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Alberto Mansueti: La sorpresa en Chile

La sorpresa en la elección presidencial del 19 de noviembre fue la Sra. Beatriz Sánchez, y no el Sr. José Antonio Kast. ¿Por qué? Porque cuando una izquierda fracasa, siempre hay otra más dura, lista para el relevo, que corre rápido si no hay una derecha idónea, capaz de ponerle freno.

(1) La “primera vuelta” en sistemas multipartidistas equivale a la “elección primaria” en los bipartidistas: son las semifinales, son eliminatorias. Los dos grandes rivales de siempre en los campeonatos políticos, izquierda y derecha, seleccionan sendos candidatos para el combate final. ¿Y cómo? En los sistemas bipartidistas anglosajones tipo EEUU e Inglaterra, en “primarias” o internas, separadas, que pueden ser cerradas o abiertas. Y en multipartidistas tipo Francia y Chile, en “primera vuelta”, que es abierta. Para eso, entre otras razones, en Francia se inventaron las “dos vueltas”.

(2) En toda elección chocan la continuidad contra el cambio, y la moderación contra el radicalismo. Guillier y Piñera representaron continuidad y moderación, en la izquierda y en la derecha. Y ambos tuvieron resultados pobres, por debajo de lo esperado. ¿Por qué? Porque casi todos los chilenos están hartos de lo mismo: el “consenso socialdemócrata”. Tanto, que de 14 millones que había para votar, más de 7 no lo hicieron.

(3) Sánchez y Kast personificaron el cambio radical, fueron los challengers (“desafiantes”). Así, hubo dos combates paralelos: la izquierda dura (Sánchez) contra la izquierda blanda (Guillier), y la derecha buena (Kast), contra la derecha mala (Piñera). Los demás candidatos fueron “testimoniales”; pero hay que verlos con cuidado: aún cuando no participan en la segunda vuelta (17 de diciembre), son todos de izquierda o ultraizquierda, y sus votos cuentan.

(4) Resultados: Sánchez excelente; no así J. A. Kast. ¿Por qué? Porque la Sánchez hizo las cosas bien. Hizo lo que tenía que hacer en su papel: una pintura muy clara de su oferta electoral, con trazos muy firmes, contornos bien definidos, y colores resaltantes: el “Programa de Muchos” (marca marketera), sin miedos ni complejos. Y acompañó su pintura con el “cambio constitucional”, caballito de batalla de la izquierda dura en todo el continente. (Son los equivalentes funcionales de nuestras ofertas de las Cinco Reformas y la Gran Devolución). Su mensaje fue: “Chile ya sabe lo que sería el Sr. Alejandro Guillier Presidente: continuidad en lo mismo; pero no sabe lo que sería Beatriz Sánchez Presidente: ¡así sería!” Mostró su pintura, y la defendió muy bien, contra viento y marea. Brillante.

(5) El Sr. Kast, en cambio, no hizo la tarea; le faltó su pintura. Su mensaje, como challenger, debió ser: “Chile ya sabe lo que sería Piñera Presidente: continuidad en lo mismo; pero no sabe lo que sería Kast Presidente: ¡así sería!” No tuvo pintura para mostrar. Falló. Y si fallas en este punto, elemental en una carrera presidencial, ya perdiste. Porque si tú no le cuentas claro y completo a la gente cómo va a ser tu país si llegas a la Presidencia, lo harán tus adversarios y enemigos. Dirán que tú eres un “rojo extremista salvaje” si eres socialista, y dirán que tú eres un “facho extremista salvaje” si eres liberal, Neo liberal o conservador, y dibujarán una pintura horrible, negros colores, futuro infierno, si por desgracia llegas a ganar. Así es el juego.

(6) Otro pleno acierto de Sánchez y fallo grave de J. A. Kast: en la primera vuelta, ¿quién es tu enemigo, y quién tu adversario? La Sánchez, bien asesorada, lo entendió a la perfección: la primera vuelta es una “primaria”, y el enemigo es Guillier. Y le dedicó su munición más gruesa, no meramente negativa sino afirmativa: su Programa, todas sus políticas públicas y sus medidas de acción inmediata, explicadas, gritadas y cantadas a voz en cuello. Y el “cambio constitucional”. Seis días antes de las elecciones, declaró que de llegar al Palacio La Moneda, su primera acción sería presentar un proyecto para terminar con las AFP, jubilaciones y pensiones privadas. Y disparó un potente torpedo contra Alejandro Guillier: “es muy parecido al Frei del 2009″, aludiendo al ex candidato de la Concertación, que perdió ese año con Piñera. Dio en el blanco.

(7) ¿Y Piñera? Sánchez, también en este punto hizo lo que debía: le dejó a Kast la tarea de dispararle a Piñera. Pero Kast no lo hizo, porque le faltó la munición apropiada. Debió buscar pasar a la segunda vuelta con Sánchez y no con Guillier. Mal asesorado, Kast no supo jugar en Grandes Ligas, y pagó sus novatadas. Pero la baja de Piñera no fue culpa de Kast, sino de sus propias chapucerías, arrogancia, falta de clase, y fiero afán de poder, como Uribe en Colombia, y todos esos politiqueros de su ralea: la derecha mala. Si pierde en segunda vuelta, será por las mismas razones.

Hay estrategias del juego que son iguales, aplican lo mismo, a la izquierda y a la derecha. Básicas y elementales, parecen las más difíciles de entender por los neófitos de las “redes sociales”, que nada saben de estrategia y tácticas en campañas electorales, pero opinan de todo.

Cuando las cosas no se hacen bien, el resultado sale mal, indefectiblemente. Si José Antonio Kast hubiera tenido su oferta como nuestras Cinco Reformas, o algo parecido, dirigida principalmente al ancho segmento de damnificados y disconformes con el sistema, todos abstencionistas potenciales, quizá distinto fuera ahora el panorama, sobre todo mirando a la segunda vuelta.

El futuro es incierto. La aritmética no favorece a Piñera: la suma de votos con Kast le queda lejos de la mitad más uno que necesita. “Tendrá que arañar votos en otros sectores”, dice la periodista chilena Rocío Montes en “El País” de Madrid, vocero socialista. Sí pero ¿en cuáles? ¿Abstencionistas? No lo dice, pero sí que Guillier tendrá que dar “un discurso más de izquierda”, para atraer votos del Frente Amplio, la nueva fuerza de izquierda dura, y “a prometer reformas progresistas más fuertes”.

Pero a la vez “tendrá que evitar una fuga de votos por el centro hacia Piñera”, dice Rocío. Yo le preguntaría: ¿cuál “centro”? Como espacio político, parece haber desaparecido, hace algún tiempo, al menos de las urnas electorales. En Chile, y en casi toda América latina.

¡Muchas gracias, a los buenos!

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