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Aurelio F. Concheso: El Bitcoin y la burbuja de los Tulipanes

La primera burbuja financiera documentada históricamente es la de los tulipanes holandeses, conocida también como “tulipmanía” en el siglo XVII. Oriundos del Imperio Otomano, los tulipanes fueron llevados a Holanda por el embajador austriaco en Turquía y flor culturista amateur, Ogier Ghislain de Busbecq en el siglo XVI. En el suelo arenoso de los Países Bajos, robado al mar literalmente, florecieron produciéndose en ellos cambios de colores mientras crecían, todo lo cual le daba un aura exótica que, a su vez, aumentaba su valor. Hoy se sabe que esos cambios de colores eran la consecuencia de un parásito de la flor, y el cual le transmitía un virus.

La burbuja, como todas las burbujas, comenzó lentamente, pero pronto fue adquiriendo dimensiones cada vez más increíbles y absurdas. Para 1623, un solo bulbo podría llegar a valer 1.000 florines, es decir, casi siete veces el salario promedio anual. Eso hizo posible que los precios ascendieran hasta llegar a las nubes, y que la fiebre especulativa se apoderara del país. En 1635, pasó los 2.500 florines por bulbo, llegando a valer hasta 6.000 Florines, es decir, el equivalente de 24 toneladas de trigo. Para colmo, en ese momento se estableció un mercado de futuros, lo cual permitió especular con papeles respaldados por futuras cosechas de tulipanes.

Como era de esperarse, la fiebre especulativa llegó al paroxismo, mientras muchas personas liquidaban sus activos para participar en jugosas ganancias que parecían no tener fin. Sin embargo, en febrero de 1637 el índice de precio de los tulipanes comenzó a descender desde su cota máxima de 200, a casi cero el 1 de mayo del mismo año.

Hay quienes dirán, seguramente, que cualquier parecido entre los tulipanes y el Bitcoin es pura coincidencia, pero los elementos de una burbuja claramente están ahí.

Durante buena parte de la historia de la humanidad, la moneda reserva era el oro. Esto fue así hasta que la Revolución Industrial creó una sociedad más productiva, y necesitada de aumentos en los medios de pago que la limitada cantidad de oro en el mundo no podía dar. En lo que esto se tradujo, fue en que con todo eso se pasó al concepto de “monedas reserva”, como la Libra Esterlina y, eventualmente, al Dólar que, por la fortaleza de las economías que representan, tienen un valor intrínseco aceptado por los mercados financieros.

Pero el Bitcoin y las otras criptomonedas, no parecen cumplir con esa condición. El concepto de “block chain” o cadenas en bloque de unidades progresivamente más encriptadas para que ningún “hacker” pueda interferirlas, parece pedirles a los inversionistas un ejercicio de fe absoluta en que las habilidades de los programadores o “mineros” de la moneda virtual siempre estarán un paso por delante de los hackers del lado oscuro que apuestan a hacerlos fracasar.

Y planteamos nosotros: ¿Quién garantiza que eso sea así? Porque las posibilidades de que no lo sea, son lo suficientemente grande como para que algunos especuladores quieran entrar al mercado. Pero que lo hagan apostando en contra y no a favor de que la criptomoneda mantenga su integridad, mediante el establecimiento de un mercado de futuros de bitcoins en los que puedan irse cortos.

Los bancos de inversión, siempre prestos a buscar una nueva fuente de ingresos por comisiones en la compraventa de títulos valores por parte de su clientela, y, en particular, si ellos no tienen que arriesgar nada por la vía de mantener posiciones propias en el instrumento, ya han empezado a ofrecer ese servicio. Podría pensarse que al haber apuestas en contra, el mercado teóricamente tendería a la autorregulación y a la estabilización. Sin embargo, la experiencia nos dice que, lamentablemente, esa no ha sido la historia de la mayoría de las burbujas. Y si no creemos, no dejemos de recordar los CDS y los CDO’s y otros instrumentos “sintéticos “del crack del 2008.

El riesgo es que, así como un mercado de futuros y un virus produjeron el desinfle de una burbuja hace 400 años, que esto vuelva a suceder con el Bitcoin, la gran diferencia sería la de que el virus no será biológico, sino virtual. Al igual, por supuesto, como la criptomoneda que infectaría.

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