Inicio > El pizarrón de Fran > El pizarrón Opinión > César Malavé: Con hallacas o sin ellas, feliz navidad ¡Venezuela!

César Malavé: Con hallacas o sin ellas, feliz navidad ¡Venezuela!

Hace varios años, una de las tradiciones de mayor arraigo en nues­tro país era la celebración de la navidad, asociada a la festividad de la iglesia católica por el nacimiento del hijo de Dios.  Antes, de esta desgracia llamada revolución,  en los días cercanos a la navidad comenzaban los preparativos para la con­fección de comidas, dulces y bebidas especiales para la ocasión: hallacas, jamón planchado, pan de jamón, dulces de lechoza, cabello de ángel y ponches case­ros. La noche del 24 la mesa familiar era el punto de grata reunión. Hoy  la Navidad nos sorprende con el ánimo deshecho, apesadumbrado.  Hoy Venezuela es un silencio, un rostro macilento en el que no se pueden hacer hallacas pensando nada más en el alto costo de sus ingredientes. No hay dinero para comprar nada. Un mercado cuesta a los venezolanos un ojo de la cara por donde ya no salen lágrimas. La Navidad en Venezuela era alegre. Nuestras navidades  eran bulliciosas en medio de miles de fuegos artificiales, música a todo volumen que salía de la mayoría de los hogares y millones de personas comprando en calles y centros comerciales, con un festival gastronómico y de luces de todo tipo y tamaño. Hoy es la Navidad más triste para Venezuela. Hay pocas luces, árboles y pesebres en los hogares de los venezolanos.

Aún así, debemos situarnos todos del lado de la vida y que Dios tenga piedad para que esta desgracia, llamada revolución,  que nos agobia hoy se termine definitivamente. Por eso, a pesar de esta triste realidad, y de no poder contar en nuestras mesas con una multisápida, como le llamara a nuestra hallaca, el Padre de la democracia Rómulo Betancourt, hay necesidad, junto al nacimiento del hijo de  Dios, entender que la Navidad es dar parte de nosotros mismos, es de­cir a Venezuela que cuenta con nosotros, es entregar un poco de felici­dad, es lograr que otros ten­gan su modo de tener algo. Y es que la navidad abre cauce en el aire para un bello sueño, que nos hace apreciar lo palpable, abre ventanas anchas a la sonrisa. La navidad nos invita al recuerdo y a la reflexión: la savia de los recuerdos, las capas del otoño humano. La navidad es época espe­cial donde el cariño y la amistad son muchos más profundos. Donde el hogar paterno se adentra en el corazón, con tibieza de nido. La navidad es tiempo para la meditación la re­flexión profunda sobre lo que hemos hecho, o nos que­da por hacer.  De esta forma evaluamos el pasado y valoramos con justicia el presente. Comprendemos entonces que cuando se tiene la seguridad, sereni­dad y firmeza de una noble ejecutoria ha de esperarse, el merecido recuerdo im­perecedero. Comprende­mos que el egoísmo nos dispersa, nos sepulta la per­versidad y nos eterniza la nobleza. La natividad del hijo de Dios es tiempo para olvidar los rencores que no en­grandecen. Los sentimien­tos que nos atomizan y diso­cian. La Navidad es síntesis del paréntesis vital.  Estamos en el impera­tivo de romper con esos procedimientos que no re­dimen sino que esclavizan, que no hacen vivir, sino que asfixian, que tratan de de­tener, en el dique de la mezquindad interesada, las aguas frescas y libres de la historia y el progreso de los pueblos.  Por eso ahora más que nunca decir: feliz navi­dad! es decir que nues­tros corazones hablan a la esperanza de una Venezuela auténticamente democrática, más humana, con prosperidad y desarrollo. Sobre la base de esta esperanza, que será realidad con nuestra lucha, con hallacas o sin ellas, Feliz navidad Venezuela!

Loading...

Te puede interesar

Compartir

Puedes comentar

avatar
  Subscribe  
Notificación de
Traducción »