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Néstor Francia / Análisis de Entorno: Aguafiestas (11-12-2017)

Una vez más vamos a prescindir de todo simplismo en el análisis de las elecciones municipales del día de ayer. Los resultados son altamente reveladores y emiten señales inequívocas, más allá del torneo de banalidades en el que lamentablemente se convierten a veces las reacciones políticas en los distintos sectores de la opinión pública nacional.

El análisis lo vamos a dividir en dos partes. Primero haremos el análisis cuantitativo. Los datos que el mismo nos arroja los pondremos en reserva, al uso de los cocineros en las primeras fases de la preparación de los platos, pues nos serán útiles para la segunda parte, el análisis cualitativo.

Aclaremos que en el aspecto comparativo del análisis, que abarca desde 2015 hasta ayer, no incluiremos la elección constituyente, porque esta presentó importantes características que las ubican en distinto rango con respecto a las demás. En primer lugar, no fueron elecciones competitivas, pues solo participaron candidatos de la Revolución. En segundo lugar, hubo un factor de importancia muy relevante: un importante porcentaje de los elegidos fueron de procedencia sectorial, lo cual ocurría por primera vez y afectó positivamente los índices de participación.
Un primer dato es el que se refiere al nivel de participación de electores. En las parlamentarias de 2015 la participación fue de 74,17%. En las regionales del pasado 15 de octubre fue de 61,03%. Ayer fue de 47,2%. Vemos que participó 14% menos en las municipales que en las regionales, y 27% menos que en las parlamentarias. Es un dato muy importante que, tal como dijimos, nos reservamos para la segunda parte del análisis.

Otro dato que queremos destacar es el de la votación chavista. Si establecemos una relación entre la población de los distintos municipios y los porcentajes de participación en cada uno de ellos, aunque hay resultados que no se conocen, es posible inferir, con lo que se tiene, que la votación chavista rondó el 65% de los votos válidos al nivel nacional. Al haber votado poco más de 9 millones de electores, tenemos que el voto chavista alcanzó aproximadamente los 5.850.000 sufragios en todo el país. En 2015 fueron 5.622.844, el 15 de octubre pasado 5.814.903.
Esos últimos números tenemos que cruzarlos con los de la oposición. Inferimos que el voto opositor estuvo cerca del 35%, lo que, restando los pocos votos que fueron de chavistas que votaron por candidatos “disidentes”, daría aproximadamente 3 millones de votos. En las regionales el voto opositor fue de 4.983.000 personas, casi dos millones más. Esta diferencia sugiere que de la abstención total en las municipales, que fue de 53% del padrón electoral (alrededor de 10 millones de electores), la mayor parte, en comparación con las regionales, fue de electores de la oposición, pero también se abstuvo una buena porción de los que se identifican como no alineados.

¿Qué pueden significar todos estos guarismos? Lo primero es que se confirma una tendencia que no puede ser puesta de lado: las elecciones municipales son las que menos interés concitan de los ciudadanos, lo cual parecería una paradoja, dado que las alcaldías son el nivel de poder ejecutivo más cercano a la gente. El actual voto por los alcaldes es sobre todo un voto político, en el sentido de la orientación partidista. No es un voto que exprese al liderazgo popular de base ni al Poder Popular organizado, sino a las ofertas partidistas, que son las únicas que hay. Siendo así, se explica que el voto político de la gente se dirija con mayor extensión hacia aquellas instancias de poder que los ciudadanos consideran más decisivas para la solución de sus problemas cotidianos, las elecciones presidenciales, regionales y parlamentarias. En el último escalón de ese interés están las elecciones municipales. La gente no le da a los alcaldes la importancia que deberían tener por ser los funcionarios ejecutivos más cercanos a ellos ¿Por qué? Porque la figura del alcalde está desprestigiada, la percepción general es que se trata de funcionarios que no responden a los verdaderos intereses concretos de la ciudadanía, sino a los intereses políticos. Consciente de esto, el chavismo duro, el chavismo militante, fue el que se expresó ayer con sus votos. Pero la inmensa mayoría de la población, el 70%, sumando votos y abstención, votó por otras opciones o por ninguna. Y varios millones dejaron de votar con respecto a las parlamentarias de 2015 (el 27%, más de 5 millones de electores).

Por otro lado, los números nos dicen claramente que la votación de la Revolución está estancada. Está conformada por una vanguardia social numerosa, poderosa, leal, organizada, consciente, movilizada. Este es sin duda un gran activo político del chavismo y sobre todo del PSUV que es con mucho la principal fuerza política del país, casi la única capaz de actuar de manera coherente y orgánica. Pero no crece, no pasa el lindero del 30% del apoyo popular real y constante. Esto hace que la Revolución presente altos niveles de vulnerabilidad estratégica. Recordemos que en sus mejores años el apoyo fue por momentos superior al 60%, que es el mínimo al que se debería aspirar para apuntar a lo que Chávez llamaba “el punto de no retorno”. Por eso insistimos en algo que decíamos en el Análisis del viernes pasado: “… cada vez que la Revolución gana una elección, el pueblo revolucionario se alegra. Mas no puede ser la alegría banal de las cancioncitas, sino la del guerrero que, manchada su armadura de polvo y de sangre, levanta orgulloso su espada en señal de triunfo. Inmediatamente después ha de limpiar el filo de su acero para prepararse para nuevas batallas”.

La nueva victoria chavista de ayer tiene entre sus factores más importantes la patética situación de la oposición venezolana que, acumulando derrota tras derrota en medio de divisiones, ha puesto a su base social en una situación de profunda desmoralización, desmovilización, desconfianza, debilidad, frustración y decepción. Pero la oposición social existe y no es pequeña, no nos llamemos a engaño. Es un animal dormido que con cualquier sacudida podría despertar.

Muchos camaradas se preguntan, con razonable preocupación ¿qué va a pasar en enero, cuando se esfume la ilusión de los aguinaldos y la gente despierte a la terrible realidad del criminal aumento de precios del último mes? Administremos esta victoria con humildad y sentido autocrítico, no vaya a ser que el sueño se nos convierta en pesadilla.
Para quienes nos tildarán seguramente de aguafiestas, recordaremos las sabias y hoy casi olvidadas palabras de nuestro presidente Nicolás Maduro después del triunfo revolucionario en las regionales del 15 de octubre: ¡Victoria, eres una farsante, no encandiles mis ojos ni mi alma! No dejemos que ni la derrota ni la victoria se posicionen con su mentira. Creamos en lo que somos, creamos en la causa de la Patria, creamos en el pueblo, siempre en el pueblo y trabajemos sin descanso para que Venezuela sea una Patria potencia, para recuperar nuestra Patria”. Amén.

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