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DW: Venezuela en bancarrota: ¿qué significa para los países vecinos?

Venezuela tiene dificultades para pagar su deuda externa. Ya sea un “default selectivo” o un eventual cese total de pagos: ¿qué efectos tienen para los países vecinos? La respuesta depara más de una sorpresa.

Nicolás Maduro, el presidente de Venezuela, asegura que Venezuela no entrará en crisis de pago. Hasta ahora, efectivamente, ha priorizado el pago de la deuda externa a las importaciones.  La cuestión es: ¿por cuánto tiempo más?

La deuda externa venezolana –cuya gestión es bastante opaca –se estima en unos 100.000 a 150.000 millones de dólares en total. Las reservas internacionales de Venezuela alcanzan actualmente a unos 10.000 millones de dólares. Y seguirán cayendo en 2018. El dinero de pago de cupones de bonos llega ya por cuentagotas a los acreedores.

En el primer y segundo trimestres de 2018, los pagos serán moderados. Pero en el tercer trimestre del año próximo amenaza una crisis similar a la actual: en agosto comienzan nuevamente vencimientos importantes. Una cesación de pagos generalizada de Venezuela parece ser solo cuestión de tiempo. ¿Cómo afectaría un default de Venezuela a sus países vecinos? Y ¿cómo se diferenciaría un default de Venezuela del default de Argentina en 2001?

La agonía de las importaciones

A diferencia de Argentina, los problemas de deuda y económicos  de Venezuela tendrían un impacto limitado en el resto de Latinoamérica. La razón: Venezuela exporta solo petróleo y sus importaciones provienen, en su mayor parte, de tres países: Estados Unidos (un tercio), China (20 por ciento) y Brasil (11 por ciento).

Además, Venezuela importa ya hoy muy poco: las compras en el exterior cayeron de unos 35.000 millones de dólares en 2012 a unos 18.000 millones en 2016. Los efectos para sus tres principales proveedores serían marginales.

El resto de las importaciones venezolanas se reparte entre diversos otros países y representan importes menores. Este año, las ventas de Colombia a Venezuela, por ejemplo, son de menos de 150 millones de dólares, una cifra muy reducida teniendo en cuenta que en 2008 fueron de más de 6.000 millones, según datos de la Asociación Nacional de Comercio Exterior de Colombia. Un default incluso podría hacer aumentar las importaciones, ya que divisas que se destinan hoy al pago de la deuda externa, podrían redirigirse hacia la importación.

Poco espacio de maniobra

“La crisis de los precios del petróleo desde finales de 2014, aunada a los pocos ahorros acumulados durante el boom petrolero y la mala reputación de Venezuela en los mercados financieros, reflejada en altas primas de riesgo, ya han de por sí disminuido de manera importante el comercio. Las exportaciones e importaciones venezolanas han venido cayendo año tras año desde el 2013. No veo que un default las pueda reducir mucho más”, dice Alejandro Márquez-Velázquez, investigador del Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Libre de Berlín.

Argentina estaba mucho más interconectada comercialmente con sus países vecinos y el default hizo entrar en crisis a Uruguay, el vecino más pequeño, y tuvo considerables consecuencias también para el comercio con Brasil (Argentina: tercer comprador).

Un buen negocio

A nivel financiero internacional, la deuda venezolana es actualmente un buen negocio, porque muchos bonos están cotizando al 20 a 25% de su valor nominal. Es decir, a los inversionistas que los compran no los inquieta mucho que los intereses se paguen atrasados. Si los intereses son del 10 por ciento anual, al año ya han recuperado la mitad del capital.

Dollarnoten (Fotolia/pioneer)Inversionistas: recuperación del capital en dos a tres años.

Bancos no están prácticamente involucrados en la deuda externa venezolana. Tenedores de bonos son inversionistas privados, hoy ya también muchos fondos de “distressed debt” (“buitres”), que saben cómo “jugar con fuego”. Además, los acreedores no son de los países vecinos, sino en un 60 por ciento norteamericanos. El resto se lo reparten China y, en menor medida, Rusia.

El peligro del “contagio financiero”

“No creo que haya contagio financiero”, dice Alejandro Márquez-Velázquez. “Generalmente cuando un país es declarado en default, los inversionistas hacen un análisis sobre indicadores preocupantes que puedan tener otros países similares. El indicador de deuda de corto plazo con respecto a las reservas internacionales es en el caso de Venezuela de alrededor del 300%. Para los demás países de la región, con excepción de Panamá, presenta valores mucho menores”.

Es decir, un “default” venezolano, si bien no desataría un “contagio financiero”, sí podría tener influencia sobre el “riesgo país” de otros países de la región. Afectadas podrían verse, sobre todo, las primas de riesgo de Colombia, Perú y Brasil. En todo caso, un “default” es un evento importante para los mercados financieros, que podrían dudar también de la capacidad de pago de otros países y de si vale la pena invertir en la región.

El zarpazo a los activos

Si se produjera un default, los acreedores podrían tratar de acceder a los activos de Venezuela en el exterior. En el caso argentino, los “fondos buitre” intentaron embargar (sin éxito), por ejemplo, la fragata “Libertad”, propiedad del Estado argentino.

CITGO Erdölraffinerie (Getty Images)Refinería de CITGO en Lemont, Illinois: ¿sería posible embargarla?

El principal activo de Venezuela es CITGO, que  maneja el cuatro por ciento de la capacidad de refinación de EE. UU. y posee una red de gasolineras en ese país. Su valor es de unos 5.000 millones de dólares, de los cuales aproximadamente la mitad están afectados ya como garantía por créditos rusos. Acceder a ese activo no es, sin embargo, un sobreentendido, porque el Estado venezolano y la empresa estatal CITGO son entidades diferentes. Y CITGO trataría de seguir pagando puntualmente sus propios bonos.

La emigración masiva

Otro efecto, que teme sobre todo Colombia, es que el “shock” que un default significaría para la economía venezolana expulsara a más venezolanos hacia Colombia. Esa inmigración masiva supondría grandes desafíos para el mercado laboral, la sanidad y el sistema educativo colombianos.

Venezuela Kolumbien Migration (Getty Images/AFP/L. Acosta)Venezolanos cruzan por un puente de San Antonio de Táchira, en Venezuela, a Cúcuta, Colombia: la emigración económica puede suponer un gran problema para países vecinos de Venezuela.

“Dependiendo de cómo se maneje el default, puede que se acentúe la ola de emigración venezolana que comenzó por razones ideológicas durante los gobiernos de Chávez y que se ha acentuado por la crisis económica actual”, dice Márquez-Velázquez. Y agrega: “En todo caso, los países más afectados serán Colombia, Ecuador y Perú, hacia donde los venezolanos de menores recursos están ya emigrando por vía terrestre”.

El fin de Petrocaribe

Finalmente, un default podría terminar también con las ayudas petroleras de Venezuela a los países de Petrocaribe (16 países, de los que son de destacar Cuba, El Salvador, Guatemala, Haití, Honduras, Nicaragua y República Dominicana). Para algunos de ellos, los subsidios al petróleo llegaron a representar hasta el 5 por ciento del PIB.

“Tanto con una cesación de pagos unilateral (a la argentina) como un proceso negociado con apoyo multilateral (a la griega), se hará muy difícil mantener el actual sistema de subsidios petroleros a los países caribeños. En particular, Cuba debe estar muy preocupada por esta situación, pues es uno de los países más dependiente de Petrocaribe”, concluye el investigador.

Deudas y chocolate

Sin duda, un “default” de Venezuela recompondría el tablero financiero y político internacional. En principio, no supondría una gran amenaza para la región, pero abriría nuevos espacios de juego, si bien de incierta definición. En un principio, le daría oxígeno al régimen con vistas a las elecciones presidenciales de 2018, ya que dólares hoy destinados al pago de deuda podrían ser redirigidos hacia un aumento de las importaciones. Por otra parte, aislaría completamente al país del crédito internacional.

Por su lado, los acreedores preferirían negociar una reestructuración de deuda con otro Gobierno, porque negociaciones con Tarek El Aissami, el vicepresidente, y Simón Zerpa, el ministro de Finanzas de Venezuela, son más que delicadas: ambos están en una lista de Estados Unidos de personas sancionadas por sospecha de narcotráfico.

De cualquiera manera, los acreedores que asistieron a la reunión de reestructuración de mediados de mes convocada por el Gobierno venezolano, informaron que este, aparte de repartir chocolate y de declarar que deseaba renegociar la deuda, no propuso nada concreto. El paseo de Maduro por la cuerda floja continúa. Sin red de seguridad.

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