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César Malavé: La patria entera

En el mes de noviembre, la historia de Venezuela, registra en sus anales tres episodios que representan la felonía, el irrespeto al estado de derecho, la ambición política, las ansias totalitarias de algunos venezolanos, y en consecuencia la división de los venezolanos. El 24 de noviembre de 1948, se verifica la traición a la constitución de un puñado de ambiciosos militares que dieron al traste con la incipiente democracia venezolana, nacida con la Revolución de Octubre. Una logia militar derroca al presidente Gallegos cuando este se niega a traicionar sus principios y los de su partido Acción Democrática. Se inicia una noche envilecedora y de terror en Venezuela que divide a los venezolanos en dos mitades. División que asume ribetes de discordancia, cuando el dictador Marcos Pérez Jiménez, desconoce la voluntad del pueblo el 30 de noviembre de 1952, desechando los resultados de las mismas elecciones que él convocó. Uno de los dos partidos legales en Venezuela para la época URD, y su máximo líder, el margariteño Jóvito Villalba, sufren el fraude más grande que se hubiese conocido para la época en país alguno. Acción Democrática había ordenado desde la clandestinidad sufragar por la gente de URD, quien ganó ampliamente las elecciones de aquella Asamblea Constituyente. Y recientemente el 27 de noviembre de 1992. A tempranas horas de la mañana (5:30 am) de 1992, los venezolanos que se levantaban para atender sus diferentes obligaciones fueron sorprendidos con la aparición de Hugo Chávez por la televisión, hablando de “las razones que han llevado a tomar una vez más las armas de la república” y haciendo un llamado a la insurrección popular y al alzamiento de las Fuerzas Armadas.

En seguida aparecieron en el video Jesse Chacón y dos civiles pidiéndole a la población que saliera a la calle a respaldar el nuevo golpe de Estado. Al igual que en una película de Hollywood, el cielo de Caracas fue campo de acción de aviones de combate que lanzaron sus bombas contra Miraflores, el Palacio Blanco, el Ministerio de Relaciones Interiores y el aeropuerto de La Carlota, mas gracias a la ineficiencia de los militares golpistas varias de ellas no llegaron a explotar. En Maracay atacaron despiadadamente la Escuela de Aviación Militar. Como ocurrió con el golpe de febrero, este del 27 de noviembre, también fracasó y terminó con la indecorosa huida del general Visconti y varios de sus compañeros a Perú, a bordo de un avión Hércules. Atrás dejaron una estela de muertos: 142 civiles, 18 efectivos militares y 5 miembros de la Guardia Nacional, además a un país divido y aún permanece sin tener oportunidad para la reconciliación. Sin embrago la misma gente de estas intentonas fallidas contra la constitución, hoy ostenta el poder por las bondades que da la verdadera democracia. Pero a deferencia de los verdaderos gobiernos democráticos mantienen al país en la peor de las miserias y dividido en dos mitades aún. De allí, la necesidad de una unidad nacional que logre un cambio significativo, que no sólo enderece este gigante entuerto que agobia a Venezuela, sino que una al país un uno solo, sin distinciones de ninguna naturaleza. Ese cambio solo puede hacerlo las fuerzas agrupadas en la Unidad Democrática en vista que el gobierno de Maduro luce desconcertado para adelantar salidas a la crisis que él mismo ha provocado con sus desaciertos e ineptitud manifiesta. La Unidad tiene un programa claro para el país y que consiste en potenciar la democracia, impulsar la producción nacional para mejorar el abastecimiento, contener la inflación y crear empleos de calidad. Pero ese programa pasa necesariamente por ganar con contundencia las elecciones municipales, a pesar de la abstención de los símbolos de algunos de los partidos fundamentales del país. Y por supuesto de las presidenciales en 2018 con un candidato que no inspire mesianismo, sino liderazgo colectivo y compartido. El pueblo lo exige y hay que luchar para lograrlo. Porque definitivamente en este país, todos queremos ser la patria entera. De este país hermoso, nadie quiere ser la mitad.

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