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Toby Valderrama y Antonio Aponte: Incontinencia verbal, la enfermedad infantil del madurismo

Cuando el discurso no genera responsabilidades y las palabras no tienen significado cierto, entonces, la lengua supera al cerebro, y el sonido, el ritmo, domina la expresión. Así, la tenue línea que separa la verdad de la mentira desaparece y el orador se transforma en un charlatán, un farfullero.

El charlatán sólo se oye a sí mismo, se gusta, se embriaga con su música, la adorna con poses de baile, en ese momento es presa de una enfermedad: “la incontinencia verbal”. Muchos la padecen, viven tranquilos, en las noches se recogen en sus casas satisfechos de las batallas verbales ganadas, los amigos los soportan, para ellos es un histrión, distrae. En verdad no hacen daño. Empero, cuando la enfermedad ataca a los políticos la situación se complica, y si el enfermo es gobierno el peligro es inminente.

El principal valor de un político es la credibilidad, ya lo decía Fidel: “no mentir jamas”. Sabemos que el político burgués tiene un margen de mentira que viene con la profesión, eso ya es costumbre. Si ese margen es superado el político pasa a la reserva esperando que el olvido lo rehabilite, recordemos que los pueblos tienen poca memoria, son fácilmente engañables.

Si la incontinencia verbal adquiere características de epidemia, si es el sistema el que pierde credibilidad, la situación es grave. Se produce una separación entre la clase política y el pueblo que la sustenta. El enfermo de incontinencia verbal no percibe su enfermedad, eso ahonda más la brecha con la masa, la solución generalmente es traumática, pare nuevos líderes.

Ese ciclo es propio de la política en el sistema capitalista: cuando la democracia burguesa se agota viene un periodo de dictadura que remoza la dominación, y cuando ésta se debilita viene la democracia burguesa y la dominación sigue triunfal con su nuevo traje. Estos ciclos tienen variado tiempo, pueden durar siglos o pueden consumarse en días.

Aquí en Venezuela se presenta una situación especial, el agotamiento de la democracia burguesa dio origen a un periodo de esperanza revolucionaría truncado por un magnicidio que abrió las puertas a un nuevo periodo de democracia burguesa.

Este periodo no ha conseguido estabilizarse, al contrario, se desgata rápidamente. Los políticos sufren alto grado de incontinencia verbal: la mud estalla en medio de tanta mentira, a sus dirigentes no les creen ni en su casa, su discurso es verborreico, hablan y hablan y hacen todo lo contrario; se juramentan, se sientan con el que calificaron de verdugo, de dictador.

La incontinencia en el gobierno es muy grave, adquiere características de política de Estado, allí lo difícil es conseguir una verdad a si sea chiquita. Prometen perniles y éstos no llegan. Los gobernantes no explican, se desentienden, las mentiras se hacen crónicas y llegan a la comicidad: prometen controlar cincuenta productos y no consiguen regular nada, anuncian la constituyente como la corte celestial y no llega ni a conciliábulo, sólo produce eructos represivos; prometen remodelar Caracas y no son capaces de tapar un hueco, recoger la basura; un día se reúnen con los empresarios, dicen que los capitalistas de la deuda son buenos porque la refinancian, y ese mismo día se dicen socialistas, hasta hablan sin que les dé un poquito de rubor de un nuevo Plan de la Patria, cuando al de Chávez le dieron una patada; convirtieron a las elecciones en una gran mentira, una gigantesca operación fraudulenta, el ventajismo de los candidatos de la costra es vergonzoso.

La lista es larga, en el discurso de la costra dirigente cabe cualquier grosería, la incontinencia intenta ocultar el fracaso.

El estamento político, gobierno y oposición, está agotado. La oposición no consigue recuperarse del fallecimiento de punto fijo, presenta hasta las mismas caras. El gobierno no construye una personalidad auténtica, los harapos del disfraz de chavista dejan ver su naturaleza capitalista.

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