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Ramón Guillermo Aveledo: Billetes y cuentos

En esta crisis de efectivo, cuando los puntos de venta están congestionados hasta el borde del colapso y nadie quiere dar vuelto, saco diez mil bolívares de un cajero automático y me los da en billetes de cien. Entonces recuerdo que hace casi un año, el 11 de diciembre de 2016, el presidente Maduro ordenó sacar de circulación ese billete en 72 horas porque se lo estaban llevando “mafias colombianas”. Después de varias prórrogas, cinco hasta abril y no sé cuántas cadenas, la cosa se quedó así.

El nuevo billete de cien mil bolívares dice 100, grande, en números, y cien mil, pequeño, en letras. Cosas del pudor del emisor o acaso de quienes, en perjuicio de todos le quitaron su autonomía. Hasta hace poco la reconversión monetaria fue en 2008, ese billete valdría cien millones de bolívares. Así como suena. En aquellos días el lema de la campaña del BCV era “Una economía fuerte, un bolívar fuerte, un país fuerte”. Hoy suena irónico. Por ejemplo, no alcanzan diez de esos billetes de cien mil para comprar un par de zapatos de cuero a un escolar.

Lo del dinero en efectivo lo sentimos porque afecta nuestras vidas. Pagar el transporte o el estacionamiento, comprar cualquier cosa. No es fruto de la casualidad ni obra del destino o la mala suerte, es síntoma del manejo irresponsable por parte del Gobierno de nuestra economía, la venezolana y la de cada uno de nosotros. Su consecuencia lógica.

La devastación de nuestra moneda, y con ella la destrucción de nuestros ingresos y nuestra posibilidad de ahorro, es el resultado de una tenaz sucesión de equivocaciones, sean decisiones o indecisiones, sostenidas con terquedad y empeño en contradecir la ciencia económica y las más sensatas prácticas en cuanto a manejo de la moneda, las finanzas, el Fisco y a despecho del sentido común.

Salvo el pequeño grupo privilegiado con acceso a dólares para beneficiarse en jugosos negocios, todos los venezolanos estamos empobrecidos. Vale menos el dinero que recibimos por nuestro trabajo, aunque aumente nominalmente la cantidad que nos pagan, y cuesta más todo aquello que necesitamos comprar para vivir, si es que se consigue.

Todos es todos. Incluso los empresarios más grandes y sus empresas. No se diga las medianas y pequeñas. Los trabajadores, los profesionales, los consumidores.

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