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Néstor Francia / Análisis de Entorno: PDVSA y la derecha (07-12-2017)

De la corrupción todo el mundo habla desde hace mucho tiempo y en realidad existe desde que existe el poder. Solo que hubo épocas, como las monárquicas en la edad media, que meter la mano en las arcas del Estado era algo tan natural como la lluvia y no pasaba por la cabeza de nadie acusar a un rey de corrupto.

En Venezuela, la costumbre es que el pueblo tolere la corrupción mientras los gobiernos lo beneficien en su vida cotidiana. Se impusieron frases como “que roben pero que hagan” o “los adecos roban pero reparten”. En ninguna encuesta de opinión aparece la corrupción como problema principal de la gente, aunque la mayoría valora la honestidad de los gobernantes. Eso era una cosa que se admiraba de Chávez, que se le podía haber acusado de cualquier cosa, menos de corrupto o deshonesto. A lo que más llegaban los opositores era a salpicar de porquerías a la familia del Comandante, pero de él no se podía decir que robaba, simplemente no era creíble.

En estos días el tema ha cobrado relevancia, cuando el Fiscal General de la República, Tarek William Saab, ha develado la trama de corrupción que involucra a poderosas mafias vinculadas la industria petrolera nacional, concretamente a PDVSA y a su filial exterior Citgo, hasta llegar a quienes han ejercido allí altos mandos, como los ex presidentes de la estatal petrolera Eulogio Del Pino y Nelson Martínez.

En primer lugar, es curiosa la forma en que la derecha criolla ha reaccionado ante las medidas de la Fiscalía. Quienes ayer aparentaban blandir lanzas contra la corrupción y acusaban a los gobiernos chavistas de ser los más corruptos de nuestra historia, y criticaban ácidamente la inacción del Estado ante las sospechas de corrupción, hoy han comenzado ya a sembrar matrices para desmeritar la acción contra los choros de cuello blanco que se han aprovechado de los recursos de PDVSA, que nos pertenecen a todos, para su enriquecimiento personal.

Una muestra de lo que estamos diciendo es el diario El Nacional de fecha 5 de diciembre pasado, antes de ayer. En su editorial, bajo el sugerente título “Una guerra extraña”, lanza las líneas para el abordaje derechista de las informaciones que han sacudido el escenario noticioso, sobre todo a partir de las detenciones de Del Pino y Martínez. Allí se dice que “Resulta por demás doloroso que a este megaescándalo mundial que ocurre hoy en Venezuela y que involucra dolorosamente a nuestra industria petrolera, se le quiera llamar ‘cruzada anticorrupción’ para darle cierto tinte honorable a lo que en esencia no es más que un vulgar reparto del poder, a la vieja manera de las bandas que en Chicago se disputaban las zonas más rentables para sus actividades delictivas”.

Ese es el carácter que se le pretende dar a la lucha del Fiscal General, quien sucedió precisamente en el cargo a Luisa Ortega Díaz, que no movió ni un dedo en la lucha contra la corrupción y a quien ahora, después de haber asumido las banderas de la derecha, El Nacional no toca ni con el pétalo de una rosa. Se trataría, pues, de una lucha entre corruptos por el poder. Como siempre, el diario fascista no presenta ni una sola evidencia de sus acusaciones ni anuncia ninguna acción legal acusatoria contra los dirigentes del Estado supuestamente ladrones, que es lo que correspondería si estos canallas de El Nacional fuesen gente seria.

En la misma edición del diario de los Otero, se publica un artículo de Marianella Salazar, una especie de vedette del periodismo farandulero devenida en “analista” por obra y gracia de la estupidez que adorna a gente como Miguel Henrique Otero.

En el texto, titulado “La caída de los príncipes”, Salazar sigue la línea del editorial del periódico y afirma, refiriéndose al caso de la corrupción en PDVSA, que “Para hacer juicios sobre la corrupción y buscar a los culpables del empobrecimiento de la nación hay que comenzar por toda la cúpula del poder. En cuanto a la forma, no es más que una parodia de justicia que guarda sus enigmas en un juego mortal de doble lenguaje. No luce como una lucha contra la corrupción, sino como un ajuste de cuentas entre mafias enfrentadas a muerte por sobrevivir en un contexto internacional cada vez más incierto, y cuyo único destino a salvo es la Venezuela de la impunidad absoluta”.

Que la derecha desnuda tome posiciones como esta era de esperarse y no sorprende a nadie medianamente avezado. Tampoco sorprende, a decir verdad, que otros que se dicen de izquierda, y a algunos de los cuales se les podría definir como “derecha camuflada”, en vez de celebrar los resultados concretos de la lucha contra la corrupción, aprovechen los hechos para cargar contra Maduro y el Gobierno Bolivariano.

Nosotros no vamos a acusar a nadie de hechos de corrupción sin tener constancia de ello, ni siquiera a quienes están detenidos, no nos corresponde ni sería responsable de nuestra parte. Para eso están las investigaciones y los organismos del Estado con esas atribuciones. Pero sin duda hay otros responsables, sobre todo por razones políticas y de gobierno. De eso hablaremos en nuestro Análisis de mañana, si no se cae un pedazo del cielo.

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