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Luis Vicente León: ¿Negocio o no negocio? ¿Política o economía?

Hemos hablado sobre la negociación política desde la perspectiva de lo que busca la oposición: reinstitucionalizar al país y  restablecer la democracia. Lo que necesita para lograrlo es otra historia. Tendría que tener algo tan poderoso como para obligar al gobierno a ceder en el rescate de instituciones y derechos que él mismo ha bloqueado para permanecer en el poder.

La palabra clave es: poder de negociación, que significa lo que tiene en la mano para presionar o estimular al otro a entregarle lo que quiere o necesita. Estoy hablando del hecho concreto de que eso que es suyo y necesita, no está en sus manos sino en las del otro y para conseguirlo o se lo arrebata (y quien diga que esa es la vía tiene que indicar cuál es la relación de fuerzas en términos de armas, recursos, organización de choque, control de masas, líderes y disposición a morir y matar para lograrlo) o negocia para que se lo entreguen y tendrá que dar algo suyo a cambio y garantizarle al adversario su futuro en paz. Es así de simple, nos guste o no.

En las primeras de cambio, la oposición intentó presionar al gobierno a entregarle un todo o nada… y obviamente falló, pues el otro, siendo más fuerte (hablo de fuerza bruta), estaba dispuesto a defenderse como fuera, sin límites. Ahora, más madura, la oposición intenta un proceso de negociación, con expectativas más limitadas, debilitada por sus derrotas previas, la fractura de sus miembros y la ausencia de interlocutores sólidos, pero remozada por el endoso de credibilidad de un grupo de profesionales respetados que han ofrecido ayudarla, asumiendo riesgos personales relevantes (el equipo asesor de la MUD al que envío todos mis respetos y solidaridad) y el importantísimo poder derivado de la presión internacional.

Entonces, ¿vamos hacia el mismo resultado o hay opciones nuevas? La respuesta depende de cuál es el objetivo que se plantee ahora.  Si el éxito se mide en función de la capacidad de la oposición de lograr la salida de Maduro en breve, la respuesta es fácil: eso no va a pasar y el resultado será igual. Si en cambio, el objetivo es abrir espacios, liberar presos políticos, provocar un ajuste económico y caminar unos pasos hacia la reinstitucionalización, entonces los resultados podrían ser mejores que en el pasado.

Luce evidente que el gobierno está en la mesa porque necesita resolver los inmensos problemas económicos que lo agobian. Frente a una hiperinflación inevitable y sanciones que le restan margen de maniobra, podría estar dispuesto a entregar algunas cosas, pero es claro que nunca su cabeza. La probabilidad de llegar a acuerdos económicos es muy superior a la de obtener acuerdos políticos. El gobierno pudiera ceder para refinanciarse e incluso podría estar dispuesto a negociar algunos elementos de apertura económica para enfrentar la crisis, entre otras cosas porque esas medidas serán inevitables para él en el futuro y esta negociación podría incluso darle una excusa para aplicarlas y compartir los costos políticos del ajuste. Algunos podrían pensar que es mejor no darle esa plataforma y jugar a que explote. El problema es que la historia indica que los gobiernos no explotan linealmente por la crisis económica. El primer afectado es el pueblo y luego presiona al gobierno a asumir cambios, antes que cambiar de gobierno. Pero ese cambio económico en el gobierno, sin una vía de canalización de energías, como una negociación, lo lleva a endurecerse aún más en materia política y a hacer de la represión su vía natural de preservación del poder. No me cabe la menor duda que frente a estas circunstancias, la mejor opción es una negociación, por antipática e injusta que resulte.

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