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Néstor Francia / Análisis de Entorno: Diálogo y juego de tronos (04-12-2017)

El optimismo en torno al proceso de diálogo político reflejado por el representante del Gobierno en Santo Domingo Jorge Rodríguez, el propio presidente Maduro, el canciller de Chile Heraldo Muñoz y el presidente dominicano Danilo Medina es algo en sí mismo positivo, pero al mismo tiempo es claro que estamos hablando de diplomacia, una actividad donde el sentido de las palabras no es siempre el que responde a la connotación lineal. Cuando se dice, por ejemplo, que hubo una conversación “franca”, lo que se está significando es que hubo serias diferencias. Cuando se habla de “resultados positivos” en abstracto, como en el caso que nos atañe, lo cierto es que se sigue conversando pero todavía no hay acuerdos concretos.

El promotor, los garantes y el Gobierno venezolano son dolientes de ese proceso en el que pueden todos estos salir beneficiados por algún grado de éxito. Por eso mismo los voceros de la oposición se muestran más cautos y algunos hasta con celajes de pesimismo. Para ellos solo será exitoso el diálogo si les ayuda a salir de la fosa en la que están hundidos, terminar de sembrar la matriz de que en Venezuela hay una “crisis humanitaria”, y acercarse a su objetivo “supremo” de salir de Maduro y dar al traste con la Revolución Bolivariana. No otra cosa reflejan las palabras de Julio Borges, el derechista presidente de la Asamblea Nacional, al expresar que el “proceso de negociación” que comenzó el viernes en República Dominicana tiene como objetivo fijar la “ruta del futuro del país”, “un camino para el rescate democrático de Venezuela, que constituye principalmente el voto libre y la cooperación internacional para recibir medicinas y alimentos; y hacer frente a la crisis humanitaria”.

La declaración del presidente dominicano de que “El Gobierno y la oposición declaran que se han producido significativos avances en la búsqueda de un acuerdo que solucione de forma pacífica la situación en Venezuela” refleja un espíritu positivo de su parte, el cual debe agradecerse como lo ha hecho el presidente Maduro, pero no se corresponde con la verdad. Nadie de la derecha ha hablado de “significativos avances”, solo insisten en sus “puntos de honor” que difícilmente puede aceptar el Gobierno venezolano.

Nosotros, como analistas que no tenemos vela directa en ese entierro, tenemos el deber de no caer en ninguno de esos dos extremos. Lo hemos dicho varias veces en estos Análisis: nuestro único “ismo” tiene que ser el realismo, y no pensar prejuiciadamente que todo va a salir bien o que todo va a salir mal en cualquier situación que observemos. Generalmente los procesos políticos incluyen consecuencias que no necesariamente se inscriben en sus objetivos iniciales. La política actúa a menudo como una granada fragmentaria cuyas esquirlas se riegan en todas las direcciones y alcanzan a veces blancos que no estaban previstos.

En Venezuela hay un verdadero “juego de tronos” entre el chavismo y la MUD en torno al poder. El proceso de diálogo (al cual la derecha tilda de “negociaciones” para complacer mínimamente a sus sectores más extremistas) hay que insertarlo en ese juego. Borges ha dicho que es la oposición la que ha sentado al Gobierno a conversar. Parece más acertado inferir todo lo contrario. Después de las derrotas consecutivas de la derecha, con el fracaso de la conspiración terrorista, el triunfo de la convocatoria a Constituyente, la instalación de la ANC, la barrida chavista en las elecciones a gobernadores y la inevitable victoria del chavismo en la elección de alcaldes, los sectores preponderantes de la MUD consideran necesario explorar caminos políticos que les den tiempo a recomponerse y recuperarse en algo de su gran descalabro.

Ahora bien, el Gobierno Bolivariano y el chavismo en general tienen ya un resultado positivo del proceso de diálogo: la profundización de la división opositora. A pesar de que la clara mayoría de la MUD se ha mostrado de acuerdo con las reuniones en República Dominicana, no por ello hay que olvidar que los sectores más extremos de la derecha criolla siguen en sus trece y desaprueban ese proceso. Un hito en esa situación se produjo la semana pasada cuando el parlamento derechista votó a favor de las “negociaciones”, pero hubo el rechazo de la nueva fracción denominada “16 de julio” y la irrupción de elementos del llamado “movimiento estudiantil” tildando a los “dialogadores” de traidores. Otros opositores como Antonio Ledezma y María Corina Machado se muestran también opuestos al diálogo y, al nivel internacional, los ha apoyado el desatinado Luis Almagro, que suma así un punto más a su decadencia política, y hasta provocó una incómoda carta abierta de la directiva de la AN criticando su posición.

Por lo pronto, una nueva ronda de conversaciones ha sido anunciada para el próximo 15 de diciembre. Según Jorge Rodríguez, “Pudimos trabajar en conformidad los 6 puntos de la agenda que habíamos acordado y, a pesar de lo difícil, estamos tan cerca de un acuerdo que nos volvimos a convocar para el próximo día 15 de diciembre donde buscaremos sentar las bases del acuerdo político económico social y cultural definitivo”. Bien, nosotros barruntamos que celebraremos la Navidad sin acuerdos específicos. Claro, quisiéramos estar equivocados.

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