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Jaime García: Migración y el llanto de las madres venezolanas

Venezuela, país líder productor de petróleo, fundador de la OPEP, emporio minero de riquezas naturales, inmensas tierras fértiles para la agricultura y la  ganadería, abundantes recursos hídricos, acuícolas, pesqueros, abundante minerales no metálicos, universidades reconocidas a nivel mundial por su nivel científico y tecnológico, etc., hoy día nuestro país está sumido en la inopia con un sistema de gobierno inhóspito que no tiene nada digno y decoroso que ofrecerle a sus hijos, representados por la juventud egresada de nuestras universidades.

Cada amanecer, cada día un porcentaje muy significativo de jóvenes profesionales universitarios migran hacia países vecinos (Colombia, Perú, Chile, México, Brasil, Ecuador, Aruba, etc.), buscando ansiosamente empleos para sobrevivir.

Estos retoños de familias venezolanas, hacen un gran esfuerzo para acopiar dinero para la logística del largo camino. Algunos de ellos son matraqueados por las autoridades venezolanas en las fronteras. Otros duermen en los bancos arropados con cartones en los terminales de pasajeros, han sufrido accidentes de tránsito vehicular, son sometidos a la inclemencia del tiempo (fríos helados y lluvias). Afortunadamente los presidentes de Colombia, Chile, Argentina y Perú han mostrado una solidaridad humana digna de elogiar.

En nuestro país, es público, notorio y brutal, el desabastecimiento de comida, medicina, billetes, gas doméstico, desempleo y falta de oportunidades de desarrollo profesional. La migración de jóvenes venezolanos buscando empleo es alarmante, el flujo de personas ha desequilibrados las economías de nuestros países vecinos. No hay cifras oficiales al respecto.

Cada vez que sale el sol, es cotidiano escuchar en nuestra patria, el llanto de una madre mirando al hijo preparando sus maletas para partir hacia tierras foráneas buscando empleo y comida. Madre solo hay una. Solo ella sabe lo que significan esas despedidas. La desintegración familiar vive su mejor momento. En ese humilde hogar también se escuchan los lamentos de esposas, hijos y abuelos. Las lágrimas salinas afloran inconteniblemente.

Insólitamente, el responsable y causante de estos dramas cotidianos en los hogares venezolanos a pesar de dirigirse al país mediáticamente en cadena nacional diariamente, no hace alusión a este flagelo. Señal de que no está sensibilizado con el dolor familiar que causa la migración de jóvenes venezolanos al exterior buscando empleo, ni mucho menos se evidencia que no está haciendo nada para solucionar el sufrimiento de las familias venezolanas causadas por la migración hacia países hermanos.

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