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Rafael Guerra Ramos: Este diciembre

Terminado el año, los pronósticos más optimistas sobre la crisis económica, social y política han sido rebasados en aspectos tan decisivos como el de la inflación y la escasez y tan vitales como los referidos al crecimiento de la pobreza extrema, del hambre, la propagación de enfermedades endémicas y de la mortalidad infantil por desnutrición. Mientras, la camarilla militar-civil, dueña del poder y responsable de esa situación, no encuentra manera de ocultarla, pero sí de justificarla apelando al falso y tramposo pretexto de “la guerra económica”, tal  como lo ha hecho la dictadura castrista durante más de 50 años, tras el parapeto del “bloqueo económico”, hasta llevar a la ruina  a Cuba y a la miseria a su pueblo. Admitir la ayuda humanitaria solicitada por la iglesia, ONGs y organizaciones políticas y ofrecida desde países de la comunidad democrática continental y del mundo, significaría para el régimen el reconocimiento de su incompetencia y de su fracaso, por eso han convertido en punto de honor impedirla. Lo fundamental es el poder y perpetuarse en él.

En la tradición venezolana el mes de las navidades marca un momento   especial del estado de ánimo en la intimidad de la familia y en la vida social de las gentes; de su alegría, de su propensión al cultivo de los propósitos de paz, de la amistad y   la solidaridad, de la afirmación de la esperanza. En este diciembre son muchos los motivos que perturban el elan de ese estado espiritual que nos es tan propio y altamente valorado:  más de 300 presos, en su gran mayoría por razones de conciencia, víctimas de un sistema de  justicia convertido en instrumento de represión política del régimen; millones de emigrantes,  arrojados por la crisis, en distintos lugares del mundo, principalmente en países vecinos, donde incluso se han formado centros de refugiados con la carga de problemas que comportan sus carencias y calamidades.

El reciente episodio de los 130 familiares de los exiliados en Perú retenidos en el aeropuerto de Maiquetía, entre ellos la esposa y una hija del dirigente político Oscar Pérez, quienes fueron sometidas a la humillante condición de delincuentes por haber intentado reunir a niños y adolescentes con sus padres en el exilio peruano en estas navidades. Una muestra más de la ética de quienes conciben a sus opositores no como adversarios sino como enemigos.

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