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Simón Saba: Yo fui el creador del Petro en el año 2001

En los artículos que se preparan para ser difundidos, los autores no suelen escribir en primera persona ni hablar de asuntos personales.  Pero esta ocasión lo amerita.  Por si acaso, lo que digo está documentado en los trabajos universitarios del momento, y su resultado fue un título de Magister Scientiarum en Moneda e Instituciones Financieras firmado por el entonces rector Giuseppe Gianetto.

Mi escolaridad en la Maestría en Moneda e Instituciones e Instituciones Financieras en la Universidad Central de Venezuela (UCV) terminó en 1997.  Luego, uno comenzó a elaborar la tesis de grado para poder obtener el título.  Estaba de moda en Latinoamérica la dolarización, que ya la había adoptado la Argentina en la época en que gobernaban Carlos Menem y Domingo Cavallo con la bendición de Fondo Monetario Internacional (FMI).  En Europa ya se preparaba el camino del Euro, que años después pasó a ser la moneda única de la mayoría de los países de la Unión Europea (UE).

Las condiciones de Venezuela.

Pero las condiciones de Venezuela eran distintas, al igual que otros países petroleros suficientemente poblados como para que la mayoría de sus habitantes no trabajen en la actividad de los hidrocarburos y conexos.  Es decir, países petroleros poco poblados en relación a su producción, como Kuwait, Emiratos Árabes Unidos o Qatar, por ejemplo, si podían vivir todos de la renta de su cuasi único producto de exportación, el petróleo.

En cambio, países más poblados, para poder tener una economía más diversificada y que le de empleos a más personas, no podía depender del petróleo.  Ese era el caso de Irán, Argelia, Nigeria y … Venezuela.  Por más que la producción de crudo subiera, nunca le daría trabajo a todos sus habitantes porque la extracción del mismo es de las llamadas “capital intensivas”.

Mientras investigaba para la tesis me encontré con un trabajo del economista brasileño Celso Furtado quien visitó a Venezuela en 1957, y que hizo una descripción que, en líneas generales, era cierta y actual en 1980, en 1997, o en el 2012.

Hablaba de la gran presencia de la actividad petrolera y su poderosa influencia en el resto de la economía, lo que en términos populares diríamos que su hipertrofia termina atrofiando al resto de las actividades económicas, especialmente las intensivas en el uso de mano de obra (por ejemplo, la agricultura y la industria manufacturera).

En otras partes de la tesis también hice referencia a la Teoría de la Paridad del Poder Adquisitivo, originada en el siglo XVI en la Universidad de Salamanca, en España, y su principal exponente del siglo XX, el sueco Karl Gustav Cassel.

Para seguir con las ideas, y resumiendo, sabiendo que la mayoría de los lectores no son economistas monetarios, tenemos, en sintonía con las ideas ya asomadas por Furtado, y viendo las estadísticas venezolanas, pues tenemos que la actividad petrolera, que no genera ni 100 mil empleos directos, es la que produce más ingresos que el resto de la población económicamente activa (PEA), que pudiera estar rondando ahora los 15 millones de habitantes.

La propuesta para ese desbalance.

La tesis la empecé a concebir en el año 1997, pero terminó siendo presentada en noviembre del año 2001.  Y en ese tiempo, había que proponer algo para romper ese desbalance que nos estaba condenando estructuralmente, para siempre, a depender de la monoproducción petrolera.  Con el modelo vigente, no era posible nunca desarrollar una economía diversificada y productiva que pudiera generar más empleos.

En aquel momento, más del 60% de la PEA se encontraba desempleada o en la llamada “economía informal”.  Había dos alternativas para dar empleo a más personas:  1) Dejar de depender del petróleo, buscando alguna forma de aislar sus recursos del resto de la economía, para no “contaminarla”; 2) Que aumentara suficientemente el precio del petróleo para poder mantener a toda la población por unos lustros más.  Y después del año 2003, como un milagro, se produjo la segunda opción, por lo que el petróleo volvió a mantener y emplear a todos los habitantes del país de forma tal que nos olvidáramos de la diversificación y la producción.

Pero esa “maldición” no fue vitalicia, y se derrumba en el año 2015.  Por tal motivo, desde el año 2004 casi no volví a hablar del tema en mis artículos, además de que me alejé de los asuntos propios de la capital de la república.

Aislar los ingresos petroleros del resto de la economía.

Es difícil hablar del peligro de un tsunami a una gente embriagada y disfrutando de las mieles del petróleo, aunque vivieran en la costa, frente a mar abierto.  A ningún profeta le hubieran hecho caso por ser inoportuno.  Pero en el año 2015, se acaba la fiesta y el derroche, y despertamos siendo pobres.

Por lo tanto, debemos desarrollar lo que estaba en el punto 1 mencionado arriba, pero ahora en unas condiciones totalmente desventajosas.  Y ojalá lo tomemos en serio, para siempre, y que no olvidemos la lección cuando vuelvan a subir los precios de los hidrocarburos, ni a algunas personas se les despierte la avaricia cuando vea una gran cantidad de recursos acumulados.

Yo proponía un período de transición para aislar los fondos provenientes de la actividad energética, de forma de evitar un shock macroeconómico y social en su aplicación.

Las propuestas finales serían:

  1. A) Crear un gran fondo de ahorros a largo plazo, intocables, al modelo de los que tienen Kuwait y Noruega.
  2. C) Crear una moneda o unidad de cuenta propia, que como los países europeos llamaron “Euro”, aquí podríamos llamar el “PETRO”.

No la llegué a proponer como criptodivisa, figura que en aquella época no existía, sino como una “unidad de cuenta”, parecidos a los “Derechos Especiales de Giros” (DEGs, del FMI, que se basa en una canasta de divisas) y a los Euros de entonces, que aún no era una moneda física, sino una unidad de cuenta, como los DEGs.

En la época en que se hablaba de dolarizar, y luego la Constitución de 1999 estableció al Bolívar como la moneda oficial de Venezuela, dejando abierta la puerta a una moneda única de varios países latinoamericanos, pues mi propuesta iba contra la corriente dominante tanto a nivel nacional como internacional, tanto en ese momento como varios lustros después.

Por cierto, aunque el jurado de la tesis deliberó en privado, me contaron que uno de los profesores integrantes sugirió aplazarme en la misma, pero los otros dos lo convencieron de lo contrario, y así pude aprobar.

Evidentemente, el entorno intelectual era contrario, hasta que hace unas dos semanas escucho al Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, propone la creación de una nueva moneda propia que se llamaría… “PETRO”.

Pues quedé gratamente sorprendido.  No se de qué manera quedó latente mi propuesta porque yo mismo dejé de hablar de ella, pero allí está.  Alguien la resucitó y se la llevó al presidente.  No eran muy numerosos los que tuvieron conocimiento de mi tesis, aunque uno de ellos falleció hace 9 años, el profesor Francisco López Mieres.

Además del presidente Maduro, también por televisión pudimos ver un video del año 2009 donde el entonces presidente Hugo Chávez hizo esa propuesta, pero de ese hecho no estuve enterado.

En un artículo posterior puedo escribir más sobre el Petro.

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