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Ramón Guillermo Aveledo: Esperanza con dificultades

La situación de Venezuela la sufrimos nosotros y preocupa en el mundo entero. Así, es lógica la expectativa despertada cuando, con apoyo internacional, se reúnen gobierno y oposición democrática venezolana en República Dominicana en un proceso de diálogo y negociación que a diferencia de los precedentes, debería producir resultados porque urgen a nuestra realidad que empeora cada día. El Presidente quisqueyano sirve de anfitrión y la cooperación del exmandatario español Rodríguez Zapatero, tantas veces polémica, parece haber contribuido decisivamente a que este encuentro se dé.

Los cancilleres de México, Chile y Paraguay mediarán a proposición de la Unidad, mientras los de Nicaragua y Bolivia lo harán a instancias del Gobierno. De ese lado faltaría el ministro de un tercer Estado, hasta ahora no propuesto.

Lo que la alternativa democrática lleva a la mesa es conocido: atención a la gravísima emergencia humanitaria por las carencias en alimentación y salud, garantías de elecciones libres y limpias, regularización del funcionamiento constitucional concretada en el respeto a las facultades de la Asamblea Nacional y a los derechos humanos de presos políticos y exiliados.

Del lado gubernamental se habla de la soberanía y la posibilidad de recuperación de la economía, al relacionarlo con lo que denominan “guerra económica” y con las recientes sanciones internacionales. En el proceso podrá apreciarse cómo lo explican.

Si quien escribe no está equivocado al reseñar los planteamientos de lado y lado, aflora una primera dificultad. Lo que exige la Unidad está en manos del gobierno, mientras lo mismo no es tan claro en cuanto a las peticiones que éste hace.

Pero quizás el inconveniente mayor resida en la cuestión de la credibilidad. No es poca la gente que en el vasto campo opositor, descontento o desencantado que desconfía del proceso a iniciarse, sea porque no cree en el gobierno o porque no se siente representada. Hay opositores más duros y también más blandos ausentes. La solución no es sencilla y creo que la encontrada es justa. Están los partidos más fuertes y con más diputados. Ellos prometen ser amplios e incluyentes y deberán serlo. En cuanto al Gobierno, cuya representatividad no me toca juzgar, la clave es que comprenda que por haber devaluado vías políticas como el voto y el diálogo, se ha metido –y al país entero- en una calle ciega y está a prueba.

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