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Gustavo Márquez: La gran coartada

La “guerra económica” replicada ad infinitum como explicación de la debacle económica y social del país, es la  gran coartada del gobierno-PSUV para evadir su responsabilidad en la terrible precarización de la vida de los venezolanos, al presentar esta como una calamidad provocada exclusivamente por el imperialismo y sus agentes internos, frente a la cual el Presidente solo estaría en capacidad de aplicar “paliativos” en su rol “paternal” de “protector del pueblo”. Su actitud impertérrita ante la espiral  hiperinflacionaria que está lanzando abruptamente a la pobreza a cientos de miles de venezolanos, se abrocha con el relato de culpar solo  a “Dolar Today” de esa tragedia,  aun cuando éste es un engendro de su política de “anclaje cambiario” a la cual está aferrado, para regocijo y cobijo de  especuladores, contrabandistas, banqueros, burócratas y empresarios corruptos y demás chupasangre, habidos de extraerle a Venezuela hasta la última gota de renta.

El gobierno no asume que la raíz de la crisis es el colapso del modelo rentístico-extractivista clientelar y su deriva en una sociedad de cómplice tejida con los hilos de la corrupción. A pesar de su discurso antiimperialista y ecosocialista, su accionar está enrumbado a limitar las conquistas sociales y políticas de la revolución bolivariana y a profundizar la maldición neocolonial del extractivismo primario-exportador. Para lograrlo está desmontando la Constitución, porque impide el avance de su plan neoextractivista de apertura neoliberal al gran capital transnacional en la minería, la energía, el turismo, la agroproducción, la petroquímica, la infraestructura, las industrias básicas y las TIC., eufemísticamente llamado de los “15 motores”.

La “guerra económica” le ha servido para justificar el Estado de excepción desde el cual ha legislado por decreto y ahora hace lo mismo desde la írrita ANC a través de “leyes constituyentes”, construyendo  una “nueva legalidad” acoplada a las exigencias estructuradas por la triada FMI-BM-OMC, para satisfacer la voracidad extractivista primario-exportadora de las inversiones extranjeras. Este flux hecho a la medida de las transnacionales, incluye un régimen tributario especial, la renuncia del Estado a la soberanía jurisdiccional y facilidades para desarrollar economías de enclave en sintonía con el proceso de re-colonización del Sur.

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