica, por lo menos son 10 años aproximadamente lo que las universidades en nuestro país han estado funcionando más allá del “Punto de Cierre Técnico”, es decir, con una evidente “pérdida económica” (mayores los costos tangibles, intangibles y de oportunidad) y una agravante desinversión y descapitalización continuada. No obstante, para iniciar la senda del crecimiento sostenido en Venezuela se requiere una Universidad que active en esencia el «triángulo de Sábato»: sinergia entre el gobierno, empresas y universidad. Así pues, se requiere invertir en las universidades, por lo que además de un justo y necesario presupuesto para gastos de funcionamiento y beneficios laborales (salarios entre otros) indexados.

Pero además, lo sensato en lo institucional, académico y económico es redimensionar y reestructurar los procesos académicos y administrativos, de forma que se ajusten a la realidad, con el propósito de optimizar los recursos universitarios a favor de la formación integral de nuestros estudiantes y en beneficio de la sociedad a la cual nos debemos.

 

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