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Julio Escalona: Los precios: Arma de guerra

Un conflicto eje de la sociedad venezolana viene determinado por el trabajo del gobierno orientado a estabilizar la sociedad venezolana, fortaleciendo la independencia y la lucha por el socialismo en un proceso mundial que se desenvuelve en un mundo multicéntrico y pluripolar para contribuir con la preservación de la vida en el planeta y la salvación de la especie humana. La derecha imperial se opone a esos objetivos y trabaja para derrocar al gobierno bolivariano.

Es clave el ataque sostenido contra el Bolívar generando su devaluación, de tal manera que no podamos tener soberanía monetaria. El pago de la deuda se convierte en un arma peligrosa. Pero el peligro más importante proviene de la quinta columna corrupta, colaboradora, de hecho, del imperio.

Los precios se han convertido en el principal campo de batalla utilizando el dólar de guerra. Una economía dependiente de las importaciones, difícilmente puede alcanzar estabilidad monetaria y de precios mediante la negociación, mientras la derecha imperial quiera derrocar al gobierno. Aceptará negociar, pero con un puñal listo para clavárnoslo.

La política de precios acordados puede desarrollarse con aquellos empresarios que tengan interés en la soberanía de la patria. Pero la derecha imperial es contraria a nuestra soberanía. Negocia, pero no da tregua. Diariamente incrementa los precios y castiga a la población enviando el siguiente mensaje: podemos poner al Estado de rodillas, tenemos el poder y cambiamos los precios cuando nos parece, desaparecemos el efectivo, lo contrabandeamos a Colombia, etc. Mientras negocia va colocando a la población en un estado de desesperación y orfandad. La conciencia que ha madurado en el pueblo alimenta la resistencia, pero la campaña imperial fomenta el individualismo, el sálvese quien pueda. No hay sueldo que permita adquirir los bienes esenciales dado el crecimiento descontrolado de los precios.

Corregir los fracasos en los planes de producción y castigar a los responsables, todas las manos a la siembra, la necesidad de incrementar el precio de la gasolina y no seguir financiando la intervención de Santos, son medidas de la mayor urgencia.

Porque cuando vemos con lupa a cada uno de estos seres, no se detienen por nimiedades ni los espanta la incertidumbre, sino que la vida se asume como el gran campo que hay que conquistar y cada cosa que se hace o se piensa tiene el fin último de sobreponerse a las adversidades.

A veces, cuando veo a uno que otro que se sale con las suyas y hace de su vida una épica diaria del hecho de vivir, no puedo dejar de pensar en la madre de mi madre, quien tantas lecciones de vida me legó y a quien tanto he admirado.

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