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José Ignacio Moreno León: Chile: elecciones, eficiencia y civismo

El aporte más reciente de Venezuela a la hermana república de Chile lo constituyó las ideas básicas del llamado Pacto de Punto Fijo, que permitió el renacimiento y consolidación de la democracia en nuestro país y que en Chile sirvió de valiosa referencia para que su dirigencia democrática configurara la Concertación de Partidos por la Democracia, valiosa plataforma política que permitió el restablecimiento de la democracia en ese país, luego de los largos años de la dictadura militar de Pinochet, y que facilitó la gobernabilidad pactada de ese país desde 1990 hasta 2010.

No hay dudas que Chile representa uno de los ejemplos más destacados en América Latina de cómo lograr, mediante la inteligente concertación política, un exitoso proceso de desarrollo sostenible y con visión de largo plazo. Las recientes elecciones presidenciales y parlamentarias han dado una brillante demostración de cultura cívica y conducta democrática que desgraciadamente contrasta con la realidad actual de Venezuela. Conviene destacar la objetividad e independencia del sistema electoral chileno y la eficiencia y neutralidad de su organismo rector, el Servicio Electoral Chileno -Servel- que opera con personalidad jurídica y patrimonio propio y con un sistema de votación manual, altamente eficaz y transparente y uno de los menos costosos de Latinoamérica. Aunque se está estudiando la posibilidad de introducir el sistema electrónico de votación para incentivar la participación de los votantes, por el tradicional alto ausentismo electoral, la tendencia parece ser mantener el sistema manual, con algunos ajustes, tal y como se mantiene en otras notables democracias como Alemania, Holanda, el Reino Unido, España, Francia, Suiza, Argentina y Japón.

En todo caso es notable la confianza del electorado chileno en su sistema electoral y, sobre todo en la independencia y objetividad del organismo que lo rige. Nos llamó poderosamente la atención observar cómo en las recientes elecciones, con apenas el 10 por ciento de los votos escrutados, el proceso del escrutinio ya era público y transmitido simultáneamente y a nivel nacional por los diversos medios de comunicación social -como debe ser en una auténtica democracia-, sin observarse en los diversos sitios de votación la multitud de castrenses armados, cuya presencia se han hecho costumbre en los procesos electorales de nuestro país. En síntesis fueron las elecciones chilenas un cívico proceso en donde prevaleció la eficiencia y la culta participación ciudadana. Una lección de envidiable de ciudadanía y educación democrática.

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