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César Malavé: La delincuencia y el oro negro venezolano

A comienzos del año pasado dos ex ministros de Chávez denunciaron la estafa más grande de la historia cometida en contra del erario nacional. Específicamente en PDVSA, que hasta 1998 se manejó pulcra y productivamente. Jorge Giordani y Héctor Navarro denunciaron que en la mayor empresa estatal se habían robado más de 300.000 millones de dólares. Esta denuncia de corrupción en PDVSA fue debatida en el 2016 en la Asamblea Nacional, que ni siquiera pudo interpelar a los funcionarios involucrados. Es más, el TSJ desestimó la averiguación exigida por el parlamento. Y si de transparencia se trata, ¿no merece el venezolano una explicación sobre la supuesta entrega de nuestras refinerías, a China y Rusia? ¿Sólo Del Pino y Martínez quebraron a PDVSA? ¿No se dirá nada, tampoco, acerca de los más de 25.000 millones de dólares que según el ex ministro de Planificación y Finanzas, Jorge Giordani, se “perdieron” del Sitme. Por esa denuncia Maduro los expulsó de las filas del PSUV. Ahora, ya ahogados por la ausencia de divisas, la presión externa y la falta de popularidad en la población venezolana, se vieron obligados a destapar la olla, que conocían existía de vieja data y se hacían los locos. Lo cierto es, que este Gigantesco robo a la nación configura un latrocinio que choca, canallescamente, con el hambre y la atroz necesidad que sufre el pueblo venezolano, privado de lo más elemental para malvivir.

Es un intolerable insulto, no importa la época, ni la sociedad en que eso ocurra, que se opone, ahora, al crujir de los estómagos vacíos de tantos, a la imagen dolorosa de compatriotas expuestos a hurgar el sustento en las bolsas de basura, o aventados a una diáspora, lacerante e indetenible, que más bien parecería complacer al oficialismo. Esa afrenta, el tardío e incompleto reconocimiento del reparto de tan pródigos botines, se ventila cuando las calles revientan de colas desde la madrugada por un paquete de harina, y hasta por el retiro en los bancos de 10.000 bolívares en efectivo, que casi se van en el pago del estacionamiento y no alcanzan para el taxi. El gobierno todavía están a tiempo de repatriar esta gigantesca suma robada descaradamente por la boliburguesía, para luego es tarde. Los que decían que en la cuarta se le regalaba el petróleo a los gringos hoy son sus mayores desfalcadores, quienes están obligados a restituir a la nación lo hurtado que sirven para pagar la deuda. Quizás  Dios los perdona, porque los venezolanos que pasan hambre y las familias de los que mueren de mengua ya los condenaron.

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