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Néstor Francia / Análisis de Entorno: Estudiar y luchar (24-11-2017)

A mediados de enero de 1958, pocos días antes de la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, vimos por vez primera una manifestación política callejera. Cursábamos el quinto de grado de primaria en la escuela Francisco Pimentel, que sigue ubicada en el centro-sur de Caracas. Estábamos en el patio de recreo y la calle detrás de la escuela podía divisarse a través de la larga reja que la separaba del patio (reja que ha sido sustituida tristemente por un muro, acaso por el uso de encerrarnos que nos ha impuesto el desarrollo del capitalismo por “razones de seguridad”). Pasó por allí, ordenada en dos columnas, una marcha de estudiantes del liceo Santiago Key Ayala,  en aquel entonces situado en las cercanías de la escuela. Los liceístas manifestaban enfundados en su uniforme de kaki marrón (no recordamos haber visto hembras en la demostración, lo cual no es raro, dados los prejuicios de la época), al grito de “¡Libertad, libertad!”.

Visión inolvidable.

Esos recuerdos nos abordaron ayer, cuando tuvimos el privilegio de estar en el  hemiciclo protocolar del Palacio Federal Legislativo en ocasión de que la nueva directiva de la Federación de Estudiantes de Educación Media se juramentara, por decisión propia, ante la Asamblea Nacional Constituyente. Estos muchachos y muchachas, entre los cuales hay algún@s que pueden ser catalogad@s todavía de niñ@s, son un canto de esperanza para el futuro de esta Patria. Cuando acabó la sesión, inmediatamente después de la juramentación, pudimos saludar a algún@s de ell@s, que mostraban lágrimas de emoción en sus ojos. Es la pasión pura que solo se puede hallar en lo mejor del gran movimiento político que es el chavismo.

Hubo además intervenciones realmente admirables de dos viejos robles de la revolución venezolana, Julio Escalona y Fernando Soto Rojas, plenas de sabiduría y portadoras de enseñanzas para la nueva camada de combatientes de la Patria que se apersonó en el hemiciclo.

Los jóvenes estudiantes han sido protagonistas de importantes momentos de la historia venezolana. Ayer sólo se recordaron las gestas contra la dictadura perezjimenista y las desarrolladas en los años del puntofijismo. Faltó acaso evocar a los universitarios de Caracas que se batieron en la batalla de La Victoria al mando de José Félix Ribas o la generación del 28 que enfrentó a la dictadura de José Vicente Gómez. Fíjese el lector que hemos hablado de “jóvenes estudiantes”, lo cual nos da pie para una inevitable reflexión. Para un revolucionario, ser estudiante debería ser una condición de vida (no en la segunda acepción que asienta el DRAE, “Persona que cursa estudios en un establecimiento de enseñanza”, sino en la primera, “Que estudia”). Hemos escuchado en algunos voceros públicos del chavismo, desde hace bastante tiempo, expresiones de desprecio hacia quienes han estudiado y hacia el trabajo intelectual, el cual obliga al estudio permanente de la realidad.

Hay quienes hacen inclusive elogio de la incultura, como si esta fuera una virtud de los pobres, así como la instrucción sería un atributo odioso de las clases altas. Algo de verdad contradictorio, pues uno de los objetivos de la Revolución es la elevación a altas cotas de la cultura general del pueblo y del conocimiento de la realidad en sus múltiples dimensiones.

La insuficiencia educativa de unos cuantos cuadros chavistas se hace notable en el carácter repetitivo, dogmático, superficial de su discurso. Por supuesto, las falencias culturales del pueblo son consecuencia de la exclusión atávica a la que ha sido sometido y, sobre todo, de la intención de fomentar la ignorancia como una herramienta de la dominación. En ese sentido, todo bolivariano debería tener siempre presentes dos conocidas frases  del Libertador: “Un pueblo ignorante es instrumento ciego de su propia destrucción” y “Un ser sin estudios es un ser incompleto”.

Una consigna del movimiento estudiantil de los años 60, retomada por la actual Federación de Estudiantes de Educación Media, era la de “Estudiar y luchar”. Esa frase tiene hoy absoluta vigencia y debería ser promovida y puesta en práctica por el movimiento chavista. Hemos visto, en la UBCH en la que hemos militado, muy poca preocupación por el estudio de la realidad, un mal extendido en amplias capas del chavismo. Es una especie de visión pragmática encerrada en el “tareísmo” y en las urgencia de la lucha ¿Eran acaso menos urgentes las luchas contra la dictadura del puntofijismo, en las cuales comenzamos a participar cuando nos hicimos militantes de la Juventud Comunista? En ese entonces los comunistas practicábamos el uso de los círculos de estudio como una de las más importantes tareas de la militancia. En ese sentido, la Juventud Comunista fue para nosotros una gran escuela.

Nosotros seremos estudiantes por el resto de nuestros días. Además de ser adictos de la información, vivimos con entusiasmo la aventura de estudiar cada día, conocer nuevos puertos en el vasto océano inabarcable del conocimiento humano. Promover el estudio, el crecimiento cultural y la profundización en la realidad debe ser una misión fundamental de la Revolución hacia el objetivo estratégico de que seamos un pueblo culto, creativo y con capacidad crítica.

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