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Aurora Lacueva: Lo que el viento se llevó

Según el propio Presidente, son miles de millones de dólares los que, en estos años, robaron o hicieron perder las mafias instaladas en PdvsaA. Y la corrupción va mucho más allá: están las sobrefacturaciones, falsas importaciones y desvíos de mercancía de empresas que recibieron dólares preferenciales; tenemos también a Corpoelec y los chanchullos en la instalación o ampliación de plantas eléctricas, y podemos sumar casos en centrales azucareros, alimentos subsidiados, infraestructura… ¿Se castigará a todos los involucrados? Hay cálculos de más de cien mil millones de dólares perdidos.

Pensemos en todo lo que se hubiera podido hacer con ese dinero. En educación, por ejemplo: el presupuesto completo del sector para el año 2018 es de 8 billones de bolívares, el cual, estimando un cambio “real” de veinte mil bolívares por dólar, no llega a 400 millones de dólares. Con unos pocos de los miles de millones robados tendríamos planteles en excelentes condiciones, bibliotecas llenas de libros interesantes y amenos, laboratorios bien dotados, áreas deportivas equipadas… Y no escuelas con muchas carencias y docentes ganando limitados sueldos. Es una tragedia el saqueo de tantos recursos tan necesarios.

Resulta positivo nombrar a nuevos directivos en cuya honestidad y capacidad gerencial se confíe para encabezar las instituciones afectadas; pero la magnitud del daño obliga a ir más allá. ¿Qué rasgos de la gestión gubernamental deberían cambiar para impedir que se sigan repitiendo robos tan grandes, numerosos y prolongados?

Estudiosos del tema han señalado que los subsidios indirectos a las cosas y no a las personas, favorecen la corrupción. Así pasa con el dólar a diez bolívares, la gasolina regalada o los alimentos por debajo de su costo de producción. Son preferibles los subsidios directos, que pueden incluso darse a todo el mundo para evitar trapacerías. La institucionalidad debe fortalecerse siguiendo mecanismos claros y estrictos para realizar compras, otorgar contratos y reclutar personal; en el desorden y el secretismo de la discrecionalidad prospera el latrocinio. La Contraloría de la República debe hacerse sentir. Y tanto la contraloría social como la laboral requieren canales y poder. Si no, surgirán nuevas mafias.

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