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Pedro Conde: Anatomía del espectro comunista (I)

Socialismo real, conforme a la acepción impuesta por Leonide Brejnev, entonces poderoso secretario general del Partido Comunista ruso, en una declaración cuando visitaba uno de sus países satélites, y que todos entendimos como el régimen en vigor en la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas) y otros Estados del “campo socialista”, se le emplea como sinónimo de: socialista, soviético, bolchevique, comunista, y muchos erróneamente también incluyen la expresión “socialdemocracia”.

En efecto, los que nos aproximamos al hecho soviético por la historia, la literatura, los viajes, los testimonios de emigrantes, no lo reconocemos en las descripciones de algunos economistas, es algo así como si hubiera una diferencia infranqueable entre el sistema comentado por aquellos economistas, con sus medidas y cifras, y este otro sistema sin medidas ni cifras que poco a poco fueron construyendo por instinto impregnado solamente de la experiencia vivida. Fue un hecho importante en medios pro rusos occidentales que el enfoque de la realidad soviética fuese recibido con escepticismo, una incredulidad tan enfática que las más de las veces oponían sus opiniones riéndose o alzando los hombros.

Por lo demás, de acuerdo con mi experiencia cuando visité países de esfera soviética viajando desde Francia; nos retuvieron dos horas en la aduana para hacer un inventario de todo lo que llevábamos mi esposa y yo, luego no podíamos visitar solos sino con un guía, asignaron uno que hablaba muy bien francés, contrató un taxi y recorrimos Varsovia, pero le dije que debía cambiar para ir a la ópera en la noche, me dijo que no me preocupara, y seguimos después de almorzar, como a las 4:00 pm, le recordé lo del cambio, la misma respuesta, finalmente llegamos al hotel Victoria, el mejor, volví a recordar el cambio, ahora respondió que él mismo me cambiaba, que lo hiciéramos en la habitación, subimos los tres, ahí me cambió al doble del mercado oficial, esto es, 120 slotys por dólar, el viaje casi nos salió gratis: lo que se vive en Venezuela con el sistema de cambio de dinero extranjero, y sus complicaciones forma parte de las características de este tipo de régimen.

Cómo son las colas para comprar víveres. En aquella Varsovia, eran notorias las que se formaban para comprar cualquier mercancía, las observé, como aquella que estaba a un lado de la puerta del hotel para entrar a comprar perfumes y bebidas importadas por aquellos que tenían dólares, que no eran el común de los habitantes. Se lo comenté al guía y se reía también diplomáticamente, diciéndome que esas costumbres no eran nuevas, porque habían comenzado cuando se decidió la colectivización de la economía durante el primer plan quinquenal, lo cual creó una polémica intelectual en las universidades y fuente de una gran represión.

La susodicha polémica intelectual versaba acerca de supurar las ventajas comparadas de la economía planificada y de la economía de mercado, la cual polémica arrojó la primera ola de presos políticos, de emigrados, resistencia, etc., que también es inmanente al régimen comunista, máxime en un período de masivo desempleo y escasez.

Mientras tanto, porque en Francia y otros países occidentales conocían la historia del pasado económico del imperio ruso, rechazaban la visión, las líneas de acción que el nuevo régimen iniciaría para el “desarrollo”. Porque ellos conocían el país no aceptaban las propuestas económicas oficiales. Por eso, comenzaron a criticar los criterios, a ponderar las estadísticas. En lugar de que Rusia alcanzaría  pronto la economía estadounidense, se opinaba que eso estaba muy lejos, más bien aumentarían las disparidades sociales, una industria ligera atascándose, una agricultura seriamente afectada por la colectivización. Decían algunos economistas occidentales que el peso de la situación internacional, el de la carrera armamentista, los errores de Stalin, la rigidez de las estructuras, los defectos de la planificación, impedían una gestión racional, entrababa el impulso inicial indispensable. En Novosibirsk, equipos de matemáticos, computadoras, afinaban modelos econométricos tan refinados como los del instituto francés de estadística, pero nada funcionaba, sobre todo, en un ambiente tan cargado ideológicamente, con fuerte represión política.

En estas condiciones, se estancó la producción de acero, nunca produjo más automóviles que España, los equipos electrodomésticos nunca igualaron a los franceses en calidad y monto producido, el sistema ferroviario nunca fue tan expandido como el de India, así como el de carreteras no llegaba ni al de Bélgica. Producía 145 millones de toneladas de acero, cifra igual a la de Japón y Alemania juntos para la época, pero que en Rusia se asignaba mucho a la producción de tanques de guerra y otros armamentos. Aunado al hambre, obligados a comer barras de tocino para obtener el poder calórico indispensable que permitiese soportar el inclemente frio siberiano, las hambrunas.

Todo lo cual colapsó en noviembre de 1989, 70 años después del inicio de la revolución en 1917, movido, además, por un gran deseo de libertad, tanto así que en Alemania Oriental muchos se arriesgaban a morir ametrallados al querer pasar hacia Occidente, tal como hacen los cubanos desesperados por el sufrimiento que se atreven a enfrentarse al bravo mar en improvisadas embarcaciones. Cuántos no han muerto en las implacables corrientes marinas y en las fauces de tiburones.

Esto es lo que en parte espera a los venezolanos, aunque ya corrientes humanas cruzan las fronteras de países limítrofes, se registra hiperinflación, disminución violenta del ingreso per cápita real a causa de la drástica reducción de la producción nacional en presencia de crecimiento demográfico, con el mito de la “destrucción creadora” se ha demolido el esfuerzo industrializador casi completamente, apenas se produce a 20% o 30% de la capacidad instalada, no han logrado ni una reconstrucción precaria en ningún sector económico, más bien arruinaron la pujante industria petrolera, y la producción de acero y aluminio toca mínimos que la hacen inviable; todo lo que ha pasado a funcionar electrónica y digitalmente colapsa cada vez más frecuentemente paralizando al país, que a veces coincide con parálisis en el sistema eléctrico, arrojando caos y desesperación en un medio contaminado por putrefacciones de la basura que el gobierno y alcaldes no saben recoger, facilitando las tareas de quienes por hambre las hurgan cada día más.

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