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José Ignacio Moreno León: Dolarización de facto en Venezuela

En el país se acentuado en los últimos años la tendencia a valorar las transacciones comerciales y de algunos servicios tomando como referencia,  para su estimado en bolívares la tasa cambiaria  del llamado dólar paralelo. Además  ya es común transar en dólares la compra-venta de vehículos y repuestos de todo tipo, así como la venta y alquiler de viviendas de clase media y alta. Y a esto hay que agregar la compra de pasajes aéreos para vuelos internacionales y las medicinas y otros insumos básicos de consumo y uso personal que, por su notable escasez en el comercio local, los interesados tienen que importarlos directamente.

Dada la notable caída de la producción nacional de muchos de los artículos de consumo, los comerciantes, ante las trabas y restricciones impuestas por el sistema de control de divisas para la importación, en la práctica satisfacen la demanda para mantener sus inventarios, recurriendo al referido dólar paralelo -que ya supera en más de 3000 veces a la tasa mayor del dólar controlado-, con lo cual se puede asegurar que ese comercio está también dolarizado. Con el agravante que, ante la inestable situación económica, el ritmo de devaluación del bolívar en el referido mercado paralelo abre cada vez más la brecha entre esa tasa cambiaria y las tasas del cambio controlado, lo que motiva a los comerciantes a fijar los precios de sus productos tomando como referencia el futuro costo de reposición estimado en base a una tasa cambiara mayor para el dólar paralelo y motivado por la especulación sobre la acelerada tendencia devaluacionista de nuestra moneda.

No hay dudas que esta anarquía cambiaria no solo actúa como combustible que alimenta el acelerado proceso inflacionario que vive el país, sino igualmente se ha convertido en la principal fuente de la gran corrupción que ha colocado a Venezuela en el tope de los países más corruptos del continente, y de la cual se están beneficiando no solo funcionarios vinculados a este sistema, sino además amigos del régimen que manipulan operaciones de importación amparados en tasas cambiarías preferenciales.

Steve Hanke, el destacado economista de la universidad de John Hopkins ha señalado en un crítico análisis  de la economía venezolana que, dada la elevada inflación y el deterioro de nuestra moneda, ‘’el bolívar no vale nada”, por lo que el venezolano trata en lo posible de desligarse de esa moneda, lo que ha hecho  que la economía venezolana esté prácticamente dolarizada y  es necesario recurrir a la dolarización para detener lo que él llama la “mortal espiral inflacionaria”. Y yo  añadiría que la dolarización serviría además  para cortar la yugular de la descarada corrupción en que está sumido el país.

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