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Luis Martínez: Cierre del cerco

En los albores de la navidad Venezuela continúa deslizándose aceleradamente hacia las profundidades de una crisis que hace estragos en la gran mayoría de los venezolanos y que augura momentos turbulentos de pronósticos reservados. El gobierno en el área económica se ha transformado en una máquina de cometer errores que producen consecuencias desbastadoras en los pingües ingresos que perciben los trabajadores y asalariados. Aún conservan mucho poder, pero se encuentra en su momento de mayor debilidad política. El manejo irresponsable de la economía le ha cerrado el cerco que le brindaba salidas y ya, hasta sus aliados Chinos y rusos parecen cargar los candados que lo cierran. Solo le quedan dos alternativas: La negociación política para viabilizar una salida democrática, pacífica y constitucional o una violenta de impredecibles consecuencias. Parece que juegan a la primera, a pesar de la estridencia de sus discursos.

La negociación política iniciada el 2 de este mismo mes, con presencia de los cancilleres de México, Chile y Paraguay críticos reconocidos de las políticas implementadas por el gobierno venezolano, colocan esta negociación en contexto diferente a los fracasados diálogos del reciente pasado. El hecho mismo de que el gobierno lo haya aceptado, indica lo vulnerable que se encuentran. Muchos países que saben de la grave situación que atraviesa nuestro país, apuestan al éxito de esa negociación, pues su fracaso pudiera impactar políticamente a todo el continente. Jugar a ese fracaso es ponerse del lado de quienes juegan a la violencia y buscan pescar en rio revuelto. De allí la importancia de acompañar esa negociación con la participación electoral, a pesar de la incredulidad de muchos venezolanos que han perdido su confianza, no solo en el gobierno, sino también en quienes fungen como representantes de la oposición. Es por tanto necesario que todo movimiento contrario al gobierno, desde ahora, active la participación electoral de cara al evento de mayor connotación política en estos momentos, como lo es la elección presidencial. El candidato surgirá en su debido momento, sea por primarias, consenso o por el surgimiento de alguna figura que recoja el descontento que hay en la calle. Lo importante ahora es generar condiciones de participación con la convicción de que al gobierno se puede derrotar en cualquier escenario, siempre y cuando la magnitud del movimiento que se genere, sea tal que rebase las expectativas de cambio, como sucedió en las elecciones a la Asamblea Nacional en el 2015. En este escenario es claro que el gobierno pondrá todo su esfuerzo en elevar el nivel de abstención y aumentar la desesperanza de la gente, sus principales aliados.

                acrecentarían la crisis a extremos impensables. En el mejor de los casos, después de una interrupción violenta, acortar el tiempo para reponer la democracia seria la principal prioridad política. ¿A quien le conviene ese escenario y quien lo puede transitar? solo a sectores vinculados al gobierno. Lavar el rostro del régimen sustituyendo sus desgastados líderes por otros provenientes de su misma estirpe pudiera ser su opción “salvadora”. Lamentablemente, en la situación depresiva en que se encuentra el país, no sería descabellado que esos sectores si se llegara a consumar, capitalizaran el descontento y se volvieran populares.

El dicho popular dice: la esperanza es lo último que se pierde. En nuestro país hay que remover las esperanzas y consistentemente apostar al cambio democrático, pacífico y constitucional. En momentos en que los caminos que conducen a posibles salidas se acortan, el camino más seguro para salir de la crisis seria apostar al cambio democrático. Cierre del cerco.

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